Musicología

Las chicas del cine se van a la ópera

Anxela Carballo Alonso

jueves, 8 de marzo de 2001
A pesar del gran número de películas que se ha acercado de manera más o menos directa al mundo de la lírica, existen en el cine de los últimos años dos excelentes ejemplos de cómo la invitación a la ópera puede ser un perfecto cauce para la seducción. Tanto en Hechizo de luna (Moonstruck), dirigida por Norman Jewison (1987) como en Pretty Woman, de Garry Marshall (1991) se establecen claros e interesantes paralelismos entre el argumento cinematográfico y el libreto operístico. La Bohème se relaciona con Hechizo de luna con el mismo acierto con que La Traviata camina paralela a esa gran cenicienta que fue Julia Roberts en Pretty Woman.Los personajesHay, por tanto, claras diferencias entre la reacción de los personajes ante óperas sustancialmente divergentes. La cantante-actriz Cher representa en Hechizo de luna a una mujer sumamente fría ('Loretta'), claramente calculadora hasta el punto de estar al borde de contraer matrimonio con un hombre al que, según ella misma reconoce en conversación con su madre -magistralmente interpretada por la actriz Olympia Dukakis-, no ama. 'Vivian', el personaje de la prostituta de Hollywood Boulevard encarnado por Julia Roberts es inconsciente, frágil, impulsivo y sensible.Cher es seducida por el hermano de su prometido, un Nicholas Cage envuelto en el papel de un hombre atormentado y pasional ('Ronny'), capaz de encender a la helada 'Loretta' -erigida en una especie de 'Turandot' cinematográfica, en versión Little Italy- Richard Gere presenta por su parte el personaje de 'Edward', un multi-millonario solitario, a priori sin escrúpulos. Los héroes están, por tanto, cruzados y 'Edward' es a Pretty Woman lo que 'Loretta' a Hechizo de luna. Sin embargo, en ambos casos es el hombre el que invita a la ópera y de este hecho se deducen las dos reacciones, que en ambos casos conducen finalmente al enamoramiento.Aunque nos reduciremos en este breve artículo a los cuatro protagonistas, parece indudable la relación que podemos extraer entre 'Bernard' -el director del hotel de Pretty Woman que enseña a 'Vivian' a comer y comportarse- con la figura ilustrada del 'Doctor' de La Traviata verdiana. También está claro el parecido entre la familia de Hechizo de luna y los personajes de La Bohème -aunque las circunstancias económicas varíen notablemente.La Cenicienta va a la ópera'Vivian' es llevada a la ópera por un tiburón de las finanzas que la sorprende con con una fabulosa gargantilla de brillantes y con un paseo en limusina hasta el aeropuerto donde les espera un avión privado para trasladarlos hasta San Francisco. Ella reconoce no haber subido nunca a un avión, lo que hace la experiencia doblemente excitante. Tras resaltar, una vez en el teatro, que las noches de estreno no son puntuales, acuden al palco donde tras una curiosa escenita de 'Vivian' para ajustar los gemelos, comienza la representación. Un segundo antes, escuchamos de boca de 'Edward' la siguiente aseveración:- La reacción de la gente la primera vez que va a la ópera es espectacular: o les encanta o les horroriza. Si les encanta será para siempre; si les horroriza pueden aprender a apreciarla, pero jamás les llegará al corazón.En estas circunstancias -rodeados por un deslumbrante boato, en uno de los templos de la ópera en Norteamérica y tras haber disfrutado de un viaje solitario en un avión de alquiler- suena La Traviata. Comienza con el Preludio, al que siguen el Sempre libera -aria en la que 'Violeta' declara su independencia y pretende librarse del amor que comienza a sentir por 'Alfredo'-, el Amami Alfredo -momento antes del abandono forzoso de 'Alfredo' y en el que 'Violeta' declara amarlo desesperadamente- y la escena final de la muerte de la protagonista.Tanto 'Violeta' como 'Vivian' llevan una vida poco acorde con sus nuevos acompañantes masculinos. De lujo aquella y callejera ésta, ambas son prostitutas. Ni 'Alfredo' ni 'Edward' son nobles, pero disfrutan de una posición social de privilegio. 'Alfredo' logra a través del amor apartar a 'Violeta' de la vida que lleva, mientras que 'Edward', más frío, solamente necesita a 'Vivian' como dama de compañía (aunque me permito decir que no la más adecuada para los compromisos sociales que él tiene en su semana en Los -ngeles, dados los rudos modales de la joven). No olvidemos las quejas que 'Germont' -el acomplejado padre de 'Alfredo'- pone objeciones a la educación de 'Violeta' en la escena en que le pide que abandone a su hijo.Ante semejante drama, 'Vivian' reacciona con lágrimas y al término de la ópera pronuncia una de las frases estrella del guión:- Por poco me meo de gusto en las bragas.Poco más hay que añadir a tan elocuente sentencia. El cambio es obvio, pues al acabar su contrato con 'Edward' decide abandonar a la otra prostituta con la que comparte piso -repartiendo los tres mil dólares que le reporta su trabajo- y volver a estudiar. El final feliz nos mostrará una muy diferente reacción y sonando el Amami Alfredo, 'Edward' va a buscar a 'Vivian' y sube incluso para ello por una escalera de incendios desafiando su vértigo pertinaz.El patito feo va a la óperaGracias a su visita al Metropolitan Opera House de Nueva York, la tosca ¡Loretta' cambia de actitud. Es cierto que ella se compra el vestido en una tienda de muy poco gusto y que se corta el pelo en una peluquería de barrio, pero el efecto de la ópera es al final el del afloramiento de sus más profundos sentimientos. 'Ronny' es un panadero forzudo y manco y no un multi-millonario, pero este espíritu es más cercano al de 'Rodolfo' -protagonista amantísimo de La Bohème y loco de amor por 'Mimì' desde el primer encuentro. 'Ronny', tras acostarse con ella en su atormentado primer encuentro, le pide que -a pesar de estar ella prometida con su hermano- le conceda una noche en la ópera. De esta manera él podrá juntar las dos cosas que más ama: 'Loretta' y la ópera.En 'Loretta', la ópera no tiene efectos diuréticos, pero es seducida igualmente. Su reacción tras la representación es contradictoria:- Es horrible. Me ha encantado. No pensaba que ella fuese a morir.Tras caminar largo rato, llegan al portal de 'Ronny', ella se resiste a subir y él le ofrece su mano ortopédica. Suena, ¡cómo no!, Che gelida manina y ella acepta la invitación. Al amanecer del día siguiente, ella ha decidido dejar a su novio.El embrujo de la óperaLa primera vez que yo fui a la ópera fue en Roma para ver una inolvidable representación de Tosca de Giacomo Puccini. Tras escuchar al 'Scarpia' de Ruggero Raimondi, grité mi primer desgarrado "Bravo" posterior a la escena del Te Deum. Aunque conocía muy bien el argumento a través de videos y discos y Tosca era ya en aquel entonces mi ópera favorita, sentí los pelos de punta al final de aquel primer acto. La seducción era total y no puedo más que comprender a 'Vivian' -con perdón de nuestros lectores.Algunas de mis Traviatas y BohèmesLa Traviata es para mí una ópera de soprano y soprano. Aunque sea importante la presencia de un buen tenor y de un barítono solvente, voy a emitir mi juicio en función principalmente de la actuación de 'Violeta'. De entre todas, me quedo con dos: Montserrat Caballé e Ileana Cotrubas. Con más sobresalientes recursos la española, delinea una 'Violeta' muy diferente a casi todas las demás. Su 'Violeta' parece una chica más madura, que ha interiorizado sus sentimientos y reacciona con sobria resignación, algo especialmente patente en la escena de Amami Alfredo. Ileana Cotrubas, con un instrumento menos exuberante, hace una descarnada 'Violeta' que alcanza su cima en el dúo con 'Germont' y en la lectura estremecedora de la carta. Su recurso frecuente al parlato está siempre perfectamente introducido. Su expresión agonizante -Gran Dío morir sì giovine- es increíble.La Bohème, aún fascinándome, me resulta menos cercana y familiar. Hay, sin embargo, varias 'Mimì' y 'Rodolfo' de referencia, como hay batutas que encandilan, indudablemente. Sin querer faltar al respeto a artistas como Callas o De los -ngeles, yo me quedo con Caballé-Domingo-Solti y Freni-Pavarotti-Karajan. A pesar de la no total adecuación de Domingo al papel masculino, el escandaloso alarde de la Mimì' de Caballé -al final del O soave fanciulla dice un 'Amor, amoooooooor' que estremece- y la proverbial dirección de Solti (criticada hasta la saciedad por la diva catalana) hacen de ésta una versión imprescindible. La de Karajan con Freni y Pavarotti en sus mejores momentos es totalmente referencial para mí.

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