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Ucrania

XVIII El apoyo de Occidente a Ucrania debe continuar mientras sea necesario

Juan Carlos Tellechea
martes, 9 de mayo de 2023
Frente bélico ucraniano © 2023 by RTVE Frente bélico ucraniano © 2023 by RTVE
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Ante la inminente contraofensiva ucraniana las opiniones sobre su éxito y acerca del ulterior curso de la guerra de agresión rusa no son tan unánimes como uno pudiera suponer. Las fuerzas de Ucrania han luchado en tierra, mar y aire, así como en el sector de la información, y han sufrido decenas de miles de bajas. Con todo, no han vacilado ni rehuido las decisiones difíciles. Así pues, el éxito de la ofensiva ucraniana puede determinar no solo el alcance del apoyo ulterior de Occidente, sino sentar las bases para una victoria de Ucrania. 

Si este agredido país tiene poco éxito en la liberación de sus territorios ocupados, los futuros paquetes de ayuda podrían ser más escasos o incluso interrumpirse, ya que los críticos ven confirmadas sus dudas. Podría aumentar la presión sobre Ucrania para que acepte una paz de rendición basada en las exigencias rusas, opción que significaría su aniquilación.

Resistir

Lo que es seguro es que el apoyo de Occidente a Ucrania debe continuar mientras sea necesario. La alianza deberá estar preparada a resistir por mucho tiempo, afirma la Dra Claudia Major, politóloga de la Fundación Ciencia y Política (SWP), el laboratorio de ideas que asesora al gobierno y al parlamento federal de Alemania. Sobre todo se trata del pleno reconocimiento del hecho de que la propia Ucrania determinará cuándo y cómo terminará la guerra.

Las criticas a la UE por su lentitud en el suministro de munición y armas a Ucrania no escasean. En lugar de comprar cuanto antes el mayor número posible de proyectiles de todo el mundo y entregarlos a Ucrania, los gobiernos de la UE llevan semanas discutiendo sobre cuál debe ser exactamente la cuota Made-in-Europe de un proyectil para que pueda pagarse con dinero del presupuesto comunitario. 

Francia impidió un acuerdo en la UE en dos ocasiones, porque exigía normas especialmente estrictas. A las empresas europeas de defensa les vendría bien un apoyo. Pero no se puede ir por el mundo como el presidente Emmanuel Macron y hablar al mismo tiempo de 'autonomía estratégica', Por su lado, el nuevo ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, señalaba hace unos días que "en el futuro, la prioridad de todas las adquisiciones será el factor tiempo".

En contra

Fuera de Europa la visión es muy diferente. Casi la mitad de los países africanos se negaron a condenar la invasión de Putin en la ONU. La situación es similar en Asia, donde India, Tailandia y Vietnam, entre otros, se muestran reticentes a criticar al sanguinario, rencoroso y vengativo Vladimir Putin. También en América Latina muchos dirigentes estatales culpan a la OTAN de la guerra. 

Hay razones históricas, pero también estratégicas. El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, ha visitado varios países africanos desde principios de año, y Moscú ha concluido acuerdos comerciales con ellos. China está invirtiendo aún más. Esto contrasta con las buenas palabras de la UE sobre el libre comercio, mientras se aferra a los aranceles agrícolas y fortifica aún más su Fortaleza Europa para mantener fuera a los inmigrantes.

Avances mínimos

A pesar de un enorme despliegue de material y personal, las tropas rusas solo han podido lograr pequeños avances en el terreno en las últimas semanas. La ciudad asediada de Bachmut ejemplifica esta ofensiva rusa destructiva, pero finalmente infructuosa.

Mas Rusia se aferra a esta lógica de desgaste. El cálculo: En los Estados occidentales aumentan los debates sobre el sentido del apoyo a Ucrania y las perspectivas de éxito de su lucha. Rusia cree que puede mantener el conflicto más tiempo que Occidente, señala la Dra Major, jefa del grupo de investigación sobre política de seguridad del referido Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad / Fundación Ciencia y Política (SWP). Incluso una guerra infructuosa en la que se limite a mantener el frente sigue siendo mejor para Rusia que un alto el fuego que mostraría al mundo entero que ha fracasado en sus objetivos.

Contraofensiva

Mientras tanto, Ucrania se apresta a lanzar su esperada contraofensiva. Para su éxito son cruciales los sistemas de armamento occidentales que se han entregado en los últimos meses, desde tanques antiminas hasta sistemas de defensa antiaérea, pero también el hecho de que miles de soldados hayan recibido formación y entrenamiento en sistemas de armamento occidentales.

Sin duda, la ofensiva prevista será probablemente diferente de las exitosas ofensivas ucranianas del año pasado, especialmente porque Rusia ha fortificado ampliamente las líneas del frente con campos de minas y trincheras antitanque. Pero las fuerzas ucranianas demostraron su capacidad operativa el año pasado: Fueron capaces de liberar cerca de la mitad de los territorios ocupados por Rusia desde el comienzo de la guerra.

Además de su destreza en la guerra, su determinación y su aprendizaje, también han demostrado su capacidad para integrar y desplegar diversos sistemas modernos y extranjeros casi a la perfección. Esto también ha animado a los socios occidentales a continuar y aumentar sucesivamente su apoyo, desde municiones hasta defensa antiaérea, vehículos de combate de infantería y carros de combate.

Desgaste

Pero cuanto más dure la guerra, mayores serán las pérdidas y los costes y mayores las dudas de Occidente. Además, se acercan elecciones en los países cuya contribución es crucial, especialmente en 2024 en Estados Unidos, pero también en Gran Bretaña y Europa. Dada la difícil situación económica, es posible que prevalezcan otras cuestiones electorales.

La ofensiva ucraniana no será la última, no pondrá fin a la guerra. Pero es crucial, tanto para el curso de la guerra como para la continuidad del apoyo occidental. El éxito puede ilustrar que el apoyo y el suministro de armas "merecen la pena" y motivar a Occidente a continuar sistemáticamente.

Sin embargo, esto no reconoce que Ucrania no tiene elección entre la guerra y la paz, sino que debe esperar la aniquilación bajo la ocupación rusa si no puede seguir defendiéndose. Las atrocidades de Butscha, Irpin, Isjum y otros lugares así lo han demostrado. La ayuda militar, económica y humanitaria de Occidente decidirá si los ucranianos viven o mueren. Mientras Rusia no cambie de postura, no hay alternativa.

Base de Ramstein

La reunión del Grupo de Contacto sobre Ucrania celebrada en la base estadounidense de Ramstein, en el estado federado alemán de Renania-Palatinado,  el 21 de abril fue, por tanto, un barómetro del estado de ánimo de los socios occidentales. Estados Unidos, por ejemplo, anunció por adelantado un nuevo y notable paquete de ayuda de 325 millones de dólares, que incluye munición HIMARS, misiles antitanque y material para la limpieza de minas.

Pero lo que se necesita aún más son compromisos a largo plazo para que Ucrania pueda planificar a más largo término. Además de las entregas de armas, esto incluye toda la gama que va desde la formación, las piezas de repuesto y el mantenimiento hasta el equipamiento y reabastecimiento en caso de pérdida, munición y defensa antiaérea, y en perspectiva también aviones de combate.

No es la última

La próxima ofensiva no es la última, pero sí una decisiva. El apoyo de Occidente debe reforzarse, consolidarse y ampliarse no solo en caso de éxito de la ofensiva, sino sobre todo en caso de fracaso: "todo el tiempo que haga falta", como subraya el ministro alemán de Defensa Boris Pistorius.


En la actualidad, Rusia está lejos de alcanzar sus objetivos bélicos declarados en Ucrania. No se trata solo de tomar los territorios anexionados por Rusia en violación del derecho internacional, pero bajo control ucraniano. El Kremlin sigue empeñado en controlar Kiev, porque no puede aceptar bajo ningún concepto que Ucrania siga siendo independiente, se recupere económicamente y se arme contra la amenaza existencial de Rusia. 

Sin embargo, como la conquista está actualmente más allá de las capacidades militares de Rusia, el Kremlin intenta desestabilizar Ucrania mediante el terror contra la población civil. Al mismo tiempo, sigue trabajando para detener el apoyo económico y militar de Occidente a Ucrania. Hasta ahora, sin embargo, ninguna de las dos estrategias ha tenido el éxito esperado, señala por su parte la Dra Margarete Klein, también politóloga de la Fundacion Ciencia y Política (SWP).

Menos riesgo

En el plano interno, la continuación de la guerra todavía no supone una amenaza para el régimen ruso, a pesar de los inmensos sacrificios humanos y económicos. Por el momento, continuar parece menos arriesgado que un alto el fuego antes de que se alcancen los objetivos de la guerra. Rusia dispone de recursos suficientes para lanzar ataques contra Ucrania durante años. Y la supuesta amenaza exterior proporciona al régimen excusas para legitimar la continuación del gobierno de Putin. Al mismo tiempo, la excepcional situación política permite una represión mucho más dura.

En vista de los objetivos bélicos de Rusia, Ucrania no tiene más remedio que seguir defendiéndose. El gobierno de Kiev se hace pocas ilusiones sobre una paz negociada con Putin. En Butcha y otras antiguas zonas ocupadas, se ha hecho evidente lo que supondría para la población ucraniana un colapso de sus propias defensas. Además, el ejército ucraniano ha demostrado una y otra vez que puede hacer retroceder a los atacantes rusos.

Por último, el éxito de la autodefensa ucraniana también se ha vuelto indispensable para Occidente. Una inminente derrota ucraniana podría sumir tanto a la OTAN como a la UE en una profunda crisis. Aunque las elecciones estadounidenses de 2024 sean un factor de incertidumbre, no hay indicios de que el respaldo occidental a Ucrania se desmorone. Por un lado, el coste real de este apoyo es pequeño en relación con el tamaño de las economías occidentales. Por otro, la solidaridad con Ucrania sigue siendo fuerte en la mayoría de las sociedades occidentales.

Guerra prolongada

Los dirigentes rusos están preparando a las fuerzas armadas para una guerra prolongada en Ucrania. La movilización parcial de septiembre de 2022 todavía sirvió para compensar las elevadas pérdidas de personal en su propio ejército, evitar nuevos reveses como en Kherson y acumular capacidades para una nueva ofensiva. En cambio, las propuestas presentadas por el Ministro de Defensa Serguei Shoygu el 21 de diciembre de 2022 se refieren a un horizonte temporal más largo. La dotación nominal de las fuerzas armadas aumentará a 1,5 millones de soldados y el número de soldados temporales a 695.000; además, se crearán dos nuevas divisiones en el territorio ucraniano ocupado y siete brigadas en Rusia se convertirán en divisiones. Al mismo tiempo, la planificación presupuestaria para 2023 prevé un aumento masivo de los gastos de defensa.

El aumento de personal en las fuerzas armadas solo se llevará a cabo con la presión del Estado. Ya se han suprimido casi todos los motivos para aplazar el servicio militar y se va a elevar a treinta años el límite de edad para ser llamado a filas. Además, se está debatiendo una ampliación del servicio militar obligatorio y una segunda oleada de movilizaciones. 

Las fuerzas armadas rusas vuelven así al concepto tradicional de masa; al mismo tiempo, ganarán experiencia operativa. Cuanto más se convierta la guerra en una batalla de desgaste, mayor será probablemente el papel de los "apoderados" formalmente no estatales, como el grupo mercenario "Wagner". Proporcionan carne de cañón sin incurrir en costes políticos internos para el Kremlin, como es el caso de los soldados caídos. Para empresarios políticos como Yevgeny Prigozhin, el financiero de "Wagner", la guerra ofrece la oportunidad de combinar ganancias económicas con prestigio político. Por lo tanto, es probable que la relación entre los proxies y las fuerzas armadas regulares se caracterice no sólo por la cooperación, sino también por la competencia.

Más brutal

Se espera que la guerra de Rusia contra Ucrania sea aún más brutal por dos razones. Mientras no se materialice el aumento de efectivos previsto, las fuerzas armadas recurrirán cada vez más a los ataques contra infraestructuras civiles y zonas residenciales como parte de su estrategia de desgaste. Al mismo tiempo, las violaciones de los derechos humanos forman parte de la imagen deliberadamente promovida de "Wagner"; la práctica del reclutamiento -por ejemplo, en las cárceles- hace el resto.

De cara a Occidente, Moscú jugará deliberadamente con el temor a que la guerra pueda intensificarse más allá de Ucrania. El principal objetivo es desalentar la entrega de armamento moderno a Kiev. Además de las amenazas nucleares, es probable que el Kremlin se apoye deliberadamente en los efectos de contagio a través de la migración y el terrorismo de las regiones en crisis en las que "Wagner" está ganando importancia, que son principalmente el norte de África y el Sahel.

Rusia está lejos de alcanzar sus objetivos militares en Ucrania. Mientras tanto, aumentan los desafíos internos para el régimen. Las elecciones presidenciales están previstas para el 17 de marzo de 2024, y muchos de los acontecimientos de los últimos años deben verse desde esta perspectiva. El más significativo fue la aprobación de una nueva Constitución en 2020, que allanó el camino para que Putin permaneciera hasta doce años más en el Kremlin. Según la Constitución de 1993, 2023 sería su último año en el poder.

Incertidumbre

El pasado otoño, el Kremlin pospuso algunas importantes apariciones públicas del presidente, probablemente por la incertidumbre ante la evolución de los acontecimientos. Ahora, el discurso anual ante la Asamblea Federal está anunciado para el 21 de febrero, aniversario del "reconocimiento" de las "Repúblicas Populares de Donetsk y Luhansk". Putin marcó la pauta en Nochevieja: perseverar, estar dispuesto al sacrificio, creer en el líder.

Putin tiene poco margen de maniobra. No puede permitirse el lujo de no presentarse a las elecciones: una señal de debilidad de este tipo podría exacerbar las críticas a su guerra y resultar peligrosa para él a nivel interno. Lo mismo cabe decir de un aplazamiento de las elecciones. No se puede descartar por completo que esto ocurra. Pero el Kremlin intentará evitar este paso para no tener que admitir que la situación militar en Ucrania no está bajo control. Una "victoria rápida" podría haber servido para las elecciones de 2024, pero la guerra en curso es una pesada carga. Las elecciones regionales del 10 de septiembre de 2023 se consideran una prueba de fuego para el "Proyecto 2024" del Kremlin. Por el momento, todo indica que los estrategas políticos nacionales están asumiendo una "campaña electoral en tiempos de guerra".

Atomizada

La sociedad rusa, mientras tanto, sigue atomizada y apática. Muchas personas políticamente activas han abandonado el país, y seguirán nuevas oleadas de emigración. Rusia es una dictadura con tendencias fascistas y totalitarias desde el 24 de febrero de 2022. No cabe esperar cambios desde abajo en estas condiciones. Recientemente, Putin se vio obligado a hacer cambios de personal en las estructuras de mando de las fuerzas armadas y a poner en su lugar a Yevgeny Prigozhin, financiero del grupo mercenario "Wagner". Parece que todavía puede hacerlo sin mucha resistencia. Los movimientos de destitución en las élites podrían crear espacios para la protesta social, pero esto no es muy probable en 2023. Además, todo depende del curso de la guerra. Los éxitos militares en Ucrania podrían acelerar el cambio en Rusia.

La economía rusa se ha desplomado menos en 2022 de lo que esperaban las primeras previsiones. Aunque el producto interior bruto (PIB) cayó un 6% durante los primeros meses de las sanciones, posteriormente se recuperó ligeramente y en diciembre se situó sólo un 5% por debajo del nivel del año anterior. Un factor importante fue el auge de la industria armamentística. A ello hay que añadir las crecientes exportaciones de petróleo, que apenas se vieron afectadas directamente por las sanciones hasta la entrada en vigor del embargo de la UE en diciembre de 2022. Las divisas recaudadas ayudaron a Rusia a amortiguar el impacto de las sanciones. Las empresas rusas gastaron este dinero principalmente en China, cuyas exportaciones a Rusia han aumentado notablemente en los últimos tiempos.

Devora recursos

Sin embargo, cada vez es más evidente que la guerra contra Ucrania está devorando muchos recursos. A finales de 2022, el presidente ruso, Vladimir Putin, anunció que no habría restricciones en la financiación del ejército. El presupuesto estatal ruso lo confirma, ya que en 2022 se gastó un total de 31,1 billones de rublos en lugar de los 23,7 billones previstos. Sin embargo, esto se vio compensado por el aumento de los ingresos. Los elevados precios del gas en Europa, provocados por la propia empresa energética Gazprom al recortar sus entregas, fueron la principal razón de los cuantiosos beneficios especiales. Así, el déficit ruso se mantuvo limitado al 2,3% del PIB.

Entretanto, las tornas han cambiado. Los ingresos por gas procedentes de Europa se han agotado en gran medida. El embargo petrolero obliga a Rusia a vender su petróleo a precios considerablemente más bajos. El resultado es un gran desfase presupuestario. Hasta ahora, sin embargo, los déficits no suponen una amenaza para el Kremlin, porque el Ministerio de Hacienda podría hacer frente a déficits mucho mayores durante dos o tres años con la ayuda del fondo de bienestar y de nuevos bonos del Estado. El último recurso sería la impresión de dinero, que podría mantener el presupuesto a flote un poco más. Sin embargo, si la balanza comercial rusa también entra en déficit, existe la amenaza de una devaluación del rublo y una elevada inflación.

Las sanciones no pueden impedir que Rusia prosiga su guerra contra Ucrania, pero dificultan la guerra. El marco macroeconómico estable que los tecnócratas de Putin han construido en los últimos veinte años sigue en pie. Pero las primeras grietas son visibles. Con cada año de guerra, los dirigentes rusos tendrán más dificultades para reunir los recursos necesarios para nuevos ataques. A largo plazo, el régimen se verá obligado a reducir sus gastos de guerra para evitar que los problemas económicos se conviertan en inestabilidad.

Las regiones rusas como pilares de la economía de guerra

La invasión de Ucrania pilló desprevenidas a las regiones rusas. Entre tanto, sin embargo, los súbditos de la federación se han convertido en importantes pilares del esfuerzo bélico. Las administraciones regionales participan directamente en la movilización de los soldados, la organización de los suministros civiles y militares para el ejército y la optimización de la economía de guerra. Cuanto más dure el conflicto armado, más se consolidarán en una estructura institucional las medidas ad hoc nacidas de la guerra. El gobierno central ya ha promulgado nuevas leyes que permiten aplicar "medidas especiales" en las regiones.

Nuevos órganos perfilan cómo se desarrollarán en el futuro las relaciones entre el Kremlin y los súbditos de la federación. Entre ellos se encuentra el Consejo Militar, creado por el Presidente Vladimir Putin el 21 de octubre de 2022 y dirigido por el primer ministro Mijail Mishustin, para coordinar las actividades federales y regionales de apoyo a la guerra. Se espera un mayor control central, así como la intervención directa en los circuitos económicos regionales. La supervisión federal de la logística regional de la guerra está cada vez más institucionalizada. Junto con el amplio régimen de sanciones de Occidente, esto desviará permanentemente el foco de atención de las administraciones regionales del desarrollo civil en los ámbitos infraestructural y socioeconómico hacia la producción para las necesidades militares y el aseguramiento represivo de la estabilidad política. Las regiones con capacidades de producción y sectores de materias primas de apoyo a la guerra podrían sin duda beneficiarse de ello. Sin embargo, muchas empresas están sufriendo pérdidas relacionadas con las sanciones que no pueden compensarse ni siquiera con una integración más profunda en la economía de guerra.

Situación

Los cuatro territorios ucranianos de Luhansk, Donetsk, Zaporizhzhya y Kherson, cuya anexión fue proclamada por el Kremlin, son tratados ahora (al igual que la península de Crimea anexionada en 2014) como regiones rusas regulares. Como resultado, cada vez más personal burocrático, incluso de regiones más distantes de Rusia, participa en la administración del territorio reclamado y apoya el esfuerzo bélico mediante "visitas de trabajo". Como consecuencia, miles de funcionarios y sus familias entrarán en contacto con la realidad del régimen de ocupación ruso. En caso de que Moscú consiga mantener estos territorios a largo plazo, esto conducirá también a la normalización gradual de la ocupación en las administraciones y sociedades regionales.

La política occidental no tiene prácticamente ninguna posibilidad de influir en los reajustes internos rusos en la relación entre Moscú y las regiones. Mientras continúe la guerra y, por tanto, las sanciones occidentales, las regiones rusas se integrarán en la economía de guerra del país, cada vez más consolidada.

Unión

La guerra ha unido a la sociedad ucraniana. Las encuestas muestran que la gran mayoría de los ciudadanos creen en la victoria ucraniana y trabajan por ella. Ayudan a equipar a las fuerzas armadas, organizan viviendas para los desplazados internos, distribuyen ayuda humanitaria. Esto ocurre a menudo de manera espontánea, a nivel informal y no necesariamente en estructuras establecidas de la sociedad civil. La mayoría de ellos se identifican fuertemente con el Estado ucraniano y están orgullosos de ser ucranianos.

Sin embargo, la guerra va acompañada de una serie de problemas sociales que se intensificarán con el tiempo. Muchos ciudadanos están traumatizados por sus experiencias bélicas. Además, aumentará la polarización: entre los que viven en territorios ocupados por Rusia y los que viven en territorio controlado por Ucrania. Igualmente difícil es la cuestión de cómo tratar a quienes han apoyado o apoyan a la fuerza de ocupación rusa y son considerados colaboradores. La línea que separa la colaboración forzada de la voluntaria es a menudo difusa.

Además, existen otras líneas divisorias entre los que permanecieron en sus lugares de residencia y los que huyeron pero regresaron. También hay problemas demográficos asociados a la huida, ya que muchas mujeres bien educadas se han marchado al extranjero con sus hijos. No solo habrá menos ucranianos viviendo en su Estado, sino que también se producirán distorsiones en términos de género, edad y nivel educativo.

Apoyo a la adhesión

Todos estos son factores contextuales que Alemania y otros Estados deben tener en cuenta a la hora de seguir apoyando y reconstruyendo Ucrania, así como las reformas necesarias para su adhesión a la Unión Europea. Por un lado, se encuentran con una sociedad muy motivada y con considerables capacidades; por otro, con una sociedad traumatizada en la que la demografía está cambiando y surgen nuevas fracturas. Por ello, las medidas de ayuda al país deben incluir la cohesión social y la salud mental. Sin embargo, los occidentales también pueden aprender de la abnegación del pueblo ucraniano, que defiende sus valores y contribuye continuamente a la construcción de un Estado defendible. Incluso en caso de guerra prolongada, cabe suponer que el apoyo de la sociedad al Estado y a sus fuerzas armadas no disminuirá.

En el primer año de guerra, Ucrania logró un éxito considerable en la lucha contra la invasión rusa. Las instituciones políticas, la administración y las entidades económicas también demostraron resistencia. Sin embargo, la lucha defensiva y la ley marcial influyen en las condiciones políticas internas. En el sistema político, por ejemplo, se ha intensificado la tendencia al predominio del ejecutivo, que el presidente Volodimir Zelensky ya había iniciado antes de la invasión rusa. Aunque el parlamento cumple su función de legislador, aprueba resoluciones con gran premura de tiempo y apenas actúa como controlador del gobierno. La oposición parlamentaria se redujo a medida que los partidos prorrusos se disolvían o eran prohibidos. Viejos líderes como el ex presidente Petro Poroshenko han perdido gran parte de su presencia mediática e importancia social. Además, la mayor parte del espectro político se aferra al acuerdo alcanzado poco antes del ataque ruso de apoyar al presidente ucraniano en caso de guerra.

Desequilibrio

Un signo visible del creciente desequilibrio de poder a favor del presidente es que domina el espacio público y -desde la agrupación de los canales de televisión más importantes en el llamado telemaratón- sobre todo la cobertura televisiva. En el punto de ruptura del sistema político, la relación entre el centro y las regiones, la disminución de los recursos y la frecuente represión del centro a través de las administraciones militares están teniendo repercusiones. Muchos alcaldes temen que el gobierno aproveche su momento de debilidad para revertir los resultados de la descentralización. 

A la sombra de la guerra, el gran programa de reformas acordado en 2014 apenas desempeña ya ningún papel, y la corrupción sigue siendo un reto importante. El Plan Nacional de Reconstrucción del Gobierno, pero también la anunciada racionalización de gran alcance del aparato estatal, revelan que el presidente Selenskyj sigue pensando en términos de política de poder y populismo. Su visión de la democracia ucraniana sigue sin estar clara.

Si la guerra continúa, esto tendrá consecuencias drásticas. Mientras siga vigente la ley marcial, no se celebrarán elecciones en Ucrania. Dado que la guerra sigue siendo para los ucranianos una lucha por la existencia nacional, el papel especial del presidente seguirá gozando de gran legitimidad. Las críticas internas seguirán siendo probablemente escasas. Por estas razones, incluso sin la intervención de actores interesados, existe el peligro de que la democratización sufra retrocesos y de que la población se acostumbre a las convulsiones políticas internas derivadas del estado de guerra. Sin presión externa, esto dificultará la aplicación de las reformas, también con vistas a un posible proceso de adhesión a la UE.

Precaria situación

El ataque de Rusia a Ucrania convirtió a Bielorrusia en co-agresor porque el país servía de zona de despliegue de las fuerzas rusas. La UE y Estados Unidos endurecieron entonces sus sanciones contra el régimen del gobernante permanente Alexandr Lukashenko. Además, Bielorrusia perdió repentinamente el importante mercado ucraniano, que hasta entonces había contribuido a equilibrar el tradicional déficit comercial con Rusia. La guerra aumentó así la dependencia de Lukashenko de Putin, que le había apoyado en 2020 durante las protestas masivas contra las elecciones presidenciales amañadas y, por tanto, había garantizado su supervivencia política. La soberanía nacional de Bielorrusia parecía existir solo sobre el papel.

Un año después del inicio de la guerra, el régimen de Lukashenko parece mucho más consolidado. El descenso del producto interior bruto es oficialmente del 4,7%, menos de lo esperado. Lukashenko controla completamente la situación política interna y está impulsando con éxito la reestructuración del sistema político, que comenzó con el referéndum constitucional del 27 de febrero de 2022. La frágil estabilización se debe sobre todo a dos circunstancias. En primer lugar, Lukashenko evitó la implicación directa de su ejército en los combates y, con ello, al menos temporalmente, la imposición de nuevas sanciones occidentales. Al mismo tiempo, Moscú necesita el apoyo bielorruso, por ejemplo en la formación de reclutas, la reparación de tecnología militar o la producción de bienes técnicos que Occidente ya no suministra. Gracias a la presencia continuada del embajador ucraniano en Minsk, Lukashenka también conserva posibilidades de desempeñar un papel mediador.

Ventaja

Una guerra de posiciones prolongada sería un escenario totalmente ventajoso para su régimen. La atención de Occidente se desviaría de la creciente represión en Bielorrusia, lo que facilitaría el control de las elecciones parlamentarias y locales previstas para 2024. Una guerra larga también debilitaría la posición de poder de Putin en Rusia. Lukashenko podría volver a mostrarse más seguro de sí mismo frente a un posible sucesor en el Kremlin y seguir beneficiándose de la confrontación geopolítica Este-Oeste.

Cuanto más éxito tenga Ucrania militarmente, más difícil será la situación para Lukashenko. Pues Moscú aún podría obligarle a participar activamente en la guerra o buscar la anexión de Bielorrusia a Rusia como compensación por una derrota amenazada. Una victoria rusa, por otra parte, dejaría a Lukashenko completamente a merced del Kremlin. Incluso el escenario actualmente improbable de que Rusia, Ucrania y Occidente pusieran fin a la guerra mediante negociaciones sería desventajoso para el excluido Lukashenko. Esto se debe a que la presión de las sanciones occidentales sobre su régimen seguiría vigente. Esto beneficiaría principalmente a Rusia, pero no a la sociedad bielorrusa.

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