Discos

Para superar barreras y prejuicios

Juan Carlos Tellechea
martes, 6 de junio de 2023
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El fin del silencio. Antonio Oyarzábal (piano). Obras de Lía Cimaglia Espinosa, Cecilia Arizti, Adelaida Pereira da Silva, María Luisa Sepúlveda, Alicia Terzian, Lita Spena, Carmela Mackenna, Rocío Sanz Quirós, Graciela Agudelo, Modesta Sanginés, Rosa Mercedes Ayarza, Rosa Guraieb, María Teresa Prieto, Kilza Setti, Isabel Aretz, María Luisa Escobar, Teresa Carreño, Teresita Carreño-Tagliapietra, Clarisse Leite, Modesta Bor, Chiquinha Gonzaga. Grabado en el Hammond Theatre, de Londres. Ingeniero de sonido, Ignacio Lusardi Monteverde. C&P Pixaudio Ltd. 2023
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Injustamente olvidadas, silenciadas o ignoradas durante décadas, 21 compositoras iberoamericanas de los siglos XIX y XX cobran voz en este extraordinario CD El fin del Silencio (Pixaudio Ltd.), del destacado pianista Antonio Oyarzábal; algunas de sus obras han sido grabadas aquí por primera vez. ''Gracias a álbumes como este (…) estamos cada día más cerca de hacer justicia con la historia y con las creadoras de todo el mundo'', resume Eva Sandoval en el folleto que acompaña al disco. 

Todas las miniaturas de esta recopilación suenan entrañables en la sensible y diáfana interpretación de Oyarzábal: los aires de una lenta y nostálgica huella pampeana embelesan al oyente, entre mate y mate, con la Evocación criolla I., de Lía Cimaglia Espinosa, que abre el primero de los 32 surcos del álbum. A Cimaglia Espinosa, quien escribió esta pieza en París en 1939, se le puede aplicar muy bien una cita adjudicada a Gustav Mahler: ''La tradición es la transmisión del fuego y no la adoración de las cenizas''.

Europa

El discurso adquiere seguidamente un tono clásico en el cálido, delicado e irresistible Nocturno op 13 de Cecilia Arizti, que Oyarzábal lo hace suyo al instante y da la impresión de encontrarse ante el teclado en medio de un gran espacio abisal. Las compositoras latinoamericanas de música clásica o culta debieron hacer una difícil elección entre la tradición europea y la de sus propios países cuando culminaron su formación en el Viejo Continente.

Más allá de los análisis técnicos que puedan hacerse de sus creaciones, no hay duda de que estas mujeres están tan apegadas a sus raíces que su música resulta ser sincera, honesta y transmite fuertes emociones, asociadas a sus experiencias vitales previas. Ha sido un gran esfuerzo el que han hecho para superar barreras y prejuicios.

No se debe olvidar que, desde el punto de vista planetario, para el centro, que en la música equivale a un canon elaborado bajo una matriz netamente alemana (desde Johann Sebastian Bach hasta Karlheinz Stockhausen, sin grandes sobresaltos) la música clásica de Iberoamérica se encuentra al margen del margen, y que sus compositores (hombres) también son marginales; cuanto más aún las mujeres, figuras exóticas.

Fenómeno venezolano

Es seguro que la más conocida (a duras penas) de todas las compositoras iberoamericanas en el Viejo Continente es Teresa Carreño, de quien escuchamos aquí su encantador Le sommeil de l'enfant, op 35 (Berceuse), publicada en 1872, y a través de ella, dos de los románticos e inspiradores Trois morceaux pour piano I. Tristesse, III. Petite Berceuse, de su hija predilecta, Teresita Carreño-Tagliapietra. En fin, ambas son de todas formas una anécdota en la historia de la música universal.

Un breve repaso por la música latinoamericana de los últimos dos siglos (y lo que va del presente) ofrece un panorama en el que la tensión entre reacción y vanguardias es particularmente vesicante. Beethoven, Johannes Brahms, y el mismo Arnold Schönberg, no escriben música alemana, sino música, a secas; y cuando se habla explícitamente de música alemana, el caso se complica y se transforma en polémica, como en el caso de Richard Wagner.

Condena y prejuicio

Así, el panteón de los genios de la música universal condena a los músicos de la periferia a convertirse en la expresión musical de su tierra. Smetana, Dvorák y Janácek representan el espíritu de Bohemia en cada nota de sus obras; Sibelius lleva el peso de ser él solo Finlandia; así como Grieg representa a Noruega; y Falla, Granados y Albéniz a España. Mientras en Iberoamérica Silvestre Revueltas es México, Heitor Villa-Lobos es Brasil y Alberto Ginastera o Astor Piazzolla son Argentina.

En cualquier caso, la música latinoamericana, sea ella la que fuere, no implica necesariamente que los compositores deban recurrir a la estilización de materiales del folclore de su tierra, y así lo demuestran estas 21 compositoras reunidas en 32 breves fragmentos por Antonio Oyarzábal. Hay otro prejuicio además, el de que las compositoras y los compositores de América Latina están más capacitados para las miniaturas que para las formas de largo aliento de la tradición europea. Muchas páginas más nos llevaría esta discusión y nos alejaríamos demasiado del objetivo de esta reseña.

Una compositora viva

Volviendo al álbum: la única compositora viva de esta selección es Alicia Terzian, de quien disfrutamos subyugados sus traviesos Juegos para Diana. Hay mucho por descubrir en esta placa y algunas sorpresas. La melancolía embarga al oyente en Días de lluvia (de Siete Piezas Latinas), de Graciela Agudelo; ensoñador resulta el Lento (II., de Scriabiniana), de Rosa Guraieb; algo nostálgica suena la mazurca Recuerdo de los Andes, de Modesta Sanginés; y embelesadora la canción de cuna Feche os olhinhos, que o soninho vem, de Clarisse Leite.

Algunas otras de las reminiscencias afrobrasileñas las aporta Adelaide Pereira da Silva con su Valsa-Chôro nº 1; dulces son las Cinco Peças sobre Mucama Bonita, de Kilza Setti; expresionistas los Dos Trozos (I. El afilador y II. Toque de campanas), de María Luisa Sepúlveda; emotivo el I. Calme et expressif (Ruhig), de Preludes, de Carmela Mackenna; pulsantes las Evoluciones I. Allegro y IV. Moderato, vals, de Rocío Sanz Quirós.

Antonio Oyarzábal, quien sacó anteriormente un CD titulado La Muse Oublié, con obras de compositoras como Elisabeth Jacquet de la Guerre, Germaine Tailleferre, Mélanie Bonis o Emiliana de Zubeldía, entre otras, se ha especializado en la investigación, grabación e interpretación del repertorio escrito por mujeres, y es embajador de la organización Donne, Women in Music.

Saudade

Deliciosas son las tres piezas De mi infancia (I. Cajita de música, II. El arrorró de la muñeca, III. Micifuz, de Isabel Aretz; exquisitas las Variaciones para piano, de Modesta Bor; impresionistas son los Preludios (I. Niebla y II. Benteveo), de Lita Spena; muy romántico el valse nocturno Noche de luna en Altamira, de María Luisa Escobar; cautivante el ritmo de la marinera norteña evocado en Trujillo mío, de Rosa Mercedes Ayarza; vívida la Escena de niños, de María Teresa Prieto que deja al oyente con mucha Saudade, al igual que el punto final puesto por la pionera Chiquinha Gonzaga.

El presente proyecto, tal como Antonio Oyarzábal lo menciona en sus agradecimientos, fue posible por la importante labor del equipo del Teatro Hammond, de Londres, así como por el apoyo brindado en la localización de varias partituras por Álvaro Bravo, Ester Vela, Silvia Navarrete, Tania Perón, Kaouro Hirokawa, Diana Lopszyc, Alicia Lastra, Mauricio Nader y el Instituto Piano Brasileiro. El ingeniero de sonido, Ignacio Lusardi Monteverde, capta el instrumento de cerca en todas sus armonías, pero al mismo tiempo en un ambiente aireado, que desprende un alivio sonoro extremo; un ejemplo de excelente grabación de piano. ¡Felicitaciones por todo lo alto!

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