Francia

Un Castillo ruidoso

Francisco Leonarte
lunes, 19 de junio de 2023
'Bluebeard' de Perrault © 1875 by Walter Crane 'Bluebeard' de Perrault © 1875 by Walter Crane
París, sábado, 10 de junio de 2023. Opéra National de Paris (salle Bastille). A kékszakállú herceg vára (El castillo del duque Barbazul), opera en un acto. Música de Béla Bartok. Libreto de Béla Balázs inspirado en el cuento de Charles Perrault. Con Iréne Theorin (soprano) y Bryn Telrfel (barítono). Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Dirección musical, Josep Pons.
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El castillo de Barbazul es una de esas obras que no tienen igual en la historia de la música, singularísima porque aun teniendo visibles influencias de muchas corrientes distintas, al fin y a la postre no se parece a nada de lo que se escribió ni antes ni después.

Alentada por un libreto rico en símbolos, la música de Bartok propone sonoridades, ritmos y armonías que solo más tarde serán explotados realmente por el propio Bartok o por otros colegas suyos como Stravinski o Prokofiev. Todo con un perfume finisecular que emborracha al más templado.

Quien esto escribe tuvo la suerte de escucharsela en directo hace unos cuantos años a Pekka-Salonen dirigiendo la Orquesta Philarmonia con John Tomlinson y Michele De Young en TCE, y aquello fue una auténtica experiencia sonora y artística.

Lo del sábado pasado en Bastille fue … otra cosa.

Una operación

Cuando toda una orquesta se desplaza, estamos evidentemente ante una operación de prestigio o una operación crematística. Financieramente, con más de 800 plazas sin vender (de un total de 2600), y un buen número de invitaciones, el viaje de la Orquesta simfònica del Gran Teatre del Liceu tal vez no fue un gran negocio, pero como se trata de dinero público ...

En cuanto a la operación de prestigio, los medios oficiales ya se encargarán de glorificar la velada, con lo que la cosa está también cubierta desde ese punto de vista.

Cantantes de muchos quilates

Para atraer al público -El castillo de Barbazul es una obra maestra, pero eso no implica que sea taquillera- se había llamado a dos cantantes de mucho prestigio, conocidos por tener un buen volumen, Bryn Terfel (cuyo prestigio de hecho ya ha recuperado la corona británica para hacerse publicidad nombrándole Sir) e Iréne Theorin, una de las más ilustres wagnerianas de su generación.

Ambos, en efecto, exhibieron un volumen importante. Pero sobresalieron, ante todo, por crear verdaderos personajes, con matices, con teatralidad, con cuerpo.

Cuando la orquesta les dejaba, escuchábamos a la niña temerosa que va ganando terreno y haciéndose dueña, imperiosa, de la situación, o al hombre que de tenebroso pasa a radiante, y de verdugo a víctima. Voces bien timbradas, con sutilezas vocales que no siempre se le presuponen al brioso Terfel (en mucha mejor forma que en su última Tosca en esta misma casa) ni a la wagneriana Theorin.

Decimos bien, «cuando la orquesta les dejaba».

Cierto, Bartok no escribió una obra de cámara, la orquesta es importante; la sonoridad de la sala Bastille es complicada, y Pons no estaba en su casa.

Pero es lástima que en buena parte de la obra, y aun sabiendo que estamos ante voces de buen volumen, no pudiéramos oír a los cantantes -aunque les viéramos mover los labios- porque la orquesta sonaba desmedida.

Es lástima también que el director musical, falto de poder de evocación, no supiera rendir justicia a la partitura, que de ser una fascinante sucesión de cuadros a cada cual más rico y sorprendente, se convirtió en una sucesión de forti y de fortissimi alternados con piani (sí, era en los piani cuando por fin podíamos oír a los cantantes).

Lástima porque la orquesta sonaba bien, tanto cuerdas como vientos, con algún que otro solista notable (pienso en las arpistas, por ejemplo, o también en el trompa solista, que mostró su capacidad de apianar cuando el director se lo pedía -que no era precisamente cuando los cantantes intervenían...).

El público, se aburriera o no, aplaudió cortesmente. Incluso se oyó algún tímido bravo, tal vez de algún invitado agradecido. 

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