España - Andalucía

Vendaval Solaun

José Amador Morales
viernes, 23 de junio de 2023
Josu de Solaun © Iberkonzert Josu de Solaun © Iberkonzert
Málaga, jueves, 15 de junio de 2023. Teatro Cervantes. Serguei Rachmaninov: Concierto para piano y orquesta nº2 en do menor, op.1. Joaquín Turina: La procesión del Rocío, op.9; Sinfonía sevillana, op.23. Josu de Solaun, piano. Orquesta Filarmónica de Málaga. José María Moreno, director musical.
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Ya en la cita final de la presente temporada, la Orquesta Filarmónica de Málaga nos ha ofrecido la oportunidad de escuchar el Concierto para piano nº 2 de Rachmaninov de la mano de uno de los grandes exponentes del pianismo español actual. 

Y aunque no es la primera vez que visita la ciudad andaluza, Josu de Solaun se revelaba como un reclamo extraordinario a la hora de afrontar el Rach 2, como es conocido en el mundillo pianístico al que no sólo es indudablemente el concierto para piano más popular del compositor ruso sino uno de los más versionados -y por ende demandados- de toda la literatura musical para orquesta y piano.

En esta ocasión, fue tomar asiento Solaun y, aún con las últimos aplausos apagándose, comenzar a atacar las campanas que progresivamente imitan los acordes in crescendo iniciales, poderosos e imponentes. Algo que anunciaba toda la visión de la obra por parte del pianista valenciano, cuyos movimientos extremos son realmente incisivos en el sonido, encendidos en el fraseo y de un concepto dramático subyugante en lo expresivo. 

El onírico segundo movimiento supuso un logrado diálogo entre el lirismo de las arcadas acometidas por Solaun y las deliciosas prestaciones solistas de las maderas del conjunto sinfónico malagueño. La articulación del fraseo por parte de Josu de Solaun, cimentada en una pulsación de gran espectro dinámico, alcanzaron aquí y en el movimiento subsiguiente, cotas de gran calado expresivo. La musculatura virtuosística y la apabullante belleza del color que Solaun obtuvo del instrumento alcanzaron el clímax en el “Allegro scherzando” conclusivo. 

José María Moreno acompañó muy a remolque del pianista en los primeros compases, con demasiadas frases orquestales -especialmente la encomendada a los chelos- casi inaudibles y sepultadas por el piano. No obstante, el director mallorquín pareció ir entonándose conforme avanzaba la obra y, tras un segundo movimiento más equilibrado, el tercero fue un extraordinario mano a mano, en el mejor sentido, entre solista y masa orquestal.

La palabra sinfonía tiene en esta obra un sentido literario. La Sinfonía sevillana es un poema, algo así como el palpitar de la ciudad andaluza. Es el marco y el ambiente en el cual se inicia un idilio que se exaltará libremente, sin ningún género de obstáculos. El primer tiempo, Panorama, describe únicamente el ambiente en el que se moverán las figuras. El personaje femenino aparece fugazmente, representado por un chotis madrileño. En el segundo tiempo se inicia el idilio a bordo de un vaporcito de los que surcan el río Guadalquivir; al diálogo amoroso se unen las coplas de los marineros y hasta el rumor de una fiesta en la orilla que, a causa de la velocidad del barco, hace el efecto de que se acerca, pasa y se aleja. En una venta, a la orilla del río, en San Juan de Aznalfarache, tiene lugar una fiesta andaluza; alternando con los ritmos del zapateado y del garrotín, el idilio se exalta, toma grandes proporciones el chotis, se amplifica y toma el carácter de un idilio de amor.

Estas notas del propio Joaquín Turina a propósito del estreno de su Sinfonía sevillana en el Teatro Real de Madrid el 30 de marzo de 1921 nos sitúan en la segunda parte del programa del concierto que comentamos y que estuvo dedicada al compositor hispalense. De la citada obra también Federico Sopeña llegó a afirmar con lucidez que “resume y redime todo el pasado español y de la gran forma sinfónica en nuestro país”. 

En la versión que comentamos, José María Moreno reveló poseer una interesante complicidad estilística con la obra de Turina, atisbada ya en la inicial y algo bisoña en el ámbito del catálogo del compositor, La procesión del Rocío. Pero resultó particularmente feliz en una Sinfonía Sevillana donde, gracias al equilibrado balance dinámico, permitió percibir las distintas texturas que a nivel rítmico y melódico -más lo primero que lo segundo- se superponen a lo largo de los tres movimientos, sin caer en excesos ni vacíos folclorismos y combinando vitalidad y rigor. Y a la postre, una lectura idiomática y evocadora que causó una grata impresión habida cuenta de la respuesta del público. 

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