España - Cataluña

Grandes expectativas a base de agudos

Jorge Binaghi
lunes, 7 de agosto de 2023
Freddie De Tommaso © 2021 by Julian Baumann / Intermusica Freddie De Tommaso © 2021 by Julian Baumann / Intermusica
Peralada, viernes, 28 de julio de 2023. Esglèsia del Carme de Peralada. Recital de Freddie De Tommaso, tenor, acompañado por Audrey Saint-Gil (piano). ‘Viva Verdi!, Canciones, romanzas y arias de Lombardi, Il Corsaro, Il Trovatore, Luisa Miller, La Traviata, Aroldo y Un ballo in maschera. Fantasía sobre Il Trovatore, Val y ‘Obertura’ de Macbeth para piano solo. Bises: Puccini y canción napolitana. Aforo completo
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Hace diez años presencié aquí mismo ‘el’ recital que yo elegiría de todo lo que he visto y oído en este Festival (ópera incluida). Fue una velada gloriosa de Piotr Beczala. Es sabido el amor que el Festival del Castell de Peralada tiene por esta cuerda tan (demasiado a veces) apreciada y ‘rara’. Esta edición ha sido reducida por los trabajos en el auditorio principal, pero ha coincidido con el inicio de un festival más breve en Pascua al que por razones diversas no pude acudir. En ese momento debutó, para clausurarlo, el joven, talentoso y tan reclamado hoy Freddie De Tommaso.

Ahora volvió a venir, pero para inaugurar el Festival de verano. Todo un honor (aunque no sé si a tan corta distancia era necesario repetir). Cuando, jovencísimo, ganó el primer premio del Concurso Viñas en 2018, fue una de las raras ocasiones en que me pareció bien la decisión, aunque había carencia de medias voces y de flexibilidad. Ahora, con veintinueve años, presentó un programa de esos que cortan el aliento, y que recordaba discos ‘antiguos’ de Richard Tucker y Carlo Bergonzi, ambos de dilatada carrera y el segundo barítono antes que tenor (hay otros que por otros motivos terminan de barítonos habiendo sido tenores). Las medias voces empiezan a estar, pero la flexibilidad no. Y el cantante parece sobre todo empeñado (es en parte lógico) en hacer notar la lozanía de su registro agudo y la consistencia de su centro y grave.

A veces hace pensar en Mario Del Monaco, pero ni este habría presentado un programa semejante. Por empezar, porque algunas de las arias no le iban para nada. De Verdi el gran Mario grabó más que cantó algunos roles, y otros (sobre todo de la primera época) no los frecuentó (cuando lo hizo, como con Ernani los resultados fueron tan ‘exaltantes’ como polémicos). Grabó un Rigoletto y Trovatore muy polémicos y, como él mismo decía, desarrolló ‘su’ técnica para ‘su’ voz.

Tal vez estemos ante un caso parecido, con reservas. Parece ser que era la primera vez que cantaba las romanzas de Verdi (la presencia de la partitura así lo hace suponer), pero aunque más breves siempre requieren lo que el autor pretendía. Al margen de que, pendiente de las notas, no se puede hablar de interpretación, justamente en una de ellas ‘In solitaria stanza’ por dos veces el agudo sonó a grito. También se me dijo que era la primera vez que cantaba la gran aria de Manrico (‘Ah sì, ben mio’). Tiene mucho para trabajar, y no hablo ya de los imposibles trinos, sino de las oscilaciones rítmicas en la primera estrofa. Curiosamente en ninguna de las arias a las que suele seguir una cabaletta ejecutó una de estas. Pero, primera vez que oigo algo así, tras el aria de Un ballo in maschera (que Del Monaco cantó muy raramente) paró los aplausos para agregar la famosa frase ‘Sì rivederti Amelia’, lo que ni es riguroso ni de demasiado buen gusto, pero él terminó con un agudo rozagante.

Con estos mimbres no es de extrañar que lo mejor fueran las arias de Il Corsaro (cualquiera sea su valor artístico) y la de Aroldo. Había comenzado con ‘La mia letizia infondere’ de I Lombardi. Es un aria que eligen muchos de los tenores livianos cuando quieren empezar a probar con Verdi, con resultados desiguales. Aquí parecía oír a un Otelo en ciernes tratando de cantar Fenton. Los recitativos son otra cosa que debería trabajar mucho, porque los de Luisa Miller, Ballo y Traviata son muy importantes y exigentes. Precisamente en el aria de Alfredo llegados al ‘dal dì che disse vivere’ el intento de media voz fue eso porque casi no se oyó, y el ‘io voglio a te fedel’ lo vio en algún ligero apuro.

Llegados a los bises se acabó Verdi y apareció Puccini con ‘E lucevan le stelle’ con todas las exageraciones del verismo de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado (hace menos de un mes muchos de los presentes rugieron con la interpretación de Beczala en el Liceu, que no sólo era absolutamente distinta sino de una musicalidad intachable y no necesitaba de ‘efectos’ para conmover). Y luego una canzonetta napolitana que estuvo bien sin competir con ninguna de las interpretaciones de referencia de hoy y de siempre. No he hablado de interpretación ni fraseo porque en todo el concierto fue todo igual, superficialmente febril.

Actuó de acompañante Saint-Gil, que tiene también su nombre. Aquí se escuchó a una pianista que parecía haber interiorizado los tiempos de Toscanini en la introducción del aria de Traviata, pero en general en todo el concierto se apreció una rapidez rayana en la precipitación, un fraseo mecánico y una pulsación martilleante que no sé si ayudaron al tenor, pero no sirvieron a Verdi.

Para sus momentos en solitario eligió el vals que hizo famoso Visconti cuando lo incluyó en su Gattopardo, basado en los coros de Giovanna d’Arco, pero que aquí parecía más bien una mazurca. No sé quién escribió en el programa ‘obertura’ de Macbeth, pero yo estaba sorprendido porque no sabía que hubiera como en Aida una obertura alternativa al preludio que todos conocemos. Pero no, era el conocido preludio (es cierto que últimamente se ha llamado ‘obertura’ a la de Un ballo in maschera que tampoco lo es y tal vez próximamente oiremos hablar de oberturas de Rigoletto o Traviata -aunque en esta última hay dos) que sonó con gran superficialidad. Lo nuevo para un servidor fue la paráfrasis ‘de salón’ de Joachim Raff sobre el concertante final del segundo acto del Trovatore, que sin duda fue muy de salón y casi nada de Verdi. Para paráfrasis, mejor Liszt.

Espacio lleno y grandes y repetidos aplausos. En la próxima temporada del Liceu el tenor cantará en su integridad Un ballo in maschera

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