Recensiones bibliográficas

Gerhard Schröder y la conexión moscovita

Juan Carlos Tellechea
viernes, 8 de septiembre de 2023
Die Moskau-Connection © 2023 by C H Beck Die Moskau-Connection © 2023 by C H Beck
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El ex canciller federal de Alemania, Gerhard Schröder, no tiene escrúpulos en el trato con autócratas de la calaña del presidente de Rusia, Vladimir Putin, ni en darle la espalda a su propia patria, que le brindó todas las oportunidades a su alcance para ascender socialmente desde un origen relativamente muy humilde. 

El agradecimiento fue lucrar personalmente, comprometiendo al país y su política energética en la adquisición de gas y petróleo rusos a bajo precio; una catástrofe que ahora pagan muy caro los contribuyentes, los sectores económicos y el gobierno de coalición semáforo, encabezado por el canciller Olaf Scholz.

En el partido Socialdemócrata Alemán (SPD), que le siguió ciegamente en su desastrosa política energética, Schröder, un admirador en sus tiempos juveniles del entonces canciller Willy Brandt, ya no tiene tantos amigos como antes o, al menos, éstos no lo admiten en voz alta. 

Sus correligionarios (camaradas, compañeros) prefieren no hablar más del asunto, para no ventilar mucho más los graves errores cometidos; un eufemismo, para no destapar ni salpicar en derredor toda la hedionda mierda que hay acumulada detrás de estos condenables hechos.

Die Moskau-Connection (La conexión con Moscú)* se titula un libro de los periodistas Markus Wehner y Reinhard Bingener publicado por la prestigiosa editorial C. H. Beck, de Múnich, que pone al desnudo las increíbles andanzas más o menos novelescas de Schröder, poco o mal conocidas por la mayoría de la ciudadanía alemana, que incluso todavía hoy cree en él sin sospechar lo que tejía entre bambalinas mientras estaba al frente del primer gobierno socialdemócrata-verde de Alemania (1998-2005). Cuando los lectores alemanes leen, releen y vuelven a releer esta obra, se preguntan en qué país han estado viviendo hasta ahora.

En desacuerdo

El entonces ministro de Exteriores, Joschka Fischer (Verdes), confesaba no hace mucho tiempo atrás que cuando se enteró de lo que Gerhard Schröder tramaba, le había manifestado que "no estaba de ninguna manera de acuerdo" con su proceder; poco después el propio canciller perdería prontamente el mandato que había ganado en las elecciones de 2005, al plantear la cuestión de confianza ante el parlamento federal alemán y caer derrotado.

El libro de Wehner y Bingener, ambos redactores del renombrado periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung, aborda las políticas del canciller socialdemócrata Schröder en materia energética y sus relaciones con Rusia, así como la historia de sus amigos, sus correligionarios y su partido. Los autores califican aquellos actos de ''el mayor error de la política exterior alemana, desde la fundación de la República Federal de Alemania" en 1949.

De la misma editorial C. H. Beck reseñaremos próximamente la biografía de un hombre y estadista situado precisamente en las antípodas del mundo que acabamos de describir sucintamente, titulada Willy Brandt. Sozialist – Kanzler – Patriot (Willy Brandt. Socialista – Canciller – Patriota), del politólogo y periodista Gunter Hofmann.

Interrogantes

Siguiendo las descripciones de Markus Wehner y Reinhard Bingener, bastante exhaustivas, ampliamente documentadas y muy plausibles, al lector le surgen muchas interrogantes sobre lo que le ha tocado vivir hasta el momento. Y se pregunta, con toda razón, cómo es posible que el ex canciller Gerhard Schröder no haya podido ser expulsado todavía del SPD (pese a un proceso con ese objetivo), por qué sigue en el cargo el actual presidente federal Frank-Walter Steinmeier, quien fuera jefe del despacho de la cancillería en aquellos años, presidente del SPD y después ministro de Exteriores (bajo el gobierno de la canciller Angela Merkel), así como por qué el Deutsche Bank, con muchos lastres judiciales a cuestas, no se separa de su miembro del consejo de supervisión Sigmar Gabriel, jefe también del SPD durante mucho tiempo y ministro de Economía en la gran coalición de 2013 a 2017.

Schröder, Steinmeier y Gabriel son los principales protagonistas de una "conexión moscovita" socialdemócrata, sobre la que los dos autores escriben que 

juzgó mal, restó importancia y en algunos lugares incluso negó la agresividad de Rusia hacia Occidente y Alemania, que fue evidente desde el principio y aumentó constantemente después.

Defendían a Putin

El entorno de Schröder no solo había explotado financieramente "el mito socialdemócrata de la distensión", sino que también había "mordido donde podía" cualquier crítica a las tendencias antidemocráticas y revisionistas del presidente ruso Vladimir Putin. Incluso el gobierno de coalición democristiana-socialdemócrata de Angela Merkel hizo la vista gorda y oídos sordos a todas las advertencias de los países del este de Europa y de Estados Unidos cuando aprobó la construcción del gasoducto Nord-Stram 2, y cuando la Rusia de Putin invadió a Ucrania y su península de Crimea.

Schröder y sus camaradas prorrusos habían ignorado el armamento de las fuerzas armadas de Rusia, la ideología imperial que rodea a Putin, el creciente adoctrinamiento de la población rusa, la eliminación de la oposición y de la prensa libre y, por último, pero no por ello menos importante, la penetración de la empresa estatal Gazprom "profundamente en el suministro de gas europeo".

Rusia se había hecho con una cuota del 55% del suministro de gas alemán cuando invadió Ucrania en febrero de 2022. Fue el ministro de Economía Gabriel quien, tras la anexión rusa de Crimea en 2014 en violación del derecho internacional, facilitó también la venta de las instalaciones de almacenamiento de gas de Alemania a Gazprom, que domina el mercado.

¿Cómo pudo Vladimir Vladimirovich Putin -buscado ahora con orden de detención emitida por el Tribunal Penal Internacional de la La Haya bajo sospecha de perpetrar crímenes de guerra en Ucrania- obtener esta increíble concesión de los socialdemócratas alemanes? Los autores de la "Conexión Moscú" lo explican con la ayuda de una profunda investigación, en la que fluyen tanto los detallados conocimientos de Bingener, corresponsal del referido periódico en Baja Sajonia desde hace muchos años, así como de Wehner, experto historiador de Europa del Este y antiguo enviado a Rusia, quien también conoce muy bien al SPD.

No le hace asco

Los periodistas describen cómo Putin, agente del KGB, instaló sistemáticamente organizaciones de avanzada en Alemania para influir en el ambiente político a su favor. El espectro abarcaba desde plataformas pro-régimen como el Foro Germano-Ruso o el Diálogo de Petersburgo hasta el patrocinio del club de fútbol Schalke 04 (Gazprom), de Gelsenkirchen (cuenca del Ruhr) y la concesión de títulos de cónsul honorario y doctorados honoris causa.

Y luego estaba Gerhard Schröder, cuya contratación por la comunidad empresarial rusa le reportó una riqueza considerable: pocos meses después de ser destituido como canciller, Schröder se convirtió en presidente del comité de accionistas de Nord Stream AG por 250.000 euros al año. En 2017, se incorporó a la petrolera rusa Rosneft con un puesto adicional en el consejo de supervisión por 600.000 euros al año. Esto también fue un nombramiento que le vino de mil maravillas a Putin: "Desde el punto de vista del Kremlin, el canciller alemán fue la elección perfecta por muchas razones", escriben los dos periodistas. No hay nada mejor que tener un alto cargo del Kremlin en el gobierno de Alemania.

Similitudes

Existen numerosas similitudes biográficas y de hábitos entre Schröder y Putin. Verbigracia, ambos se abrieron camino desde entornos pobres, y desarrollaron el correspondiente sentido de lo que hoy les corresponde, según sus propias convicciones. Ambos se sentían cómodos en asociaciones machistas en las que las mujeres desempeñan, como mucho, un papel decorativo.

Al parecer, ninguno de los dos tiene inhibiciones a la hora de hacer políticas especialmente beneficiosas para sus amigos personales. La visión del mundo de Schröder está marcada por un temprano antiamericanismo, y además parece tener pocos problemas con los autócratas, desde Fidel Castro a Erich Honecker, pasando por Putin.

Frank-Walter Steinmeier, a quien Wehner y Bingener acusan de muchos errores de juicio pero ningún enriquecimiento financiero personal, hizo propagar el concepto de "cambio a través de la interconexión" como ministro de Asuntos Exteriores durante sus dos mandatos (2005 a 2009 y 2013 a 2017) - 

pero la interconexión, que se supone que hace posible la democracia en Rusia, lleva a que parte de la élite política y económica alemana sea manipulada. 

En relación con la guerra de Rusia en Georgia, contraria al derecho internacional, Steinmeier habla de "agudización" occidental contra Rusia, y en referencia a una maniobra de la OTAN, tras la anexión rusa de Crimea, habla de "ruido de sables" y del "aullido de guerra" de Occidente.

Otros allegados

Además de Steinmeier y Gabriel, la red de Gerhard Schröder desde los tiempos en que era ministro presidente de Baja Sajonia, en Hannover, incluye a la posterior ministra federal de Economía, Brigitte Zypries, al actual ministro presidente de Baja Sajonia, Stephan Weil, y también al actual líder del SPD, Lars Klingbeil, quien hoy, sin embargo, se distancia enfáticamente de todos estos escándalos.

El antiguo funcionario y asesor del SPD Heino Wiese es un importante personaje en el trance de tirar de los hilos entre bastidores. Más alejados, pero también irradiados por la red de Schröder, tiran de sus hilos figuras como el ex presidente del parlamento europeo y antiguo candidato del SPD a canciller Martin Schulz ("desarme en lugar de carrera armamentística", el objetivo del 2% de la OTAN es "absurdo") o la ministra presidenta del estado federado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental Manuela Schwesig, con su controvertida fundación dizque ecologista (¡hábrase visto mayor contradicción!) para la realización del gasoducto Nord Stream 2.

Retrato costumbrista

Además, Gerhard Schröder mantiene una amplia gama de relaciones lucrativas con la comunidad empresarial alemana (occidental) para todos los interesados. En los primeros años, a su círculo de amigos empresarios les gustaba reunirse en un palco del club de fútbol Hannover 96. Según escriben los autores del libro: 

Beben juntos. La gente se ayuda mutuamente. El empleo de bribones y el contacto con rockeros criminales como los Hells Angels no se consideran más obstáculo para el acceso que los pronunciados contactos con Irán, con China o con Rusia.

La lectura de La conexión con Moscú deja al público sin aliento. Un lector extranjero probablemente se preguntará si estos son los alemanes de hoy ¿ante qué país estamos? ¿Es éste el país de Johann Wolfgang von Goethe, Friedrich Schiller, Friedrich Hegel, Karl Marx o de Ludwig van Beethoven? ¿Es esta la mayor economía de la Unión Europea? 

El libro no llega a criticar a fondo la política de Angela Merkel y los democristianos (CDU) con respecto a Rusia, que también tuvieron gran responsabilidad en la continuidad (sin chistar) de estas políticas. Esta etapa histórica de la Alemania actual merece un libro aparte.

Los amigos que todavía le quedan a Schröder, y que no hablan más en voz alta de sus relaciones con él, seguramente califican a este libro de conspiración contra la figura del ex canciller. Sin embargo, la claridad con que son expuestos los hechos y sus pruebas hablan más bien en favor de un retrato bastante realista de la moralidad en los círculos políticos alemanes.

Notas

Bingener, Reinhard / Wehner, Markus, «Die Moskau-Connection: Das Schröder-Netzwerk und Deutschlands Weg in die Abhängigkeit», München: C H Beck, 2023, 304 Seiten mit 10 Abbildungen und 1 Karte. ISBN 978-3-406-79941-9. Broschur 18,00 €, e-Book 12,99 €

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