Reportajes

La cola de un año muy mediocre

ClasicayOpera.cl
viernes, 25 de octubre de 2002
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0,0001441 Se termina la temporada lírica en el Teatro Municipal que, así como suele ofrecer un título de gran trabajo, dificultad e importancia para el propio Teatro en los inicios de sus presentaciones –en anteriores ocasiones fue Wozzeck y Los Maestros Cantores de Nüremberg, y este año, Orfeo y Eurídice-, deja para el final un título no tan determinante y, más bien, de “relleno”. Cabe aclarar que, aunque me pareció, y lo he dicho en incontables ocasiones, bastante mediocre la elección de títulos para esta temporada, El Elixir de Amor, por extraño que parezca, es el que menos discutiría. Esto, porque comprendo que el Teatro Municipal, así como debería, en mi opinión, abrirse a nuevas formas de hacer lírica y facilitarle a ciertos públicos títulos que no se han hecho accesibles hasta ahora –me refiero a la ópera contemporánea sobre todo-, también tiene que abrirle sus puertas a públicos menos versados que buscan en la ópera un espectáculo magnífico como otro no hay y pasar un rato agradable, aunque le aburra el género. Eso es válido también.Presentado el título, cabe hacer, como de costumbre y como lo exige el protocolo, algunas acotaciones acerca del autor y la obra y presentar a grandes rasgos el elenco. No será otra cosa lo que haré.Nótese que se hablará de una obra típica de un compositor típico del romántico italiano que, en términos generales, es la época y el lugar de mayor producción lírica en toda la historia de la música. Tal es la influencia al día de hoy de este género y período que los conjuntos instrumentales que no hagan ópera en Italia, tienen muy pocas probabilidades de presentarse en sus propios escenarios porque la ópera lo copa todo y, por cierto, todas las preferencias del público. Al sentarme a escribir esta nota me sorprendió grandemente, una vez más, el imponente listado de óperas compuestas por Gaetano Donizetti; y no sólo es eso sino también la cantidad de títulos famosísimos y muy habitualmente ejecutados en todos los escenarios del mundo. De los 65 títulos que llegué a contar –seguro me faltaron un par-, al menos diez están dentro del “top 50” de la ópera, considerando Anna Bolena, Don Pasquale, L'elisir d'amore, La favorita, La Fille du régiment, Lucia di Lammermoor, Lucrecia Borgia, Maria Stuarda y Roberto Devereux, entre las más conocidas.Entre ellas, L'elisir d'amore ocupa un espacio muy relevante porque se trata de la ópera bufa italiana por antonomasia. Combinando las distintas vertientes de L'opéra Comique francesa, las óperas “gioccosi” de Mozart y, por sobre todas las cosas, la influencia belcantista de Rossini –el compositor más afamado y respetado de sus tiempos de joven-, con el libreto presentado por Felice Romani, basado en la obra Le Philtre, del dramaturgo francés Eugéne Scribe, Donizetti sentó las bases, en solamente 7 días –lo que se tardó en escribir la partitura-, de todo un movimiento que llegaría hasta principios del siglo XX, con el Falstaff de Verdi y más allá.La historia es extremadamente sencilla: se trata de un burdo campesino –Nemorino- que, llegado a una villa, se enamora perdidamente de, por supuesto, la señorita más linda de todas –Adina-. Como suele suceder en este tipo de culebrones venezolanos, mientras todas las demás eran medio pérfidas e interesadas, Adina era todo amor verdadero y dulzura. El problema de siempre se presenta cuando Adina debe casarse de apuro con Belcore, un soldadete de cuarta con aires de gran galán, que ha de partir a la guerra. En medio del embrollo aparece Dulcamara, un médico estafador que ofrece a Nemorino un elíxir de amor con el que atraerá la atención de Adina.Por supuesto, el elíxir no es más que una farsa –vino en realidad- pero, al final, Nemorino se las arregla para hacerse ver por su amada, que comprende la pureza de su amor. Como no podía ser de otra manera, los amantes se juntan y todos felices comen perdices, menos Belcore, que se queda con los perdigones. En definitiva, un cuento que hasta un niño de nueve años consideraría aburrido y predecible, llevado al gran espectáculo de la ópera, con música muy bonita y melodías pegajosas.Como es costumbre, se presenta para esta obra la Orquesta Filarmónica de Santiago, esta vez dirigida por el maestro Ralf Weikert y el Coro del Teatro Municipal, que dirige Jorge Klastornick. La producción es de Ramón López –cuyos últimos trabajos han dejado bastante qué desear- y Germán Droghetti y la régie de Gianfranco Ventura. Para las funciones de Opera Internacional, el elenco estará compuesto por el tenor español Javier Palacios –Nemorino-, el barítono rumano Marian Pop –Belcore-, el bajo-barítono italiano Andrea Concetti –Dulcamara- y la soprano austríaca Henriette Bonde-Hansen –Adina-. En las noches de Encuentro con la Ópera dirige la Orquesta y el Coro el maestro Miguel Patron Marchand y cantan Luis Olivares –Nemorino-, Patricio Sabaté –Belcore-, Rodrigo Navarrete –Dulcamara- y Claudia Pereira -Adina-.Como dije en un principio, una obra livianita para terminar la temporada, especial para todos quienes no tengan muy buena relación con la ópera y quieran asistir a un bonito espectáculo –que, por cierto, siempre lo es- y para su gran cantidad de “fans” –que los hay.
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