Artes visuales y exposiciones

Ignacio Zuloaga redescubierto en Alemania

Juan Carlos Tellechea
viernes, 13 de octubre de 2023
Mythos Spanien. Ignacio Zuloaga © 2023 by Deutscher Kunstverlag Mythos Spanien. Ignacio Zuloaga © 2023 by Deutscher Kunstverlag
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Una espectacular fiesta para los ojos resulta ser la obra de Ignacio Zuloaga presentada por primera vez de forma completa en Alemania en una gran muestra titulada Mythos Spanien (El mito de España), que tiene lugar en la Kunsthalle de Múnich desde el 15 de septiembre al 4 de febrero de 2023. En este país apenas se le conoce al pintor vasco. Sin embargo, modeló como ningún otro la imagen que los alemanes tienen de España.

Mythos Spanien, que reúne unas 80 pinturas del artista, entre ellas numerosas obras clave procedentes de colecciones públicas y privadas de Francia, México, Argentina, Estados Unidos y Suecia, así como de Alemania, España y otros países, promete atraer enorme cantidad de público a la capital de Baviera en estos meses de otoño e invierno.

Ignacio Zuloaga, «La enana Doña Mercedes», 1899. © 2023 by bpk | RMN – Grand Palais | Hervé Lewandowski.Ignacio Zuloaga, «La enana Doña Mercedes», 1899. © 2023 by bpk | RMN – Grand Palais | Hervé Lewandowski.

Casi ningún otro artista configuró tanto como Ignacio Zuloaga la imagen de España en el extranjero en torno a 1900: toreros y animosas bailaoras de flamenco; enanos, mendigos y brujas que invocan el legado artístico de Diego Velázquez y Francisco de Goya; ascetas y penitentes en vastos paisajes marchitos bajo un sol deslumbrante; la vida sencilla de la población rural.

Imágenes genuinas

Cualquiera que se haya introducido en la España profunda, abandonando los sitios turísticos de sus costas mediterráneas, reconocerá las imágenes plasmadas por Zuloaga en sus lienzos. Múnich está predestinada para este intento de dar a conocer a un europeo ideal, defensor de las buenas tradiciones de su propio país y, al mismo tiempo, con una mirada amplia más allá del horizonte nacional.

Hace ciento diez años fue homenajeado en la capital bávara con una exposición de 25 de sus cuadros; antes, en 1905, la revista Jugend, que dio nombre al Jugendstil, había puesto uno de sus cuadros en portada. Mantuvo una estrecha comunicación con Rainer Maria Rilke (1875-1926), quien le pide perdón de antemano por su francés imperfecto en la carta aquí expuesta.

En tiempos de creciente industrialización y de incipiente orientación de España hacia el modernismo europeo, Zuloaga quiso preservar el "alma española" con este tipo de escenas, con las que celebró el éxito internacional. Incluso en vida, Zuloaga tocó la fibra sensible del público de este país: en sus representaciones, una España percibida como "real" y auténtica se funde con el lugar exótico-mítico de añoranza que ya imaginaron los románticos alemanes a principios del siglo XIX.

Ortega y Gasset

Esta es la fuerza de Zuloaga: ser un creador de mitos, escribía el famoso filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955). Entre 1900 y 1914, Zuloaga expuso muchas veces en Alemania. Sus cuadros fueron adquiridos tanto para museos como para colecciones privadas, y figuras literarias y artísticas como Rainer Maria Rilke, Paul Klee (1879-1940) y August Macke (1887-1914) se inspiraron en sus pinturas. En 1912/1913 se celebró en Múnich una exposición con 25 de sus obras.

En España, sin embargo, la visión personal de Zuloaga sobre su tierra natal, que muchos compatriotas criticaron por antipatriótica, provocó encendidos debates; durante mucho tiempo se le negó el reconocimiento oficial. En un país sumido en una profunda crisis tras la guerra con Estados Unidos en 1898 y la pérdida de sus últimas colonias importantes de ultramar, su pintura se convirtió en una cuestión política. En sus cuadros abordó nada menos que la gran cuestión de la identidad de España: ¿tradición o modernidad, reflexión sobre lo propio o apertura a Europa?

La exposición presenta la trayectoria artística de Zuloaga en nueve capítulos temáticos y sitúa al pintor en el contexto histórico-cultural de su tiempo. Esto incluye los estrechos vínculos con las figuras literarias de la llamada Generación del 98 y la cuestión de la imagen que España tiene de sí misma o de sí misma como país extranjero dentro de Europa, así como las conexiones de Zuloaga con la vanguardia parisina.

Manipulado por el franquismo

Ignacio Zuloaga, «Cristo sangrante», 1911. © 2023 by Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.Ignacio Zuloaga, «Cristo sangrante», 1911. © 2023 by Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

En el plano internacional, Zuloaga ya era una estrella cuando, con más de 50 años, encontró por fin el reconocimiento en su propio país: En 1926, el Círculo de Bellas Artes de Madrid acogió su primera exposición individual en España. Diez años más tarde, tras el golpe militar de junio de 1936, el general Francisco Franco intentó orquestarlo - contra el malvado progreso y el espectro de la modernidad.

Cuando en abril de 1937 los franquistas destruyeron gran parte de la ciudad natal de Zuloaga, Eibar, y la casa donde había nacido, se culpó a los comunistas del desastre. Y el pintor se dejó cegar. Primero Zuloaga fue considerado antipatriota, luego el dictador Franco le cortejó. En cualquier caso, la relación con los fascistas fue compleja y no exenta de manipulaciones, Zuloaga no fue un caso aislado entre artistas e intelectuales, aunque el entusiasmo inicial pronto dio paso a la decepción.

El hecho de que Franco regalara tres de sus cuadros a Adolf Hitler en julio de 1939, presumiblemente como agradecimiento por el envío de la Legión Cóndor, es un detalle espeluznante de esta apropiación y también tuvo su efecto en la recepción. Zuloaga retrataría varias veces al dictador español. En el retrato más conocido, de 1941, que ya no es de dominio público -con una bandera roja frente a un paisaje rocoso- Franco mira con cierta inocencia a lo lejos. Uno podría pensar en las poco favorecedoras representaciones que Goya hizo de la familia real, y en quién sabe cuánto le habrá dolido al realmente liberal Zuloaga. Murió de un ataque al corazón en octubre de 1945, a la edad de 75 años. Por lo tanto, ha llegado el momento de volver a explorar esta asombrosa obra.

Técnica museística moderna

Ignacio Zuloaga, «Bailarina», 1912. © 2023 by Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.Ignacio Zuloaga, «Bailarina», 1912. © 2023 by Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

Agregar aquí que con cerca de 350.000 visitantes al año, la Kunsthalle München es uno de los recintos de exposiciones más renombrados de Alemania. Situado en pleno centro de Múnich, acoge tres grandes exposiciones al año sobre una amplia variedad de temas. Alrededor de 1.200 m2 de espacio expositivo están equipados con la tecnología museística más avanzada y ofrecen una plataforma digna para obras de arte de los géneros más diversos: pintura, escultura, artes gráficas, fotografía, artesanía, diseño o moda. Las exposiciones monográficas y los proyectos temáticos se alternan, pero los enfoques interdisciplinarios también encuentran su lugar en su versátil programa. Mito de España. Ignacio Zuloaga es una exposición que se realiza en cooperación con el Bucerius Kunst Forum, de Hamburgo. La exposición podrá verse allí del 17 de febrero al 26 de mayo de 2024.

Recepción en Alemania

La exposición aborda también su recepción específica en Alemania, vinculada asimismo a la compleja relación de Zuloaga con el gobierno franquista y su instrumentalización por el régimen fascista. Además, la muestra rompe con la clasificación establecida, pero demasiado miope, de Zuloaga como pintor de la España melancólica, sombría y "negra", en contraste, por ejemplo, con Joaquín Sorolla (1863-1923) como representante del lado alegre, folclorista y "blanco". La obra de Zuloaga se ilumina de nuevo en toda su complejidad. Con este proyecto, la Kunsthalle de Múnich también da continuidad a las exposiciones de 2016/2017 sobre el Siglo de Oro español y Joaquín Sorolla.

Comparada con los cuadros de Sorolla, que captaba la luz del sol español con pinceladas virtuosas e impresionistas, la pintura de Zuloaga se presenta como un contraste, por así decirlo. Con colores predominantemente oscuros, este último no pretendía otra cosa que plasmar en el lienzo el ''alma española''. Para ello, evitó las escenas de niños bañándose y señoras vestidas de blanco disfrutando en la playa en verano, describe el historiador del Roger Diederen, director de la Kunsthalle der Hypo-Kulturstiftung, de Múnich, en el catálogo de la muestra publicado por la prestigiosa editorial Deutscher Kunstverlag, de Berlín y Múnich, empresa de la no menos renombrada Walter de Gruyter S.R.L, especializada en importantes ediciones académicas.

El primer capítulo de la muestra está dedicado a los comienzos artísticos de Zuloaga y a sus primeros años en París: en 1889, el joven pintor, que procedía de una distinguida familia vasca de artesanos, se trasladó a la capital francesa, centro internacional del mundo del arte. Inspirado por los experimentos formales de un Edgar Degas (1834-1917), los arreglos monocromos de James McNeill Whistler (1834-1903) y los estudios de ambiente de tonos delicados de su compatriota Ramón Casas (1866-1932), creó escenas de cafés y calles, así como sus primeros retratos comprometidos con el naturalismo.

Maurice Ravel

París fue una constante importante en la vida de Zuloaga, un lugar al que volvía una y otra vez; compartió estudio con Paul Gauguin. Bien relacionado no solo en el mundo bohemio sino también en la alta sociedad cosmopolita de la metrópoli y amigo de estrellas de la escena cultural como Auguste Rodin (1840-1917), Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901) y Maurice Ravel (1875-1937), también buscó conscientemente la proximidad de las clases sociales bajas durante numerosas estancias en España. Zuloaga se convirtió en un cruzador de fronteras. Sus numerosos viajes y sus largas estancias en el París moderno le abrieron una nueva perspectiva de su tierra natal.

Como muchos de sus contemporáneos, Zuloaga veía el carácter arcaico y original del país amenazado de desaparición por el progreso y la creciente europeización de España. Quiso preservar esta identidad en sus cuadros y la expresó de forma míticamente exagerada. La recepción por Zuloaga de los maestros del Siglo de Oro, especialmente El Greco (1541-1614) y Diego Velázquez (1599-1660), así como de Francisco de Goya (1746-1828), tema del segundo capítulo de la exposición, desempeña un papel decisivo en la búsqueda de la esencia de lo español. Con una mirada moderna, pero igualmente respetuosa y al mismo tiempo melancólica, hizo protagonistas de sus cuadros a figuras marginadas de la época, como la gente humilde y los mendigos.

Lo español y lo francés

Ignacio Zuloaga, «Celestina», 1906. © 2023 by Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.Ignacio Zuloaga, «Celestina», 1906. © 2023 by Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

El tema abordado en el tercer capítulo, que el artista localiza tanto en su entorno francés como en el español, es el ambiente de la prostitución, retomado con frecuencia en el arte en torno a 1900. En la obra de Zuloaga conviven escenas callejeras parisinas con interiores con damas mundanas españolas. Sus representaciones del espectro de la atracción femenina, desde sus primas coquetas hasta la figura desnuda de La moza, se caracterizan por una ambivalencia deliberada en la que las transiciones entre el encanto recatado y la seducción de mala reputación son fluidas.

Los capítulos cuarto y quinto, vinculados biográficamente al período sevillano de Zuloaga (hacia 1894-1898), tratan de representaciones de influencia folclórica en torno a los temas de la tauromaquia y el baile flamenco. Ambos motivos están estrechamente ligados a la cultura de los gitanos españoles, entre los que Zuloaga mantuvo contactos amistosos durante décadas.

Ignacio Zuloaga, «Retrato de Juan Belmonte», 1924. © 2023 by Kuntshalle München.Ignacio Zuloaga, «Retrato de Juan Belmonte», 1924. © 2023 by Kuntshalle München.

Tras el refinamiento de París, el mundo de los toreros, donde el propio pintor aprendió el arte del toreo, ofrecía el mayor contraste posible. Mientras que la tauromaquia era un elemento central de la España negra y "bárbara" en la perspectiva exterior, Zuloaga prácticamente se desentendió del derramamiento de sangre real. En su lugar, se concentró en el retrato de toreros individuales, así como en las costumbres y prácticas que rodean el ritual de la lidia.

Mujer exótica y Castilla

En sus numerosos cuadros de bailarinas y gitanas, Zuloaga establece un tipo femenino de mujer exótica andaluza que toma prestado de la famosa figura de Carmen, al tiempo que su cercanía a la comunidad gitana se refleja en representaciones muy individuales que rompen con los estereotipos. En 1898, el traslado de Zuloaga a Segovia marca el inicio de su etapa laboral más importante. El sexto capítulo de la exposición se centra en las pinturas que a menudo fueron recibidas como símbolos de la España negra.

Ignacio Zuloaga, «Francisco y su mujer», 1909. © 2023 by Museo Franz Mayer, Ciudad de Mçexico.Ignacio Zuloaga, «Francisco y su mujer», 1909. © 2023 by Museo Franz Mayer, Ciudad de Mçexico.

Este sexto apartado se centra en las representaciones que Zuloaga realizó en Segovia y sus alrededores del paisaje yermo y agreste y de sus habitantes "arquetípicos". Sus escenas contribuyeron decisivamente a la difusión del "mito castellano": Castilla, encarnación de los orígenes históricos de España, fue elevada a paisaje nacional; sus gentes, sinónimo de originalidad y autenticidad, representaban el "espíritu del pueblo". Un grupo importante de obras de la época segoviana son también los numerosos cuadros de las primas de Zuloaga que vivían allí, tratadas, sobre todo en el extranjero, como epítome de la auténtica sensualidad española y de la feminidad inocente e informal.

Religión y retratos

Ignacio Zuloaga, «El cardenal», 1912. © 2023 by Museo de Bellas Artes de Bilbao.Ignacio Zuloaga, «El cardenal», 1912. © 2023 by Museo de Bellas Artes de Bilbao.

El tema del séptimo capítulo son las escenas religiosas de Zuloaga, que a menudo se inspiran en la piedad popular española. Al estar ancladas en las tradiciones del catolicismo místico, que perduran hasta nuestros días en las procesiones anuales de Semana Santa, las representaciones fueron percibidas en el extranjero como una parte fascinante del patrimonio cultural español. El hecho de que Zuloaga también tocara notas críticas e irónicas queda ilustrado, por ejemplo, por el cuadro El Cardenal, que alude a la Inquisición y para cuyo alto dignatario el artista hizo posar como modelo a un viejo obrero.

Las dos últimas salas de la exposición tratan de los retratos de Zuloaga, que incluyen imçagenes representativas por encargo, así como representaciones íntimas y privadas de amigos y colegas, y de la relación entre retrato y paisaje. Escenas autónomas de la naturaleza con vastas extensiones de tierra yerma se exhiben junto a los "retratos paisajísticos" del artista, para los que desarrolló un lenguaje pictórico único: a menudo combinaba figuras de forma sintética con paisajes urbanos cargados de mito, como Toledo o Ávila, dominados por cielos dramáticos.

Al hacerlo, no buscaba una representación naturalista, sino que, por el contrario, aludía conscientemente -por ejemplo, con diversos efectos de iluminación- a la ruptura entre los dos niveles de la imagen. Como antiimpresionista declarado, Zuloaga no buscaba lo momentáneo, sino que entendía el paisaje como una "extensión" de la figura, que expresaba la esencia de la modelo, como una proyección de su alma.

Con esta interrelación entre lo privado y lo público, de la figura y el paisaje, la exposición cierra el círculo de una obra que refleja una personalidad artística ambivalente en un mundo convulso: Zuloaga fue un bohemio burgués, un cosmopolita moderno y un castizo romántico-nostálgico por elección, un representante de la España alegre y luminosa y también de la España trágica y sombría; fue apolítico y al mismo tiempo se implicó al máximo en política, fue combatido y venerado. Con todas estas facetas, sus obras siguen siendo hoy el epítome del mito de España.

Notas

Roger Diederen, Nerina Santorius und Carlos Alonso Pérez-Fajardo, «Mythos Spanien. Ignacio Zuloaga 1870–1945», München: Deutscher Verlag, 2023, 216 Seiten, 168 Farbabbildungen. ISBN 978-3-422-80094-6 Hardback 48,00 €

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