España - Cataluña

Es peligroso volver donde has sido feliz

Xoán M. Carreira
martes, 7 de noviembre de 2023
Jan Willem de Vriend © 2022 by H. Morren Jan Willem de Vriend © 2022 by H. Morren
Barcelona, viernes, 3 de noviembre de 2023. Auditorio de Barcelona. Narek Hakhnazaryan, violonchelo. Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC). Jan Willem de Vriend, dirección. Antonín Dvořák: Concierto para violonchelo en si menor, op 104. Franz Joseph Haydn: Sinfonía nº 104 en re, “Londres”. Asistencia: 95% del aforo.
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La Orquesta Ciudad de Barcelona fue la primera orquesta sinfónica digna de ese nombre que escuché y tuve la fortuna de escucharla a menudo en la década de los 1970 interpretando el gran repertorio internacional y descubriendo con ellos -y su director Ros Marbá- joyas del repertorio catalán como la música de Toldrá (su fundador en 1944 y su primer director), Montsalvatge o Guinjoan.

Esta orquesta y el Palau de la Música Catalana (su sede entonces) ha sido uno de los instrumentos significativos de mi educación estética y una de las puertas de acceso a mi interés por la música sinfónica. Décadas después su calidad había disminuido -como reflejan las grabaciones de la obra sinfónica de Enrique Granados- y estaba muy interesado en volver a escucharla en dos obras maestras del repertorio canónico. A poco de comenzar el concierto mi interés se tornó en incredulidad y, de la mano de Haydn, en pasmo.

A juzgar por lo escuchado (y la lectura previa del libro de los conciertos de su temporada), la OBC es una formación indisciplinada, carente de estrategias, objetivos, y autoestima; su sonido es desabrido, no hay un control dinámico uniforme, lo que evidencia que han perdido la capacidad de escucharse, y debido a ellos los errores son tan frecuentes que por momentos son incapaces de tocar juntos, como se evidenció a lo largo de la Sinfonía de Haydn, en la que pudimos escuchar momentos que serían jocosos en una parodia musical pero son desoladores en una orquesta tan simbólica para su comunidad como la OBC. 

Narek Hakhnazaryan controla a la perfección su bello sonido que agradeció el envoltorio acústico ofrecido por el Auditori, como dejó patente en la preciosa melodía armenia que nos obsequió tras su excelente interpretación del Concierto de Dvořák. Hakhnazaryan goza de claridad conceptual, direccionalidad del discurso y lógica retórica, virtudes intelectuales que pone al servicio de una comunicatividad tan fluida que convierte en "sencillas" sus articulaciones, sus fraseos, sus dinámicas y sus expansiones. 

Vriend es un director veterano que entendió la situación y la afrontó con las estrategias de un director coral: marcarlo todo con gestos amplios, control férreo de cada grupo, máxima expresividad facial -casi cantando- y frecuente empleo de todo el cuerpo poniendo en riesgo su propio decoro. Su objetivo evidente era impulsar a la orquesta a seguir tocando con o sin errores, y haciendo caso omiso de los esporádicos 'horrores'. 

Lo consiguió acompañando al solista, e incluso concertando amplios pasajes, pero -como antes he dicho- fracasó en su intento de conjuntar la ejecución de la Sinfonía ‘Londres’. Las sinfonías de Haydn son siempre una carrera de obstáculos, entre los cuales el sentido del humor del autor se puede convertir en un obstáculo infranqueable cuando los instrumentistas carecen de visión lateral. Es en casos como este en los que los directores como Vriend dejan patente su condición de maestros. 

Por cierto, el Concierto para violoncello y la Sinfonía Londres fueron compuestas con una distancia temporal de cien años. Una circunstancia que no mencionan las notas de programa de Eva Sandoval, ni hubiera sido necesario hacerlo si dichas notas dedicasen mayor atención a proporcionar información actualizada y contrastada sobre las obras y sus autores. Pero se da el caso de que a lo que dedica atención preferente Sandoval es a imaginar supuestos paralelismos vitales y políticos entre Dvořák y Haydn mientras ignora el siglo exacto que media entre las dos obras. 

El público mostró su afecto por la OBC con cálidos aplausos. Yo no tuve ánimos para hacerlo ni siquiera apelando a la cortesía debida que se espera de un invitado. Siempre es peligroso volver donde has sido feliz. 

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