España - Castilla y León

Desconexiones felices

Samuel González Casado
jueves, 16 de noviembre de 2023
Cristina Gómez Godoy © OSCyL Cristina Gómez Godoy © OSCyL
Valladolid, viernes, 10 de noviembre de 2023. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Bretón: Tabaré: obertura. Strauss, R.: Concierto para oboe y pequeña orquesta en re mayor. Prokófiev: Cenicienta (selección). Cristina Gómez Godoy (oboe). Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Thierry Fischer, director. Ocupación: 95 %
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Agradable concierto de la OSCyL para su programa n.º 4, en el que lo más destacado fue, como en ocasiones anteriores, la intervención solista y, como siempre que dirige Thierry Fischer, las segundas partes de lucimiento sonoro. Efectivamente, Cristina Gómez Godoy, con un concepto muy personal del Concierto para oboe y pequeña orquesta, de Richard Strauss, supo compensar la total falta de expansividad (pos)romántica con su extrema pulcritud y homogéneo sonido, inmaculado, ideal para que el público se sumergiera en su parte sin el más mínimo sobresalto. Los pianos estuvieron impecablemente elegidos y las enormes dificultades de fiato que exige Strauss muy bien solventadas, aunque seguramente la procesión iría por dentro. Respecto al acompañamiento, la cuerda se debería haber recogido más en el primer movimiento, porque sonó poco controlada y más bien difusa, pero en general hubo adecuadas dosis de color y se apoyó con mucho respeto a la solista.

Se había comenzado con la obertura de Tabaré, de Bretón, una obra interesante pero muy desconectada del resto que fue defendida con suficiente prestancia por director y orquesta, aunque desde luego no se evitó bastante confusión en algunos pasajes y también cierto desinterés; al contrario que en la selección de Cenicienta, de Prokófiev, donde se intuía que Fischer estaría en su salsa, y así fue: mucho mejor sonido de la cuerda aguda, con la estupenda presencia habitual que el titular logra con este tipo de obras para gran orquesta; muy expresiva culminación de los momentos álgidos (terroríficos vals y campanadas); estupendas maderas y metales, que se las arreglaron adecuadamente en difíciles papeletas; y, en especial, perfecta caracterización de cada número, aunque no sé hasta qué punto los ocho elegidos transmitían una idea global de ballet, pese a suponer un recorrido bastante lógico.

Concierto, pues, interesante, con obras que, si bien tienen poca conexión, no son demasiado habituales y sí en general lucidas (buen criterio este), programa de mano en parecidos términos formales a ocasiones anteriores y excelente entrada de público entusiasta que posteriormente llenó el bar como pocas veces se había visto, si exceptuamos aquellos “buenos tiempos” de música en directo y tapas variadas en la otra zona de ocio del CCMD (creada ad hoc), mucho más cómoda, agradable a la vista y hoy descartada, supongo que por típicas cuestiones administrativas.

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