España - Cataluña

Una gran autopista hacia los oídos de la gente

Conrado Xalabarder

martes, 5 de noviembre de 2002
Barcelona, sábado, 26 de octubre de 2002. L'Auditori. Programa: Música de John Williams. The Cowboys. ET el extraterrestre. Salvar al Soldado Ryan. La lista de Schindler. Harry Potter y la piedra filosofal. En busca del arca perdida. Las cenizas de Angela. JFK. La Guerra de las Galaxias. Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC.) Directora, Rachel Worby. Temporada OBC. Ocupación: 100%.
---
Los más puristas suelen decir: “nada nuevo en el horizonte” al escuchar la música de John Williams, pero probablemente no reparen en que el cine no es necesariamente un vehículo para canalizar novedades, experimentaciones o lenguajes atrevidos (aunque también lo ha sido, claro). El cine es, como lo definió Erich Wolfgang Korngold, “una gran autopista hacia los oídos de la gente, y todo compositor debería verlo como una gran oportunidad musical”.El gran mérito de Williams fue recuperar, en la década de los 70, la música sinfónica de finales del XIX y ‘normalizarla’ en el cine. Un buen compositor de cine no es necesariamente el que hace mejor música, sino el que le da a su música el máximo y mejor sentido cinematográfico. Los grandes compositores de cine han sido, esencialmente, cineastas.Porque el cine necesita de la música para existir. Y realizadores tan prestigiados como John Ford, Alfred Hitchcock, François Truffaut o Roberto Rosellini lo sabían bien: ellos detestaban la idea de tener que emplear música. Pero tuvieron que recurrir a ella, con cierta abnegación, pero también con inteligencia.John Williams está entre los grandes porque ha sabido hacer que la música sinfónica llegue a todo tipo de públicos, incluso a aquellos que jamás han reparado en su existencia. Pero especialmente está entre los grandes porque con su música, las películas han sido mejores. Y eso es impagable.El concierto rindió tributo a su labor, con la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya, dirigida hábilmente por Rachel Worby. Se inició con una suite del western John Wayne y los cowboys (The Cowboys, 1972), partitura en la que el compositor se acercó a las fuentes melódicas del gran Aaron Copland y que supuso un comienzo vibrante, enérgico, muy bien ejecutado.Siguió con una interpretación algo descompensada (quizás, lenta en exceso) de la no menos espectacular ET, el Extraterrestre (ET The Extra-Terrestrial, 1982), una de las evidencias de que la música, a veces, es también puro cine. Siguió con un difícil soliloquio escrito para trompeta, que se correspondió a la banda sonora de la película Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998) y luego un muy aplaudido violín solista (el concertino estuvo brillante, pero se echó en falta al original Itzhak Perlman) para La lista de Schindler (Schindler’s List, 1993), una de las más compromentidas y sentidas creaciones de John Williams.El empleo de la música sinfónica como puro divertimento, ligero y desenfadado, pero cuidadosamente elaborado fue expuesto en la amplia suite de Harry Potter y la piedra filosofal (Harry Potter and the Philosoper’s Stone, 2001), pieza que la orquesta interpretó con soltura, al igual que la marcha de En busca del arca perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981), un icono musico-cinematográfico de los ochenta.El concierto siguió con la ejecución de una de las creaciones más notables del llamado Williams intimista: Las cenizas de Ángela (Angela’s Ashes, 1999), drama extremo cuya partitura evitó implicarse emocionalmente en los acontecimientos trágicos del argumento y que funciona como contrapunto a éstos, sobre la base de la creación de una atmósfera con estructura melódica estable, que evita caer en el victimismo y profundiza, hábilmente, en el concepto del dolor. Fue uno de los momentos más brillantes del concierto.Siguieron la atrevida JFK: caso abierto (JFK, 1991), una de las creaciones más atípicas del compositor y, también, una de sus grandes muestras como cineasta, y se cerró con la nunca lo bastante aplaudida La Guerra de las Galaxias (Star Wars, 1977), aquella mítica partitura que logró en su momento que, súbitamente, la música sinfónica se convirtiera en un fenómeno de masas y también en todo un ejemplo de narrativa cinematográfica, desde la perspectiva musical.Fue un concierto notable, con una orquesta entregada pero no del todo convencida de que lo que estaban interpretando era serio, muy serio. Cuando se ofrece un concierto de música de cine, se debería tener muy claro que, siquiera por unas horas, se está rindiendo tributo al Séptimo Arte, que es otro arte, hermanado con el de la música gracias a la labor de compositores como Williams.Y ahora la pregunta del millón: ¿Cuándo los programadores de l’Auditori se darán cuenta de lo necesario, rentable y útil que sería traer conciertos de Ennio Morricone, Nino Rota, Patrick Doyle, Georges Delerue o de compositores españoles como Ángel Illarramendi o Roque Baños?. Que no tengan miedo. La venta de entradas la tienen garantizada.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.