Reportajes

La aventura mozartiana de La Coruña

Antonio Moral

jueves, 29 de marzo de 2001
Que Mozart sea el centro de nuestra tarea es algo fácil de comprender. Y también lo es el hecho de que la ópera sea una parte fundamental en nuestra programación. La obra mozartiana es una especie de bálsamo para el aficionado y una estupenda puerta de entrada que permite al neófito adentrarse por los meandros de ese maravilloso mundo que es la música. El genio de Salzburgo se hizo imprescindible en todos los géneros que cultivó, y además lo fue de forma absolutamente generosa. De sus veinte óperas, al menos diez son indiscutibles obras maestras; como lo son sus últimas sinfonías, casi todos sus conciertos para piano, la música religiosa, buena parte de sus sonatas para piano o los diez últimos cuartetos de cuerda. El autor de La flauta mágica no solo fue un genio difícil de igualar, sino que también fue el eslabón natural entre la música de Bach y Händel y la de Schubert y Beethoven, fue el gran protagonista de una época trascendental de la historia de la música.Nuestra aventura coruñesa, que este año llega a su cuarta edición, partió de la experiencia acumulada en el Festival Mozart de Madrid, pero, como es lógico, en la capital gallega se ha emprendido un camino propio con unos planteamientos artísticos completamente diferentes aunque coincidentes en muchos aspectos. Durante los tres primeros años del festival se intentó perfilar una oferta musical coherente y racional, acorde a las características de una ciudad española de tipo medio como es La Coruña. Aunque en el primer Festival sólo se pudieron programar óperas en versión de concierto, ya en la segunda edición se dio un importante salto, con la puesta en escena de las dos primeras obras: El barbero de Sevilla de Rossini y Così fan tutte de Mozart. Después, en la tercera, llegaron Las bodas de Fígaro -con el debú operístico en España del maestro zamorano Jesús López Cobos- y Don Giovanni, ambas de Mozart, e Il Viaggio a Reims, en la primera producción propia que estrenaba el Festival, y que se saldó con un enorme éxito de público y de crítica. Con esta cuarta convocatoria se inicia una nueva etapa: la de la consolidación definitiva de un proyecto cultural que pretende ser cada día un poco más ambicioso en su faceta artística, pero manteniendo unos presupuestos económicos ajustados (235 millones de pesetas para la presente edición). El pasado año, nuestra oferta operística suscitó el interés y la visita de gentes venidas de toda España, reconociendo el interés y el valor de algunas de las propuestas escénicas que se presentaron. Esperamos que este año suceda lo mismo con las dos nuevas producciones que se estrenan: La flauta mágica de Mozart, ideada por el popular grupo catalán de Els Comediants y la que nos propone un joven equipo de artistas españoles, encabezado por Santiago Palés, de la primera producción española que se hace de Zaide, una de las óperas menos difundidas de Mozart a pesar de sus enormes bellezas musicales. La política de producciones propias y de coproducciones con otros teatros o festivales, nos permitirá paulatinamente ir creando y ampliando un repertorio operístico, que el próximo año se enriquecerá con nuevas propuestas escénicas, como la prevista de Così fan tutte, o la recuperación de las producciones exitosas de años anteriores, como lo fue Il viaggio a Reims de Rossini, estrenada en España en la pasada edición.Este año se presentan en La Coruña cinco títulos óperísticos, siete conciertos, tres sesiones camerísticas y cuatro veladas dedicadas al Lied con intérpretes de primera fila. En el apartado lírico se incluyen dos propuestas sobre el mito de Orfeo -L'anima del filosofo, ossia Orfeo ed Euridice, de Haydn, y Orfeo ed Euridice, de Gluck-, uno de los más recurrentes en el Siglo de las Luces, aunque nunca sedujera como tal a Mozart. A Zaide, el primer Singspiel mozartiano, se le une el último que compusiera el genial salzburgués, La flauta mágica, que se representará en una coproducción escénica con el Gran Teatro del Liceu barcelonés. Pero un Festival que se fragua en torno a la figura de Mozart y, por tanto referido al siglo XVIII, no debe olvidar los gustos de la época y el interés que suscitaban algunos temas, tales como las exóticas turquerías o la chispeante ópera napolitana. Es por ello que se ha incluido en la programación de este año, junto a la deliciosa Zaide mozartiana, el (incompresiblemente) poco difundido Turco in Italia, verdadera joya del género bufo italiano y una de las óperas más mozartianas de Rossini. El Turco se recuperará para La Coruña en la bellísima producción de Lluis Pasqual, estrenada en 1990 por el madrileño Teatro de la Zarzuela.En el apartado de los conciertos sinfónicos, figuran tres íntimamente ligados a las propuestas óperísticas: el Réquiem de Mozart, contemporáneo de La flauta, el dedicado a la ópera napolitana de los siglos XVII y XVIII (con la sensacional Cappella de' Turchini de Antonio Florio) y una selección de los primeros Orfeos (Peri, Monteverdi y Rossi), a cargo del siempre inquieto Jordi Savall. El apartado liederístico ofrece los tres ciclos de canciones de Schubert -con un Winterreise en versión escenificada de la Ópera de Nancy que dirigirá escénicamente Pierre Strosser-, además de un recital de arias de óperas de Mozart a cargo de Isabel Rey. A todo ello se unirá la tradicional oferta camerística del Festival con la participación de dos cuartetos de primera fila -Prazak y Mosaïques- y la presentación del joven cuarteto español Casals, al que le aguarda un brillante futuro. Vuelven, al magnífico marco de la Colegiata, Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz de Haydn, como obra recurrente, en esta ocasión servida por el Cuarteto Mosaïques.Desde sus inicios, el Festival se decantó por establecer una estrecha relación con un grupo de intérpretes especializados de reconocido prestigio internacional, con la propuesta de una participación continuada, que no limitara su presencia a una sola producción o a un único año. De esta manera el Festival Mozart podrá contar asiduamente con directores de la talla de Víctor Pablo Pérez, Jesús López Cobos, Gennadi Rojdestvenski, Alberto Zedda, Josep Pons, Antoni Ros Marbà, Rinaldo Alessandrini, Antonio Florio, Fabio Biondi o Jordi Savall y con cantantes como Ann Murray, Isabel Rey, María José Moreno, Véronique Gens, María Bayo, Monica Groop, Patricia Schuman, Ewa Podles, Raúl Giménez, Carlos Chausson, Rockwell Blake o Andreas Schmidt, por citar solo unos pocos. Un festival como el Mozart tiene que ser exigente, no solo en la búsqueda de la mejor adecuación vocal y estilística de sus intérpretes, sino que también ha de cuidar sus posibilidades dramáticas. No puede ser lo mismo representar La flauta mágica o Don Giovanni en un teatro de ópera estable que en un festival temático en el que sobre todo se programa la música del salzburgués. Pero todo esto no sería suficiente, si no se cuenta con una buena orquesta, capaz de llevar a buen puerto todo este complejo tinglado. Afortunadamente, en La Coruña, tenemos la gran suerte de contar con ese magnífico conjunto de profesionales que forman la Sinfónica de Galicia, la autentica columna vertebral del festival. Además este año también recibiremos a la Sinfónica de Castilla y León, que bajará al foso en las representaciones de Orfeo de Gluck, a la vecina Real Filharmonia de Galicia -con su nuevo titular-, a la Cappella della Pietà de' Turchini, al Concert des Nations, y a dos de los mejores coros españoles en el repertorio clásico: el de la Comunidad de Madrid y el del Palau de la Música de Barcelona. El círculo se completa con solistas foráneos de la talla del gran pianista ruso Grigori Sokolov o los conocidos lideristas Andreas Schmidt, Wolfgang Holzmair y Dietrich Henschel. Entre los españoles, no podemos dejar de resaltar la presentación en el Festival de la sensible pianista coruñesa Cristina Bruno, la presencia de las dos jóvenes sopranos Isabel Rey y María José Moreno y los cuatro solistas de la Orquesta Sinfónica de Galicia que participan en los conciertos de esta nueva edición: Massimo Spadano, Vicente Alberola, Casey Hill y Steve Wrangler.

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