Francia

Ópera de París

Prescindible refrito: el sucedaneo pretencioso

Francisco Leonarte
martes, 5 de marzo de 2024
Bieito, The exterminating angel © 2024 by Agathe Poupeney / OnP Bieito, The exterminating angel © 2024 by Agathe Poupeney / OnP
París, jueves, 29 de febrero de 2024. Opéra National de Paris (sala Bastille). The exterminating angel, ópera en tres actos. Música de Thomas Adès. Libretto de Tom Cairns y Thomas Adès a partir del guión original de Luis Buñuel y Luis Alcoriza. Dirección de escena, Calixto Bieito. Decorados, Anna-Sofia Kirsch. Trajes de Ingo Krügler. Luces, Reinhard Traub. Dramaturgia, Bettina Auer. Con Jacquelyn Stucker (Lucía de Nobile), Gloria Trone (Leticia Maynar), Hilary Summers (Leonora Palma), Claudia Boyle (Silvia de Ávila), Christine Rice (Blanca Delgado), Amina Edris (Beatriz), Nicky Spence (Edmundo de Nobile), Frédéric Antoun (Conde Raúl Yebenes), Jarrett Ott (Coronel Álvaro Gómez), Anthony Roth Costanzo (Francisco de Ávila), Filipe Manu (Eduardo), Philippe Sly (Señor Russell), Alberto Roc (Paul Gay), Clive Bayley (Doctor Carlos Conde), Thomas Faulkner (Julio – butler), Julien Henric (Lucas- footman), Nicholas Jones (Enrique – waiter), Andres Cascante (Pablo – cook), Ilanah Lobel-Torres (Meni – maid), Bethany Horak-Hallett (Camila – maid), Régis Mengus (padre Sansón), Arthus Harmonic (Yoli – child). Nathalie Forget, ondas Martenot. Orchestre et Choeurs (Directora del coro, Ching-Lien Wu) de l'Opéra de Paris. Director musical, Thomas Adès.
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¿Conocen ustedes la sensacional película de Luis Buñuel con guión de Buñuel y Alcoriza, El ángel exterminador? ¿Han escuchado ustedes música del siglo XX, de Schoenberg a Berstein pasando por Britten o Penderecki?

Pues entonces no vale la pena que se pasen por París a ver o a escuchar este Exterminating angel pergeñado en 2016 por Adès/Cairn. De verdad que no.

Riesgo = 0

Es bien sabido, al dinero no le gusta el riesgo, prefiere apostar sobre seguro. Cierto es que hubo un tiempo en que las decisiones de dinero podían ser tomadas por gente muy rica pero un poco loca, dispuesta a jugarse grandes sumas por algo o por alguien. De ahí mecenazgos como los del papa Julio II, del rey Ludwig II o del hollywodiense Howard Hughes, a quienes debemos respectivamente el techo de la Capilla Sixtina, buena parte de la producción de Wagner, y Lo que el viento se llevó, por poner tres ejemplos de obras desmesuradas...

Hoy en día, sin embargo, todo mecenazgo pasa por un CEO, es decir un Jefe de toda la vida, sólo que el CEO no es propietario de nada y debe dar cuentas periódicas a sus accionistas y a los miembros de un consejo de administración. Generalmente los CEO son personas que han hecho estudios en los lugares donde se debe estudiar, se han arrimado a las personas a las que debían arrimarse y han tomado siempre la decisión más sabia, aquélla que nunca ha puesto en peligro una empresa, la misma que hubiese tomado toda persona sensata bien informada...

Es decir, que si al dinero nunca le ha gustado el riesgo, a los nuevos decisionarios les causa pavor. Todo riesgo ha de ser controlado, avalado por un gabinete de expertos...

Por eso todos se copian unos a otros («si lo ha hecho Menganito y Fulanito es que yo también debo/puedo hacerlo»), todos toman esencialmente las mismas decisiones, todos vuelven a sacar las mismas viejas recetas.

En la industria del cine, florecen las nuevas versiones de peliculas viejas («remakes»). En las casas de ópera se barajan siempre los mismos títulos y sólo se hacen encargos a compositores que muestren un historial académico sin tacha.

Eso sí, siempre invocando «la innovación». Ya se sabe, «dime de qué presumes y te diré de lo que careces»...

«Innovar, vaya problemón»

En éstas, entre una Traviata y una Tosca (cuyas puestas en escena, para «innovar», encargan a los peores mequetrefes con tal de que creen escándalo) , a los programadores de ópera les llega desde las instancias estatales la obligación de añadir nuevas obras al repertorio, no vayan a decir que la ópera está muerta, que no hay nuevos títulos, etc.

Adès, ‘The exterminating angel’. Director musical, Thomas Adès. Dirección de escena, Calixto Bieito. París, Opéra Bastille, febrero de 2024. © 2024 by Agathe Poupeney / OnP.Adès, ‘The exterminating angel’. Director musical, Thomas Adès. Dirección de escena, Calixto Bieito. París, Opéra Bastille, febrero de 2024. © 2024 by Agathe Poupeney / OnP.

Y hete aquí que un tal Thomas Adès les presenta una fórmula mágica: algo de post-serialismo (si no «no suena a moderno»), algo de melodía (pero no muy melódica, que si es muy melódico «no suena a moderno»), alguna pincelada de instrumentos del siglo XX (una guitarra eléctrica, unas ondas Martenot, que si no «no suena a moderno»), alguna pincelada de vanguardia americana (dos o tres compases repetidos por aquí y por allá, para que «suene a moderno»). Y sobre todo una buena orquestación bien cuidada y una línea de canto que no sea demasiado dura, pero que también tenga algo de sprechgesang (que así seguro que «suena a moderno»).

El director de casa de ópera se dice que, en efecto, aquello «suena a moderno». Pero a moderno del amable, el moderno blandito y cómodo, no el peleón.

Y ni corto ni perezoso, lo programa: porque así rellena el hueco.

Buñuel, Alcoriza y Bergamín

La Guerra Civil Española, inmediatamente seguida de la Segunda Guerra Mundial, echó de España y de Europa en general a la mayor parte de sus élites intelectuales, que se volvieron a juntar fundamentalmente en los EEUU, México y Argentina … aunque no sólo.

En México se encontraron el ya experimentado Luis Buñuel y el joven Luis Alcoriza (autor después en solitario de otras grandes obras como Mecánica Nacional o la brutal El presagio, coguionada por Gabriel García Márquez)

Y entre otras barrabasadas, juntos cometieron una de las grandes obras maestras del cine, El ángel exterminador (el maravilloso título fue idea de José Bergamín) película sin igual en toda la historia del cine. Hoy en día, seguramente nadie tendría los arrestos de financiarla por muy barata que costase ...

Película tan socarrona como seria, tan evidente como críptica, si una obra maestra admite diez interpretaciones, El ángel exterminador de Buñuel admite cincuenta.

Adès, ‘The exterminating angel’. Director musical, Thomas Adès. Dirección de escena, Calixto Bieito. París, Opéra Bastille, febrero de 2024. © 2024 by Agathe Poupeney / OnP.Adès, ‘The exterminating angel’. Director musical, Thomas Adès. Dirección de escena, Calixto Bieito. París, Opéra Bastille, febrero de 2024. © 2024 by Agathe Poupeney / OnP.

Yo no sé a quién se le ha ocurrido tomar esta obra maestra para construir el producto de diseño que nos ofrecen Adès y su libretista Cairns, pero si El ángel exterminador para mí es y será siempre la película de Buñuel/Alcoriza, en aras de la claridad propongo se adopte para la obra de Adès/Cairns el título más adecuado de El refrito inofensivo o El sucedáneo pretencioso.

Ya sé, no era ésa tal vez la intención de los autores de El sucedáneo, pero ¿qué se le va a hacer?

Y es que, ahí donde Buñuel/Alcoriza son socarrones, Adès/Cairns usan la brocha gorda. Ahí donde la película sugiere y evoca, la óperita ahonda en los perogrullos. La realización de Buñuel es toda elegancia asesina; la música de Adès es toda patchwork efectista. Allí donde la obra de 1962 inquieta sin mostrar, la de 2016 aburre mostrando. La primera es sutileza; su refrito es pura grandilocuencia. En el original, el ritmo cinematográfico es de maestro, con una progresión magnífica; en el sucedáneo, se empieza gritando y se termina gritando.

La ejecución

Bieito es un buen director de actores. Y tiene a su disposición un conjunto sólido (y numeroso) de cantantes de muy buen nivel (Amina Edris, Jaclyn Stucker, Hilary Summers, ...) que se dan en cuerpo y alma, tanto actoral como musicalmente.

Adès, ‘The exterminating angel’. Director musical, Thomas Adès. Dirección de escena, Calixto Bieito. París, Opéra Bastille, febrero de 2024. © 2024 by Agathe Poupeney / OnP.Adès, ‘The exterminating angel’. Director musical, Thomas Adès. Dirección de escena, Calixto Bieito. París, Opéra Bastille, febrero de 2024. © 2024 by Agathe Poupeney / OnP.

Eso sí, no le importa a Bieito incurrir en incongruencias (como que desde el principio los unos y los otros se den achuchones delante de todo el mundo como si no les viese nadie, anticipando desde el primer cuarto de hora todo los que nos van a estar sirviendo durante una hora y tres cuartos más; o como que el niño que en principio sólo debiera dar unos pasos llegue hasta la mitad de la estancia y se suba a la mesa acompañado por su preceptor ...). Por otra parte el hecho de no distinguir entre los tres actos, haciendo de todo un acto único en decorado único posiblemente perjudique a la coherencia de la obra, puesto que resulta más difícil expresar el paso del tiempo (maravillosamente gestionado en la película original). Pero francamente, «chi se ne frega?»

Buena iluminación también. Cuidada y eficaz. Elegante. Bonito decorado único (lógico), bonitos trajes (mi único consuelo durante la primera hora fue constatar lo bien cortados que estaban los trajes confeccionados por los talleres de la Ópera de París).

La orquesta dándolo todo también : al frente estaba el propio Adès que la dirigía con entusiasmo, aunque ello implicase cubrir completamente a los cantantes en muchas ocasiones.

Recepción parisina

El público francés (el del día del estreno en París al menos, aunque no hay que descartar invitados etc., en una sala llena al 85 %), encantado. Con la impresión de haber visto «algo fuerte», algo «ingenioso». Conociendo al público parisino, era previsible.

Servidor de ustedes, desde los primeros diez minutos esperando a que se acabara, aburrido.

Cuando después de la representación salí a la calle, en la transitada plaza de la Bastille parisina, el sonido lejano de una ambulancia acompañado del rugir de las motos llamó poderosamente mi atención: por fin escuchaba música fuerte y sincera, y no la engañifa insulsa servida por Adès/Cairn. 

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