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ASMF despliega un Mozart memorable en Bilbao

Joseba Lopezortega
viernes, 15 de marzo de 2024
Tomo Keller © 2024 by Benjamin Ealovega / Musika Música Tomo Keller © 2024 by Benjamin Ealovega / Musika Música
Bilbao, domingo, 3 de marzo de 2024. Festival Musika Música, sala 01 de Euskalduna Jauregia. The Academy of Saint Martin in the Fields. Tomo Keller, concertino-director. [2 de marzo de 2024] Mozart: Sinfonía número 1 y número 41. Aforo: 613. Ocupación: lleno. [3 de marzo de 2024] Mozart: Concierto para violín número 5; Sinfonía número 25. Aforo: 613. Ocupación: lleno.
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A lo largo de los años el modelo del festival Musika Música ha ido probando pequeñas modificaciones, pero en lo esencial no ha evolucionado. Incluso la tentativa de extenderlo a diversos espacios de la ciudad ha terminado, para volver a centralizar toda la oferta en la gran nave nodriza que es Euskalduna: muchos conciertos, programados en una tarde y dos días completos, en un recinto único con varias salas. Esa es la fórmula. 

En cuanto al concepto articulador de la oferta, este año 2024 ha sido “Imágenes”, una opción muy práctica y muy abierta. Por lo demás, ya son conocidas o al menos se han expuesto aquí en años anteriores algunas de las virtudes de un festival que siempre tiene atractivo en su conjunto y que no pocas veces ofrece conciertos verdaderamente importantes.

Es el caso de los dos reseñados, ambos de The Academy of Saint Martin in the Fields haciendo Mozart con Tomo Keller, un violinista magnífico, ejerciendo de director como concertino y como solista. Es notable que esta afamada formación no hubiera tocado desde hace casi treinta años en Bilbao, ciudad en la que existe cierta tradición de orquestas de Cámara gracias, en primer lugar, a la actividad infatigable de la Sociedad Filarmónica, por cuya programación han pasado muchas del más alto nivel. Pero ha sido un festival como Musika Música, de alguna manera el reverso popular de la minoritaria Sociedad, el que ha servido de plataforma para que ASMF volviera a Bilbao -donde actuó en seis ocasiones entre 1976 y 1995-, por lo demás tan cercana a su actividad habitual en Londres. 

Creo que todo asistente a los conciertos de ASMF suscribiría la felicitación a la organización del festival por este éxito. Seria y orgullosa, con un amplísimo abanico de edades y un sonido poderoso, claro y muy vivo, la formación liderada por Keller ha exhibido en Bilbao una gran calidad, una excelencia en su interpretación de las tres Sinfonías de Mozart (1, 25 y 41) y en el Concierto para violín número 5 que no sólo evocan sus años de esplendor, sino que afirman un presente convincente y sugieren un futuro asentado en la cima de la Cámara. Tiene equilibrio, color, fuerza y precisión, un grupo de instrumentistas que deleitan, atril por atril, y una evidente facilidad para transmitir su sonido al público, público que a la manera del gato de Cheshire de Lewis Carroll se transformó en una amplia sonrisa colectiva ávida de escuchar. Creo que esta actitud abierta al gozo del público que acude a Musika Música es un rasgo distintivo del festival y quizá su más elevado patrimonio.

El Mozart de Saint Martin era enérgico, con tiempos muy vivos, más interesante en el brillo que en el lirismo, pero sin obviar que Mozart siempre apela a la introspección. El contraste del primer programa entre la Sinfonía 1 y la 41 enmarcaba el inicio de esa escucha introspectiva en una pregunta quizá imposible de contestar: ¿cómo es posible que Mozart compusiera tan bien? Suscitar en el oyente semejante pregunta, aunque pueda parecer contradictorio por la obvia simpleza del enunciado, no está al alcance de cualquier intérprete, pero Saint Martin parece escribirlo en el aire con mucha inteligencia.

Tomo Keller ofreció un Concierto simplemente fabuloso, propio de un gran virtuoso que sin embargo sirve a la música que interpreta. No se exhibe en el escenario, toca con una presencia muy discreta, facilitando que fluya la grandeza de Mozart a través de su instrumento. Había en esa actitud y en la forma en que se interpretó la obra una afirmación de la intemporalidad de Mozart, de la intensidad de su creación. Fue un Número 5 lleno de belleza y franqueza, muy directo y honesto, como si compendiara y expresara las virtudes de la propia orquesta. 

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