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Josu De Solaun edita con Aria Classics 'Totentanz', su primer disco orquestal con obras de Liszt y Strauss

Redacción
martes, 2 de abril de 2024
Portada de 'Totentanz' © Aria Classics Portada de 'Totentanz' © Aria Classics
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Aria classics ha publicado Totentanz del pianista Josu De Solaun, un disco que incluye obras de Richard Strauss y Franz Liszt. El músico aborda junto con la Orquesta Filarmónica de Moravia de Olomouc (República Checa), dirigida por el estadounidense Jonathan Pasternack, su primer álbum orquestal.

El trabajo discográfico, presente en las principales plataformas del mundo, incluye las obras Burleske para piano y orquesta en re menor TrV 145 de Richard StraussConcierto para piano y orquesta número 1 en Mi bemol mayor, S. 124, Concierto para piano número 2 en La mayor, S.125, y Totentanz S.126 Paráfrasis sobre Dies Irae, o Danza macabra de Franz Liszt, un concierto para piano y orquesta inspirada en la melodía del canto gregoriano Dies Irae [Día del juicio] y en la muerte, tema por el que los compositores sintieron especial fascinación.

Josu De Solaun asegura que “estoy muy emocionado por poder compartir este CD con aficionados y melómanos”; y destaca que “este proyecto es una aventura increíble y ha sido posible gracias al director Jonathan Pasternack y la Orquesta Filarmónica de Moravia; También quiero agradecer especialmente a Aria Classics y a los productores Fernando Arias y Adrienne Sirken su dedicación y apoyo en la realización de este sueño”.

Con este disco, De Solaun y ARIA classics se convierten en el primer pianista y sello español en grabar los dos conciertos para piano y orquesta y Totentanz de Liszt, así como la Burlesca de Strauss junto a un director de referencia ya una de las más antiguas. orquestas de la República Checa radicada en la ciudad de Olomouc, una formación que han liderado prestigiosas batutas como Otto Klemperer y Václav Neumann, y en la que han tocado músicos relevantes como los violinistas Josef Suk y Gidon Kremer y el violonchelista Pierre Fournier. El pianista también fue el primer intérprete en grabar la obra completa para piano solo del rumano George Enescu.

Reivindicar a Liszt

De Solaun reivindica con este trabajo la figura de Franz Liszt (1811-1886), “desde pequeño siempre sucumbí a su hechizo y jamás fui parte de esa extraña tradición que le critica de manera furibunda”. Una de sus profesoras de piano, Nina Svetlanova, le enseñó a amarlo más si cabe “como divulgador cultural, transcriptor y arreglista, compositor, pianista, director de orquesta, escritor, musicólogo, profesor...” El músico considera que el hecho de que un gran virtuoso dejara los escenarios a los 35 años para dedicarse a la composición “provocó la indignación y el recelo entre los expertos severos”; y que el dominio instrumental y el amor del público “siempre genera sospecha”, a pesar de ser “un artista universal, un poeta musical excepcionalmente brillante, un creador pionero y al mismo tiempo humilde”.

Destaca también la generosidad de Liszt, “siempre tendió una mano amiga a todos, reconoció siempre la grandeza en los demás y ayudó a otros músicos como Schumann, Grieg, Smetana, Borodin, Chaikovski, Saint-Saëns... la lista es interminable” ; y quizás su acento musical “húngaro, gitano, italiano, a veces parisino, incluso a veces español o rumano; toda esa mixtura, le dio un aire de mundanidad despreciado como banal por la mojigatería farisaica y el exceso de seriedad de la época”, por lo que apunta que “se adelantó mucho” a su tiempo. De Solaun asegura que “la música era para él un medio entre todas las formas de expresión artística, traduciéndolas a una suerte de lenguaje universal”.

Energía titánica

En el libreto, Adrienne Sirken recuerda los inicios de este proyecto que no pudo llevarse a cabo en 2020 por la grave crisis sanitaria generada por el Covid-19, “Josu estaba destinado a sobrevivir a todo por los pelos, después de hospitalizaciones, pérdida de familiares y confinamiento sin un piano”. Tiempo después, el pianista llegó a Olomouc con una “energía titánica que nunca antes había presenciado en él”. Sirken expone que “el mundo sonoro capturado en esta grabación ha preservado un momento en el tiempo en el que se reavivó la esperanza y la alegría tras momentos de mucho duelo y sufrimiento”.

Por su parte Anyssa Neumann, musicóloga y pianista, hace una semblanza de Liszt y una trayectoria artística “que se presta a lo superlativo, a difundir lo comercial, lo artístico, lo escandaloso y lo sagrado”. Siendo adolescente “deslumbró al público dondequiera que tocaba”, posteriormente, y tras una serie de giras por Europa y Asia Menor “su fama se volvió legendaria”; cuando se retiró dedicó su tiempo a “dirigir, enseñar, publicar ensayos y ediciones recopiladas, y promocionar el trabajo de compañeros compositores, particularmente los de Richard Wagner y Hector Berlioz”.

Revolución pianística

La musicóloga expone en el libreto que Liszt fue el primer pianista moderno, “revolucionó la interpretación pianística. Fue el primero en usar la palabra 'recital', en colocar regularmente el piano de lado en el escenario y en interpretar programas completos de memoria”; su contribución a la técnica pianística “no fue menos significativa, fuertemente influenciado por el violinista Niccolo Paganini”, y buscó traducir su técnica al piano, “sin embargo, la virtuosidad superficial nunca fue el objetivo final, sino más bien un medio para un nuevo tipo de arte, de elevada emoción, brillantez imaginativa y expresión profunda”.

El reconocimiento como pianista “no siempre se traducía en elogios como compositor, y agonizaba al finalizar sus obras antes de someterlas al escrutinio público”. El Concierto para piano y orquesta n.º 1 pasó “cinco revisado sustanciales y un cuarto de siglo entre sus bocetos iniciales” en 1832 y su estreno en 1855, dirigido por Berlioz con Liszt al piano. Y su Concierto para piano número 2 lo empezó a esbozar en 1839 pero “lo dejó de lado durante una década y luego inició una serie de revisiones de 1849 a 1861”. Aunque menos ostentoso que el primero, “contiene muchos de los mismos elementos pianísticos: notas dobles endiabladas, cadenzas resplandecientes, octavas saltarinas, pasajes de filigrana, y escalas cromáticas descendentes. Sin embargo, el efecto general es de melancolía poética, grabando la atmósfera de la música de cámara”.

La muerte y el humor

Neumann apunta que Liszt hizo los bocetos preliminares para Totentanz en 1839, “pero no incluyó un primer borrador hasta 1848, seguido de dos revisiones en la década de 1850. En 1864, mientras vivía en un monasterio dominico en Roma, volvió a la obra nuevamente ” tras varias pérdidas familiares. La inspiración para este concierto de un movimiento “provino de dos fuentes visuales: El Triunfo de la Muerte, un fresco colosal en el Camposanto de Pisa [atribuido a Buonamico Buffalmacco], que Liszt visitó en 1838, y Totentanz , una serie de grabados en madera de Hans Holbein el Joven que representa escenas macabras de la universalidad de la muerte”.

En la Burlesca del compositor y director alemán Richard Strauss (1864–1949), escrita cuando tenía sólo 21 años, convergen “hilos aparentemente dispares de lenguajes armónicos, formas musicales, técnicas pianísticas y personalidades de finales del siglo XIX”. Von Bülow, a quien estaba dedicada, “la declaró ininterpretable y se negó a aprenderla”; posteriormente, el pianista Eugen d'Albert “persuadió a Strauss para revisar la obra, la dedicó a d'Albert y dirigió su estreno en 1890, con d'Albert al piano” quince años después; “sus incertidumbres persistieron y pasaron otros cuatro antes de que la publicara”. La pieza “puede ser una parodia, todo humor diabólico y encanto desenfrenado, pero también es un homenaje y un serio enfrentamiento con una forma establecida”.

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