España - Euskadi

Menos mal que Werther tardó en morirse

Patxi Madariaga

viernes, 22 de noviembre de 2002
Bilbao, martes, 19 de noviembre de 2002. Palacio Euskalduna. Jules Massenet: Werther. Drama lírico en cuatro actos (1892-1893) sobre libreto de E. Blau, P. Milliet y G. Hartmann, basado en la novela de J.W. Goethe. Dirección escénica y escenografía, Beni Montresor. Realización de la dirección escénica, Gaetano Miglioranzi. Diseño de Iluminación, José Luis Rodríguez. Giuseppe Sabbatini (Werther), Katharine Goeldner (Charlotte), Sábina Puértolas (Sophie), William Powers (El Burgomaestre), Jean François Lapointe (Albert), José Ruiz (Schmidt), José Manuel Díaz (Johann), Idoia Pérez (Brühlmann), Adrián García (Kathchen). Orquesta Sinfónica de Szged (Hungría). Escolanía de Nuestra Señora de Begoña. Dirección musical: Marco Boemi. Producción: Teatro Carlo Felice di Genova
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No es Werther una ópera que me guste demasiado, la verdad. Creo que tan sólo se salvan las intervenciones de la pareja protagonista, y todo lo demás resulta prácticamente de relleno y de escasa calidad dramática y musical. Y además no niego que tenía algo de miedo a que el fantasma de Alfredo Kraus (que fue el último en llevar a los escenarios bilbaínos esta obra allá por el año 1984) estuviera presente.Pero Giuseppe Sabbatini consiguió desterrar a los fantasmas. Canta el papel de otra manera: más apasionada, más cálida, por momentos arrebatada, aunque sabe también expresar los instantes más intimistas, controlando perfectamente la emisión. El color de su voz es más bien feo, pero interpreta con gusto exquisito. Quizá se le pueda poner alguna objeción a su línea de canto por la utilización, en cualquier caso no demasiado frecuente ni aparatosa, de determinados giros, más propios del verismo que de la ópera francesa. Aunque es de reconocer que esto es una tentación demasiado fuerte en un personaje tan absolutamente excesivo.En un Pourquoi me réveiller, realmente magnífico, reguló la voz de manera maestra y fraseó con intención realmente impactante. Ya había conseguido estremecerme antes, aunque por otras razones más personales, cuando cantó, apasionadamente, su desbordada y desbordante declaración de principios, (Ah! pourvu que je voie ces yeux)Junto a Sabbatini, la mezzo norteamericana Katharine Goeldner hizo una 'Charlotte' también estupenda. Resulta de agradecer lo malo que resulta el suicidio de Werther: como no está claro donde se pega el tiro -por el detalle políticamente correcto del libretista de dejar fuera de escena el suicidio- no sé si es debido a que lo hace en la cabeza y la bala tarda mucho en encontrar su poco cerebro o a que se dispara en zona no demasiado sensible, el caso es que le cuesta muchisimo morirse, lo que, como contrapartida, da oportunidad al dramático dúo final de amor que Sabbatini y Goeldner cantaron de forma soberbia.El resto del reparto tiene asignados papeles casi anecdóticos y muy poco importantes desde el punto de vista de la acción dramática. Pero hay que destacar entre ellos a la jovencisima Sabina Puértolas, como 'Sophie', que ya cantó aquí el año pasado la 'Barbarina' de Las Bodas de Figaro y vino a confirmar ahora la impresión que ya causó entonces de estar destinada a tareas más importantes. Magnífica voz y más que notable presencia escénica.Espléndido y rico en matices el sonido que Marco Boemi extrajo de la muy competente Orquesta Sinfónica de Szeged.Y finalmente, maravillosa la escenografía de Beni Montresor. Austera, casi espartana, con elementos mínimos, apenas unos telones pintados, unas pocas sillas, un enorme paño y un uso inteligentisimo de la iluminación consigue unos efectos soberbios. Por ejemplo, el enorme paño blanco por su capa superior y rojo por la inferior, que 'Charlotte' extiende en el escenario en el tercer acto, se convierte en rojo, gracias a la luz, cuando 'Werther' muere sobre él. Inquietantes y misteriosas las procesiones de encapuchados portando una especie de enormes máscaras que pasan por el fondo del escenario en varias ocasiones.

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