España - Cataluña

Lindberg: un músico excepcional

Francesc Borràs

viernes, 22 de noviembre de 2002
Barcelona, sábado, 16 de noviembre de 2002. L’Auditori. Giacomo Rossini, La gazza ladra; Leopold Mozart, Concierto para trombón y orquesta; Luciano Berio, Solo para trombón y orquestra; Joan Guinjoan, Trencadís; Modest P. Mussorgski, Cuadros de una exposición. Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya. Christian Lindberg, trombón; Ernest Martínez Izquierdo, director. Programa número 9. Ocupación: 85 %
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El noveno concierto de la temporada 2002-2003 de la OBC estuvo integrado por obras de Rossini, L. Mozart, Berio, Guinjoan y Mussorgski: un programa ciertamente variado y sugestivo pero a la vez largo y denso.La obertura La gazza ladra hizo su función iniciando el concierto de una manera desenfadada pero un poco pesante, posiblemente por la gran orquesta que había en el escenario.Christian Lindberg sorprendió a todo el mundo con su vestimenta informal y, ya antes de empezar a tocar, supo cautivar el público con su talante amable y distendido. Sin ninguna duda, la presencia de este gran artista fue el aspecto más interesante del concierto del pasado sábado. Se trata de un músico que domina a la perfección la técnica de su instrumento a la vez que sabe cuál es la puesta en escena que cada concierto requiere. Si a estos dos aspectos le sumamos una gran musicalidad, podemos afirmar que nos encontramos ante uno de los mejores músicos del momento.El dominio de la técnica se hizo más que patente en el primer movimiento del Concierto de Leopold Mozart, como manifestó, por ejemplo, en la comprometida combinación de picado simple y doble picado en la cadenza; la técnica, sin embargo, siempre estuvo al servicio de la música, como quedó demostrado en el segundo movimiento. Es de agradecer que un solista de su categoría arriesgue tanto (ataques pianísimos en el registro más agudo, fraseos larguísimos y enormemente expresivos, entre otros) para llevar el instrumento a unos extremos de musicalidad a los que desafortunadamente estamos poco acostumbrados. La orquesta supo acompañar a Lindberg, y muestra de la buena sintonía entre ésta y el solista la tenemos en el mencionado segundo movimiento (sobre todo en el tema inicial de los violines y el solista).Lindberg volvió a poner sus conocimientos técnicos y dotes musicales al servicio de la música; en este caso con una obra de Berio, y el resultado fue tan excepcional y interesante como en el Concierto. El solista conocía la obra a la perfección (fue escrita especialmente para él) y así quedó demostrado. La orquesta volvió a hacer un más que correcto acompañamiento del que tenemos que destacar las intervenciones del metal (en especial del primer trombón y de la tuba).La segunda parte del concierto la formaban el Trencadís de Guinjoan y los Cuadros de una exposición de Mussorgski. ‘Correcta’ es la palabra que mejor define la interpretación que hizo la orquesta. Es decir, en ningún momento la OBC estuvo por debajo del nivel que se espera de una orquesta de su categoría pero, sobre todo en los Cuadros de una exposición, tampoco hubo aspectos gratamente relevantes tanto a nivel de solistas (a excepción del solo de saxo) como del tutti orquestal.Es de agradecer que se programen obras del repertorio más contemporáneo, como las de Berio o Guinjoan, en los conciertos de los ciclos ‘convencionales’. Por eso comparto plenamente la frase que el mismo director escribía en el programa del concierto: "la confrontación entre el repertorio tradicional y la música actual representan una forma enriquecedora de aproximación al hecho musical". Eso sí, siempre que los intérpretes y las obras sean de calidad.

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