España - Galicia

¡Qué viaje! (Lo mejor y lo mejorable)

Tucán

jueves, 28 de noviembre de 2002
La Coruña, jueves, 21 de noviembre de 2002. Palacio de la Ópera. Orquesta Sinfónica de Galicia. Christian Lindberg, trombón. Álvaro Albiach Fernández, director. Programa: Ralph Vaugham Williams, 'Las Avispas' (obertura). Ferdinand David, 'Concierto para trombón'. Jan Sandström, 'A Motorbike Odissey'. D. Milhaud, 'El Buey sobre el Tejado'. A. Honneger, Dos movimientos sinfónicos: 'Pacific 231' y 'Rugby'. Concierto extraordinario organizado por la Fundación Pedro Barrié de la Maza. Aforo, 1800 plazas. Entrega de entradas, 100%. Ocupación, 65%.
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Hola, primo:Hace ya tiempo que he descubierto que al jefe le gusta mucho emplear lo que él llama frases hechas y refranes, porque dice que en ellas la sabiduría popular describe situaciones y sentimientos con una sutileza que es difícil de igualar por mucho que uno se esfuerce, aunque a él también le gusta lo suyo jugar por su cuenta con los significados de las palabras. Entre los refranes, hay uno que usa de vez en cuando y que dice 'para este viaje no se necesitaban alforjas' y parece que se usa cuando uno se lleva una desilusión de algo de lo que se esperaba más.El concierto del jueves en el Palacio de la Ópera se llamaba Odisea con un trombón, que es un juego de palabras entre el título de una de las obras Odisea de una moto y el instrumento para el que se escribió (¡Ah!, una odisea es un viaje lleno de dificultades tan grandes que para superarlas hay que ser alguien muy especial). Para éste, desde luego, sí se necesitaban, y muchas, por lo que verás ahora. Unas cuantas para llevarse a casa toda la música, sensaciones y sentimientos que hubo en él, que no fue poco. Pero también hay que reservar alguna para algunos puntos 'manifiestamente mejorables', como dice el gordo.Lo mejorLo mejor de la noche, y de otras noches, pero además a una gran distancia, la actuación de Christian Lindbergh. Tiene fama de ser el mejor trombonista del mundo y, por lo que pudimos ver y oír en el Palacio de la Ópera, es una fama más que justificada. ¡Qué pedazo de músico, el tío! ¡Qué diferencia! De entrada, se presenta vestido con un pantalón de cuero puesto muy abajo y una camisa; o sea, lo que los humanos llaman 'una vestimenta muy informal', pero que no parece molestar a nadie, y menos a él, que va tan cómodo y puede respirar bien a fondo y no pasar más calor del debido, que ya es bastante con lo que trabaja.Lo primero que tocó fue un concierto de un tal Ferdinand David que, al parecer, era concertino de la orquesta de Felix Mendelssohn. Este concierto, según algunos musicólogos, es el primero escrito expresamente para trombón y orquesta, ya que otros anteriores son transcripciones de conciertos para trompa, es precioso y el señor Lindbergh lo tocó de impresión. Creo que voy a escribir casi directamente las notas que tomó el jefe, porque pocas veces son tan claras y precisas:Mov. 1º: "Introducción maderas/trompa,B (bien). Al pasar al tutti, desajustado. Trombón: Afinación Sb (sobresaliente), color, íd. agilidades, lo mismo. ¡Qué trinos! Cadenza: ¡Ese bajo profundísimo! (y el ruido del aire acondicionado), agudos argentinos, bajos imposibles, gran sentido melódico y fraseo laaargoo... parece que no necesitara respirar". La verdad es que tocaba las melodías de forma tan seguida que daba la impresión de que se iba a ahogar, pero qué va. Lo que pasa es que tiene mucha anchura de pecho y además hace una respiración muy profunda con la tripa y debe de ser por eso lo de llevar el pantalón tan bajo. Mov. 2º: "¡cómo canta!. El fraseo otra vez. Y , y, y. Mov 3º: La seguridad de afinación en intervalos muy largos. Y la agilidad, como si tocara la armónica".En A Motorbike Odissey, se lució aún más. La obra empieza como en un (siguen notas del jefe) "desorden total del que van surgiendo frases de las diferentes secciones de la orquesta, como si del caos surgiera la diversidad, una diversidad ordenada caóticamente. Sección lenta que se descompone y estalla en mil pedazos orquestales. La voz del trombonista se incrusta en la parte del trombón, en una cadenza de gran delicadez; cómo cambia de registro expresivo, pasando al virtuosismo más desaforado, en todos los sentidos de la palabra".Después de esto, primo, fue el desmadre del público. Ovaciones, gente gritando bravo hasta casi quedarse sin voz, grandes aplausos de la orquesta, una y mil salidas, el acabóse. Y dos propinas: la primera, una cadenza de Don Quijote, de Sandström, el autor de la Odisea... con mucho canto entre el trombón y percusión a base de pie ¡Qué trabajo! y otra con un sonido muy quedo, como de mucho cariño, una maravilla, de verdad.En el intermedio, la gente no paraba de alabar al trombonista, "un músico como la copa de un pino" según unos (aunque no lo veo yo nada redondo, que está más bien cuadrado el tipo, "un fenómeno", "un auténtico virtuoso", "el mejor en lo suyo". La verdad es que muy pocas veces los humanos se ponen tan de acuerdo como el otro día.Lo (manifiestamente) mejorableLas otras alforjas, las de lo mejorable, habría que llenarlas con parte de la dirección de Albiach, algo falto de precisión rítmica, lo que hizo que hubiera varios desajustes, sobre todo en entradas, a lo largo del concierto, y en una cierta falta de "gracia danzante" (según las notas del jefe; no sé muy bien lo que quiere decir, pero me lo imagino) en la obra de Milhaud, que, pese a todo, por su ritmo y armonía, sonaba como de nuestra tierra, primo. ¡Qué música más deliciosa!. En Honneger, el desajuste dinámico se sumó al rítmico y ambiente de tren hubo, sí, pero con cierto olor a carbonilla,¿sabes? como a chamusquina, vamos.Pero dice el jefe que como (otro refrán) "Lo cortés no quita lo valiente", no parece que sea muy correcto que el nombre del director no figurara en la portada del programa, ni que habiendo repartido todas las localidades hubiera tantos sitios vacíos -como el cuadradito de la Zona C, filas 13 a 15, impares que estaba totalmente desocupado-, ni que a los críticos les dieran unas entradas tan malas, que casi todos tuvieron que cambiarse para estar en un sitio como Dios manda (aunque no sé por qué se dice esto, en realidad; debe de ser otra frase hecha, supongo). Pero lo más importante fue que, después de haber sido anunciado en las dos temporadas anteriores, por fin logramos oír a Christian Lindberg, un humano único en lo suyo, como lo fue otro que se apellidaba igual y que atravesó el Atlántico volando solo y... (lo dejo que dice el jefe que deje el PC, que ya está bien de enrollarme; si yo te contara cuando se pone él...)Hasta la próxima. Mientras, recibe un cariñoso picotazo de tu primo,Tucán

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