Reportajes

Hablando de dirección escénica y música de consumo

Andrea Merli

viernes, 13 de diciembre de 2002
---

En el ámbito del Sexto Coloquio de Musicología de 'Il saggiatore musicale', la más autorizada publicación italiana de musicología, que se ha organizado en la Universidad de Bolonia, departamento de Música y Espectáculo con el apoyo de la Caja de Ahorros de Bolonia y del Ministerio de los Bienes y Actividades culturales, el pasado 22 y 23 de noviembre, se ha organizado una mesa redonda sobre el tema 'La obra del regista y la visión del musicólogo', coordinada por Marco Beghelli (Universidad de Pésaro) con representantes de varios sectores: Daniele Abbado, director de escena y director artístico de la Fundación 'I Teatri di Reggio nell'Emilia', Francesco Degrada (Universidad de Milán), Paolo Gallarati, (Universidad de Turín), Gerardo Guccini (Universidad de Bolonia), Carlo Majer, director artístico de la Fundación 'Teatro Due de Parma', Carla Moreni, crítica musical de 'Il Sole 24 Ore', y Paolo Pinamonti, director artístico del Teatro São Carlos de Lisboa.

El controvertido tema, expuesto en la relación de base del doctor Beghelli, está a la vista de todos: un número siempre creciente de puestas en escena de óperas están provocando una difusa desorientación (cuando no un verdadero fastidio y rechazo) con motivo de ‘lecturas' que parte del publico considera, según los casos, insensatas, contraproducentes, ofensivas o sencillamente incomprensibles. Las quejas están en la boca de todos los que frecuentan los teatros de ópera y, a menudo, alcanzan las secciones dedicadas a las opiniones de los lectores en las revistas especializadas y, por supuesto, ¡son motivo de debate en los foros de Mundoclasico.com!

La crítica, la crítica oficial en su mayoría, es mucho más benévola. En cambio una sensación de insatisfacción alcanza al musicólogo, al que trabaja por otros caminos para devolver a la ópera las correctas coordenadas históricas, a través de reconstrucciones filológicas de los textos, de las orquestas, de la praxis ejecutiva vocal e instrumental.

La discusión, animada pero contenida en sus argumentaciones, ha llegado a una conclusión a la que se han acogido la unanimidad de los presentes. El respeto substancial de una dramaturgia musical que no puede ser alterada sin ser declarada explícitamente. El ejemplo, pero hay muchos, podríamos hacerlo con la primera escena de Rigoletto de Giuseppe Verdi. El telón se levanta en el curso de una fiesta en el palacio del Duque de Mantua. El libretista y el compositor han previsto una orquesta, una banda, en el escenario que suena desde atrás. Esto significa un desdoblamiento sonoro imprescindible para la actuación de la dramaturgia teatral, independientemente de la época en la que el regista –pongamos el caso de una dirección anticonvencional- la haya situado. Es decir, la dramaturgia musical prevee que el diálogo inicial entre el Duque y Matteo Borsa se realice en proscenio, en un momento en que los dos personajes abandonan la fiesta. De hecho la orquesta, la que está en el foso, sólo empieza a tocar en el aria 'Questa o quella' y vuelve a callar en el perigordino siguiente. Esta ‘dirección de escena' es la que, en opinión de los musicólogos presentes, no se puede cambiar sin variar la idea original de los autores.

Se ha considerado, también, la posibilidad de que el texto y la música vengan alterados, como puede pasar en las traducciones (praxis todavía habitual en teatros ingleses y alemanes) cuando, por ejemplo, se tiene que cambiar el valor de las notas para adaptarlas a la rítmica de la palabra. Pero en estos casos, teatralmente justificables, la operación es declarada y, entonces, ya no se plantea el problema de una dirección de escena que presume ser revolucionaria y filológica a la vez.

El tema de la música de consumo, con distinción entre la música popular y la culta, excluyendo además de la llamada ‘clásica', el jazz y la experimental derivada del rock, ha sido motivo de otra amplia discusión, en la que se ha reconocido la importancia de los mass media (de los discos, de la radio y de todos los sistemas de difusión) que a partir de los años cincuenta del pasado siglo han hecho que la música se masificara a través, también, de artistas inmensamente populares: los Beatles y Madonna, como ejemplo explicativo. Lo que comporta la urgencia de estudios musicológicos que focalicen el argumento no sólo sobre la cuestión, metodológicamente complicada, de la pluralidad de las músicas de la segunda parte del siglo XX, en un plan formal y estructural, pero también sobre su contenido, sus mensajes y sus funciones. Los resultados de estas mesas redondas serán publicados, obviamente, en la próxima publicación de Il saggiatore musicale.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.