Entrevistas

'Cualquier música tiene que tener una tensión especial'. Entrevista a Achúcarro.

Fernando López Vargas-Machuca

jueves, 26 de abril de 2001
Es Joaquín Achúcarro (Bilbao,1932) uno de los pianistas españoles con más actividad y prestigio internacional. Un vistazo a su página web nos permite asombrarnos ante las cifras que él mismo se ha encargadode ir contabilizando, mediante cuidadosas anotaciones en las partituras, a lo largo de su dilatada trayectoria: 56 países, 194 orquestas y 318 directores, ahí es nada. A esto hay que sumar diversas actividades docentes en Dallas y Siena.Sin embargo, por mucho que los buenos melómanos veneren su talento, no es todo lo conocido y apreciado que debiera. ¿El motivo? Que la mayor parte de su discografía, no muy amplia y para sellos de difusión restringida, resulta harto difícil de conseguir. Y, claro, que no cuenta con el respaldo del marketing de una gran compañía.Resulta difícil sustraerse a las maneras de hacer de este singular intérprete. Alejado por completo de cualquier tipo de afectación preciosista, esto es, en el polo opuesto a -por poner un ejemplo significativo- una Maria Joao Pires, practica un pianismo salido directamente del corazón, intensísimo y sincero, canalizado a través de una mente lúcida que sabe llenar el discurso de tensión interna y verterlo a través de una técnica digital pasmosa y de un sonido tan dúctil como poderoso. Personalísimo, pues, pero sin ponerse nunca por encima de la figura del compositor: nada de excentricidades o salidas de tono. Achúcarro no va de genio, aunque lo sea.Coincidiendo con la aparición en el mercado de un estupendo monográfico Ravel, con la recreación que va a realizar del Concierto nº 4 de Rachmaninov junto a la Orquesta Nacional de España los días 26, 27 y 28 del presente mes de abril, y con los recitales que ofrecerá en el Auditorio Nacional de Madrid y el Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera, los días 1 y 4 de mayo respectivamente, presentamos la entrevista que mantuvimos con el maestro el pasado noviembre en Sevilla. En ella nos hablaba de su pasión por el piano, de su óptica a la hora de abordar una partitura y de algunas de las obras que ofrecerá en los referidos recitales madrileño y jerezano.Pregunta: Resulta paradójico que, a pesar de su extenso repertorio, muchos le conocimos a través de un disco de música cinematográfica. Me refiero al Concierto macabro de Bernard Herrmann, compuesto para la película Hangover Square, que usted grabó para RCA en 1974.Respuesta: Figúrese. Un sábado por la tarde me llamaron desde Londres a ver si lo quería hacer. Sin haber visto la música yo acepté, y al jueves siguiente ya estábamos grabando. ¡En tres días me lo aprendí!P: Por cierto, ¿qué le parece a usted esa música? ¿En qué nivel la situaría?R: Bueno, está muy bien, pero vamos a pensar que el Segundo de Brahms es mejor (risas). Es muy difícil establecer categorías en arte. Decir si Rembrandt es mejor que Velázquez, o viceversa, es complicado. Seguramente si usted es holandés preferirá al primero, y si es español se quedará con el segundo. En esas grandes cimas es muy difícil optar por uno u otro. Resultaría casi imposible elegir, por ejemplo, entre Mozart y Beethoven.P: Lo traigo a colación porque el Concierto Macabro parece encajar muy bien con su estilo de pianismo, muy dramático, muy tenso.R: Usted lo ha dicho: tenso. Entiendo que cualquier música tiene que tener una tensión especial. Cualquier melodía, incluso. Aun lo que parece improvisado en un Nocturno de Chopin, contiene una tensión interior enorme. En la gran música hay una vibración del alma muy superior a la normal. Hay que lograr tensión, aunque siempre a través de un sonido bello. Porque el piano puede hacer de todo. Si le pegan un fustazo, se queja y grita. Si lo acarician, ronronea.P: Debo entender, pues, que no está usted en absoluto de acuerdo con aquellos que siguen manteniendo que Schubert, uno de los autores que interpretará en Madrid y Jerez, es un compositor ante todo amable, delicado y elegante.R: Efectivamente, tal afirmación me resulta por completo falsa. En Schubert de vez en cuando aparecen unas pinceladas oscuras como del fondo del mar... ¡como de tinta de calamar gigante! Pensemos en la Sonata póstuma (D 960) en si mayor: en mitad de una melodía suave, maravillosa, surge por debajo una vibración espantosa. Y si bien la Sonata op. 147, que es la que interpretaré en el Auditorio Nacional y en el Villamarta, es más bien tirando a amable, hay en su interior verdaderos milagros de armonía. Recuerdo que se lo comenté a un compositor amigo mío profesor en Berkeley, me dio la razón y aseguró que a partir del día siguiente iba a poner esta página como ejemplo de modulaciones casi imposibles. Claro que Schubert las hace como quien oye llover o se bebe un vaso de agua.P: Usted está considerado como uno de los grandes intérpretes mundiales de Ravel....R: En todo caso como uno de los grandísimos amantes de Ravel.P: Sus interpretaciones de este autor se alejan del tópico de lo etéreo y difuminado.R: Una vez más, tensión. Para nada su música es superficial. A Ravel siempre se le consideró como uno de los compositores más grandes del siglo XX, pero etiquetándolo ante todo como inventor de colores sonoros, orquestales y pianísticos. Una vez más ¡es tan grande lo que hay por debajo de eso!P: ¿Se debe entonces “pintar” con el piano o más bien indagar en otros aspectos?R: Un intérprete no puede escapar de su personalidad, y la mía desde luego opta por indagar, por preguntarle a la partitura todo lo que ésta puede decir. El compositor ha dejado como las claves de un misterio, como puntos, como gritos de auxilio hacia el intérprete para que vea cuáles son sus intenciones. Luego le dice: ‘allá te las compongas tú, pero por favor, di lo que quiero decir'. Y así hemos de preguntarnos por qué ha escrito esto y no lo otro. Eso es lo que me hace no abandonar jamás una partitura, y el descubrir, unas veces estudiándola y otras oyendo, lo que me dice el piano, qué es lo que puedo sacar de ella, que es letra muerta y hay que hacerla vivir. Me dijo Segovia una vez que el intérprete es quien dice a una partitura ‘levántate y anda'.P: ¿Está satisfecho de su disco Ravel?R: Creo que ha quedado bien (risas). Le diré que además grabé con la orquesta de Euskadi el Concierto en sol. Quedamos tan satisfechos tras una gira por Sudamérica que decidimos llevarlo al disco. Ahora está ‘en conserva', y el próximo verano añadiremos el de la mano izquierda. También estamos pensando en grabar otro Brahms.P: Eso es espléndido, porque es muy difícil conseguir discos suyos.R: Sí, es una cosa que me ha perseguido toda mi vida. En cierto modo yo no quería grabar, ya que no acababa de estar conforme con la toma sonora. Incluso me parece que no es suficiente todavía. De todas formas los últimos están muchísimo mejor. En estos discos para Ensayo realmente trabajamos mucho en cuanto al sonido, no sólo en lo que se refiere al lugar donde se grabó, sino también a lo mucho que hay que hacer después.P: ¿Dónde aprendió su portentosa técnica?R: ¡La estoy aprendiendo todavía! Lo primero que nos enseñan es una cierta habilidad y disponibilidad muscular, pero luego no se sabe dónde acaba la técnica y dónde empieza lo que se llama música, ya que las dos cosas están juntas. En fútbol o en golf hay también unas técnicas, al igual que en el piano. Pero todo eso hay que irlo descubriendo. Y no con un afán de investigación fría, por decir, “voy a descubrir este sonido para usarlo cuando me venga en gana”, sino de decir “aquí ahora me hace falta este y no lo encuentro, a ver cómo lo hago”. Una vez que se halla, la técnica se ha enriquecido con una nueva información.P: Hasta tal extremo llega su virtuosismo que ha llegado a tocar Beethoven con un dedo inútil, en una gira con la Sinfónica de Galicia.R: Sí, el Tercer Concierto, y también Gaspard de la Nuit.P: Pero, ¿cómo se puede lograr eso?R: Pues todavía no lo sé. Algo surgió de dentro de mí, de una manera incluso inconsciente. Es como si te tocara un ángel de repente, y puedes hacer cosas que creías que no podías hacer.P: ¿Qué página de todo el repertorio le resulta más complicada?R: No sabría decirle. A lo mejor resulta que la obra más difícil es un rondó de Mozart. Nos movemos en un mundo de dificultad. Todo es difícil, pero todo es maravilloso.P: No quisiera terminar sin preguntarle su opinión sobre las a veces infravaloradas transcripciones pianísticas que de las partituras de Bach realizara Busoni. Precisamente en Madrid y Jerez ofrecerá usted la Tocata, adagio y fuga en do mayor BWV 564.R: Como tantos otros grandes pianistas y artistas, Busoni llevó al piano la música de otros instrumentos, y lo hizo de manera realmente notable, por cómo logra que el resultado suene a órgano y a piano al mismo tiempo.P: Hay quien afirma que la Chacona de la Partita BWV 1004, que tanto ha fascinado a muchos músicos, suena por él transcrita más a Busoni que a Bach.R: Desde luego, pero mi opinión es que Bach hubiese estado encantado de esa transcripción. Busoni se dio cuenta de que al pasar del violín al piano lo que había que hacer es aprovechar las posibilidades que ofrecía este instrumento, de enriquecer las intenciones del compositor con el violín. Incluso creo que en este caso llegó a pensar en sus transcripciones de órgano. Pero curiosamente la Chacona nunca la he interpretado.P: ¿Y no le apetece?R: Me apetecen tantísimas cosas... Pero no sé cuántos años me quedan para seguir aprendiendo y tocando. Dios quiera que muchos. No sé si sabe usted aquello de que al llegar cierto Papa a una edad elevada, los cardenales le dijeron "que Dios le conserve hasta los cien años", a lo que él replicó "¿Y por qué poner límites a la misericordia divina?"

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