Discos

Una orgía sensual (1)

Bellerofonte

miércoles, 19 de febrero de 2003
Antonio Vivaldi, Il cimento dell'armonia e dell'inventione. Le quatro stagioni; Concerto RV 253 'La tempesta di mare'; L'estro armonico: Concerto RV 565 para dos violines, chelo y cuerdas, Concerto RV 522 para dos violines y cuerdas, Concerto RV 580 para cuatro violines y cuerdas. Europa Galante. Fabio Biondi, violín y dirección. Alain Lanceron, productor ejecutivo. Nicolas Bartolomé y Frédéric Briant, ingenieros de sonido. Un compacto DDD de 72 minutos de duración grabado en el estudio de la Fundación Tibor Varga, Sion (Suiza) en julio y octubre de 2000, así como en Santa Maria Assunta, Puianello, Regio Emilia (Italia) en noviembre de 1997 y enero de 1998. Virgin Veritas 5 45547 2
¿Tienen sentido a estas alturas nuevas grabaciones de Las cuatro estaciones, acaso la obra más conocida en el mundo entero de lo que se ha dado en llamar “música clásica”? Si, en principio, no lo tuvieran para los aficionados, sí parecen tenerlo para los intérpretes, que se la toman como una verdadera asignatura maría para demostrar sus cualidades. Especialmente, si son intérpretes italianos de los de la nueva generación (historicista, por supuesto). En los últimos cinco años hemos asistido, asombrados, a un auténtico aluvión ‘cuatroestacionístico’. Y ahora, de golpe, aparecen dos nuevas versiones, la de Europa Galante y Fabio Biondi, y la del Concerto Italiano y Rinaldo Alessandrini.Conviene aclarar, no obstante, que la nueva versión de Biondi no es tan nueva. Este disco se trata, en realidad, de un ‘refrito’, pues figuran en él Las cuatro estaciones y otro concierto de la opus 8, La tempesta di mare, que ya aparecieron en el mercado hace dos años, y de tres conciertos de L’estro armonico, los números 8, 10 y 11, editados en 1998. Es, por tanto, una muestra de los cuatro discos editados con anterioridad, aunque la presentación sea de lo más cuidado (cosa no demasiado habitual en este tipo de reediciones), incluida una portada un tanto surrealista, con cinco violines colgando de las ramas de un árbol.No es la primera vez que Biondi se enfrenta a Las cuatro estaciones. Ya las grabó para Opus 111 en 1992. Aquel primer intento fue un fiasco, según la opinión generalizada de la crítica. Europa Galante sonaba demasiado abrupta y nadie quedó satisfecho con los resultados. Ni siquiera debió de quedar satisfecho al propio Biondi, que no ha parado hasta tener una segunda oportunidad.Esta segunda oportunidad es totalmente satisfactoria. Reconozco que en la primera audición hubo cosas que me desconcertaron. Pensé que era una frivolidad (¿una más?) de Biondi, en un intento desesperado de presentarse como original. Es lo que tiene grabar lo que ya han grabado tantos: si no eres original, no vales prácticamente nada. Pero posteriores audiciones me han hecho ver que las decisiones adoptadas por Biondi no son caprichosas y que la suya es una lectura de lo más coherente, atendiendo siempre, claro está, a los cánones historicistas al uso. Y cuando digo “la suya”, es que en realidad es la suya, pues Biondi es el protagonista del registro: él, al contrario de lo que sucede con otras agrupaciones que han grabado Las cuatro estaciones, ejerce de primer violín en los cuatro conciertos. Y en los cuatro demuestra que es un virtuoso del instrumento. Gustará más o menos su estilo, pero nadie puede discutirle su maestría. Desde el primer golpe de arco hasta el último, estas estaciones son una verdadera delicia, un regalo para lo oídos.Los tres conciertos de L’estro armonico tienen, a mi juicio, menos mérito. La selección es, incluso, discutible, pues no se trata de lo más florido de esta opus vivaldiana. Se echa de menos, por ejemplo, el celebérrimo concierto número 12 para cuatro violines, que fue transcrito por Johann Sebastian Bach para cuatro claves. Europa Galante se muestra aquí como una orquesta apañada, pero lejos del brillo que conseguiría un par de años más tarde con Il cimento dell’armonia e dell’inventione.Volviendo a la pregunta del encabezamiento (¿tienen sentido a estas alturas nuevas grabaciones de Las cuatro estaciones?), la respuesta es obvia: sí. Para los ya aficionados iniciados (o sea, para los que ya conocían alguna de las visiones historicistas antes mencionadas), porque abren un abanico del que escoger; para los que solamente conocen las versiones decimonónicas de I Musici, porque aquí descubrirán que Las cuatro estaciones distan mucho de ser esa música noña y hasta cursi que les habían pintado. Para ellos, fundamentalmente, está destinado este producto: para que comprueben que Vivaldi y el barroco son otra cosa muy diferente a lo que creían. Vivaldi y el barroco italiano son una orgía sensual. Y aquí está la mejor prueba.

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