Italia

Mujer, guerrera y santa: Juana de Arco

Horacio Castiglione
viernes, 21 de febrero de 2003
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Palermo, sábado, 25 de enero de 2003. Teatro Massimo. 'Juana de Arco en la hoguera' de Arthur Honegger. Oratorio dramático en un prologo y once escenas. Texto de Paul Claudel. (1938). Director de escena: Daniele Abbado. Decorados: Giovanni Carluccio. Vestuario: Carla Teti. Iluminación: Bruno Ciulli. Coreografía: Giovanni Di Cicco. Efectos de vídeo: Luca Scarzella. Iréne Jacob (Juana), André Wilms (Frére Dominique), Philippe Lardaud (Voz recitante/Heraldo/Heurtebise), Xavier Gallais (L’Apperiteur/Regnault de Chartres/Un cura), Pascal Sangla (El burro/Duque de Bedfort) Rebecca Finet (La Mere aux Tonneaux), Daniele Lo Piccolo (Guillermo de Flavy), Claudio Petrí (Juan de Luxemburgo), Gabriella Costa Maluberti (La Virgen), Antonia Brown (Margarita), Patricia Fernandez (Catalina), Jeremy Ovenden (El cerdo/el clérigo), Giuseppe Caltagirone, Alessandro Svab (Heraldos). Orquesta y coro del Teatro Massimo. Maestro del Coro: Fulvio Fogliazza. Director: Stefan Anton Reck. Aforo: localidades 1800. Ocupación 100%
8,49E-05 Estreno de temporada refinado y arriesgado a la vez el de Palermo, con Juana de Arco en la hoguera oratorio dramático sobre texto de Paul Claudel, donde se cruzan, por un lado la música y el texto actuado, por el otro todos los estilos musicales del siglo XX, de la atonalidad al jazz, en un breve y articulado acto único dividido en once escenas. Compuesto en 1938 por Arthur Honneger, tiene realmente una impresionante carga teatral. Lo que determinó, a raíz de la producción que debutó en el Teatro San Carlo de Napoles en 1953, con la dirección musical de Gianandrea Gavazzeni, la dirección escénica del cineasta Roberto Rossellini (sus peliculas Roma cittá aperta y Paisá determinaron el 'neo-realismo' en el cine italiano) y con la interpretación de su mujer, la actriz norteamericana Ingrid Bergman, una importante carrera italiana de esta obra tan ecléctica. Tras haber pisado la Scala, l’Opera de Paris y otros importantes escenarios europeos, ese espectáculo llegó también a Palermo en 1955.Ahora la nueva producción –un enorme esfuerzo productivo puesto que para su realización se necesita una masa impresionante de actores, cantantes, coros y figurantes- lleva la firma de Daniele Abbado, que ha sabido imprimir idealmente el ritmo oportuno a la densidad de los movimientos escénicos sin perder de vista nunca, con un apreciable y meticuloso dibujo de los detalles, los mil y uno elementos, la psicología de los múltiples personajes, todos realzados desde los protagonistas hasta los más episódicos, por un admirable trabajo de regia. La escena monumental y fija de Giovanni Carluccio, construida en forma de una grande escalinata de cemento, sirvió de marco a una acción desenfrenada, pero estática en los momentos en que, como por magia, la escena se vació dejando lugar a la focalización del drama atormentado e intimo de la Santa Doncella.El vestuario fantasioso y muy acertado de Carla Teti, la coreografía elaboradísima de Giovanni Di Cicco, la iluminación más que perfecta y siempre sugerente de Bruno Ciulli y las imprescindibles y fundamentales a la economía del espectáculo tomas de vídeo de Luca Scarzella, obedecieron a un dibujo coherente y unitario. En él encajaron con acierto las prestaciones actorales de la impresionante 'Juana' de Iréne Jacobs, ensimismada en un aura de pensativo estupor del que supo liberarse con gran fuerza dramática en la escena final de la hoguera, el 'Padre dominico', primero acusador y luego humanamente participe de André Wilms, entre otros.La parte estrictamente musical tuvo el necesario enfoque en la arrolladora dirección de Stefen Anton Reck, al que obedecieron con escrupulosa exactitud las masas de Palermo, y en la participación de las voces de las sopranos Gabriella Costa Maluberti, Antonia Brown y Patricia Fernández. El tenor Jeremy Ovenden tuvo la posibilidad de lucirse en la ardua tesitura agudísima que caracteriza al 'Cerdo', en la escena del juicio.Hay que señalar que el teatro estaba abarrotado de publico, en su mayoría muy joven, y que el éxito fue rotundo y los aplausos prolongados. Una señal reconfortante en el conservador ambiente italiano.
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