Italia

Renegada e infeliz

Horacio Castiglione
lunes, 24 de febrero de 2003
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Venecia, domingo, 26 de enero de 2003. Teatro Tenda Palafenice. 'Katia Kabanova'. Ópera en tres actos con libreto y música de Leos Janácek. (1921). Director de escena: David Pountney. Decorados: Ralph Koltai. Vestuario: Sue Willmington. Iluminación: Mimi Jordan Sherin. Karan Armstrong (Kabanica), Christoph Homberger (Tichon), Gwynne Greyer (Katia), Julia Gertseva (Varvara), Feodor Kuznetsov (Dikoj), Clifton Forbis (Boris), Larissa Demidova (Glasa), Silvia Mazzoni (Felkusa), Davide Pelissero (Kuligin). Orquesta y coro del Teatro La Fenice. Maestro del coro: Piero Monti. Director: Lothar Koenigs. Aforo: localidades 1000. Ocupación: 80 %
9,6E-05 La producción de Katia Kabanova fue hospedada aun en el Teatro Tenda Palafenice, puesto que la inauguración de la nueva Fenice debería acaecer a finales de este año. El espacio teatral ofrecido por el entoldado es siempre precario, pero David Pountney, director de escena inglés, ha sabido aprovechar las peculiares características, gracias a su equipo: el escenógrafo Ralph Koltai que ha creado una escena única, pero en la que unos paneles descorchados, al girar y moverse, pudieron sugerir las distintas situaciones escénicas; la figurinista Sue Willmington, que dibujó unos trajes de principios del siglo XX; y sobre todo por la iluminación, realmente genial, de Mimi Jordan Sherin, que ha evadido el lugar escénico, escasamente definible, difundiéndose en el techo del entoldado que cubre la vasta platea con reflejos que bien podían ser los del Volga, el río que con su implacable, lento y continuo flujo de agua, es uno de los protagonistas. Reflejos del rio Volga, en cuyas orillas se realiza el drama original de Ostrovskij, escrito en 1859, del que Janacek -amante y experto conocedor de la literatura rusa- sacó el libreto y compuso la música de su ópera, versión checa de una historia en todo similar a la de Madame Bovary. Los elementos estaban todos presentes, debidamente estilizados, pero la 'protagonista' de toda la producción fue el agua, lo mismo que en la capital lagunar. Un acierto de indudable efecto dramático.Sin embargo, la verdadera fuerza dramática de esta ópera reside en el carácter distinto de sus dos protagonistas femeninas. 'Katia', heroína delicada e hipersensible, víctima de la soledad y del moralismo hipócrita de una comunidad estéril de mercaderes, gasta el adulterio en ausencia de su marido, pero luego, devorada por un exagerado y enloquecido sentido de culpa, acabará suicidándose en las aguas del río. 'Kabanica', la suegra antagonista, es el prototipo de la madre posesiva, descrito con una violencia inenarrable, pérfida, implacable y despiadada tanto en avasallar a la nuera, cuanto en humillar al hijo, que es un pelele impotente y grotesco a la vez.Los demás, roles, incluyendo todos los masculinos, sirven de contorno a esta íntima tragedia de la protagonista, que en Venecia tuvo en la soprano Gwynne Greyer una interprete vocalmente ideal y actoralmente muy partícipe, que ha fraseado con propiedad y ha sabido imponerse en los episodios líricos, de intensa pasionalidad, más que en los momentos claramente trágicos, donde se ha evidenciado una peligrosa tendencia a abrir los sonidos y alguna 'forzadura' en el extremo agudo.Perfecta la 'Kabanica' de Karan Armstrong, cuya desigualdad en las emisiones graves y en la zona del pasaje de registro ha sido finalizada con acierto musical para componer un personaje duro y descaradamente malo.Mayúscula caracterización la del débil 'Tichon', hijo sin médula, dibujado por el excelente tenor Christoph Homberger; el 'Boris', galán y desaprensivo, trazado por Clifton Forbis ha tenido una apreciable y sincera expansión lírica; mientras que la joven pareja de enamorados, Julia Gertseva, mezzo y encantadora 'Varvara', y Peter Straka, barítono y apuesto 'Kudrjas', han conseguido crear un oasis de alegría y ganas de vivir en el plúmbeo drama. El violento 'Dikoj', muy bien logrado por el bajo Feodor Kuznetsov ha completado con propiedad el elenco de los protagonistas.Dirigió las excelentes masas venecianas Lothar Koenigs, atento al detalle de una partitura que evoca muy de cerca a Puccini. Su lectura ha focalizado con precisión la exquisita escritura instrumental de Janácek, jugando más sobre los matices líricos que sobre los contrastes dinámicos, las sonoridades tajantes, obteniendo una buena unidad formal, una excelente tensión narrativa en los motivos que se armonizan y se articulan en 'melodías habladas'. Una dirección que supo conquistar al publico quien, finalmente, decretó un clamoroso éxito.
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