Discos

Un caballero sentimental

Johannes Mundry

martes, 1 de abril de 2003
Wilhelm Kienzl: Don Quixote op. 50. Eine musikalische Tragikomödie in drei Akten. Thomas Mohr (Don Quixote), Michelle Breedt (Mercedes), James Wagner (Sancho Pansa), Celina Lindsley (Herzogin), Hans Aschenbach (Herzog), Matthias Henneberg (Carrasco) u. a. Rundfunkchor Berlin, Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin, Leitung: Gustav Kuhn. DeutschlandRadio/cpo 999873-2.
Larga es la lista de las óperas que se ocupan del caballero de la triste figura y, sin embargo, ninguna ha conseguido acercarlo al repertorio actual. El Don Quixote de Wilhelm Kienzl, obra estrenada en 1898 en la Hofoper de Berlín, tampoco es una excepción.Tras algunas puestas en escena y una pausa que se prolongó durante más de 60 años, Gustav Kuhn, acompañado por el Coro y la Orquesta Sinfónica de la Radiotelevisión Berlinesa, se atrevió en 1998, un siglo después de su estreno, con esta singular rareza operística. Lo hizo, sin embargo, en una representación en forma de concierto pero al mismo tiempo sin cortes.No obstante, la pieza no alcanza nunca tal viveza. Es cierto que de vez en cuando se canta con considerable maestría, pero al compositor (y no pocas veces atropellado letrista) se le va la mano mucho más con el barniz sentimental, especialmente en el último acto, que con el vestuario pretenciosamente cómico. En realidad, no se trata aquí en absoluto del hombre de La Mancha, sino del artista de finales de la irreparablemente exprimida época romántica. El extenso monólogo final se convierte - al igual que ocurre dos décadas más tarde con el Palestrina de Pfitzners - en un canto de cisne demasiado premeditadamente apagado. Con justicia se ha ganado el compositor su apodo de Don Kienzl.A pesar de todo, musicalmente la ópera tiene su atractivo. Se alimenta en su mayoría de escenas de la segunda parte de la obra cervantina, cuando el Quijote ya se ha convertido en celebridad y centro del divertimiento cortesano. Kienzl domina muchos registros. Son evidentes los débiles ecos wagnerianos (en este caso, recuerdan sobre todo a Tannhäuser y la ya mencionada necesidad de la maestría en el canto) pero también hay algún aria valiosa (por ejemplo, I/3: "Ach, wie war es einstens anders") e incluso un dúo à la Verdi (III, 1: Mercedes/Carrasco "Es zagt das Herz mir"). La instrumentación es sólida y rica en matices, aunque la mayor parte de las veces Kienzl no logra capturar el colorido hispánico.Gustav Kuhn, junto a la Orquesta Sinfónica de la Radiotelevisión Berlinesa, le saca todo el provecho, sabiendo en todo momento hacer brillar la partitura. Los cantantes solistas están bien escogidos. Thomas Mohr como el joven Quijote aguanta el tipo sin problemas y los demás también son dignos de alabanza -hay que mencionar al brillante Carrasco de Matthias Henneberg y a Hans Aschenbach como el Duque, al que se le exigen algunas aventuras vocales -. Los papeles femeninos quedan en segundo plano y Dulcinea del Toboso no aparece en absoluto hasta que surge en la beata ilusión de Alonso Quijano, conocido como Don Quijote. La grabación es ejemplar, y no es arriesgado profetizar que permanecerá mucho tiempo siendo la única. La posibilidad de que algún otro teatro vuelva a acoger esta pieza es del todo descartable.Traducción de Silvia Durán García

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