España - Canarias

E lucevan le stelle ... en Canarias!

Horacio Castiglione

martes, 18 de marzo de 2003
Las Palmas de Gran Canaria, sábado, 22 de febrero de 2003. ‘Tosca’. Drama en tres actos de Giacomo Puccini sobre libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica (1900). Dirección escénica, escenografìa, vestuario e iluminación: Roberto Laganá Manoli. Elena Prokina (Floria Tosca), Darío Volonté (Mario Cavaradossi), Marcel Vanaud (Barón Vitellio Scarpia), Rodrigo Garcia (Cesare Angelotti), Santiago Sánchez Jerico (Spoletta), Francisco Valls (Sacristán), Elu Arroyo (Sciarrone/Carcelero), Dácil Rodrìguez (un pastor). Orquesta Filarmonica de Gran Canaria, Coro del Festival de la Opera de Las Palmas, Coro Infantil de la Orquesta Filarmonica. Maestra del coro: Olga Santana. Maestro del coro infantil: Marcela Garrón. Director musical: Andrea Licata. Aforo: 1.500 localidades. Ocupación. 100%.
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La inauguración de la temporada de ópera en Las Palmas de Gran Canaria, en el ámbito del XXXVI Festival (¡se dice pronto 36!) organizado por la incansable y valiente organización de Los Amigos de la Opera, ha sido bajo el signo de Giacomo Puccini con la archipopular Tosca de la que se han ofrecido tres funciones, súper agotadas, en el estupendo Auditórium Alfredo Kraus, magnifico edificio que domina la Playa de la Cantera cual simbólico faro de cultura y en cuya amplia sala caben mil quinientos espectadores. Sin embargo, algún “pero” hay que encontrarlo, la sala que no ha nacido para las funciones de ópera, es decir para el teatro. Es, sin duda, una opción valida, mientras se espera la reinauguración del glorioso Teatro Galdós, cerrado tiempo ha por las necesarias reformas, las que todavía no han empezado, pero la gran capacidad del Auditórium (seiscientas personas más de las que caben en el más pequeño Teatro Cuyas en el que sigue la temporada canaria) tiene como revés de la medalla que las producciones que se programan en el espacio normalmente ocupado por la orquesta, la misma y excelente Orquesta Filarmónica que ha ejecutado la obra maestra de Puccini, constituyan un marco escenografito, más que un montaje operístico.Esto no disminuye, todo lo contrario, la optima labor de Roberto Laganá Manoli, director de escena y a la vez responsable del decorado y del vestuario, absolutamente pertinentes e incluso lujosos los segundos, que para mayor inri se ha encontrado con la imposibilidad de subir el piso, para crear una distinción entre el inexistente foso (realizado sacando las butacas de las primeras tres filas, y el pretendido escenario. Y es que, casi contemporáneamente, llegaron a Las Palmas la Orquesta Filarmónica de Milán y su mentor Riccardo Muti para unos conciertos, lo que impidió utilizar los recursos del Auditórium, puesto que las fechas casi coincidieron.En la función a la que se refiere esta crónica, la última, no obstante los desequilibrios sonoros, la supuesta “barrera de sonido” determinada por el nivel alto la orquesta, parecieron realmente mínimos y totalmente disimulados por la sagaz dirección de Andrea Licata. El Maestro siciliano, activo sobretodo en Norteamérica, es un ancla de salvación, por su conocimiento del repertorio y de las voces, a las que siempre ampara con unas dinámicas coherentes, en estas situaciones. Su lectura del drama de Victorien Sardou transformado con inteligencia y atino por la pareja Giacosa y Illica a las exigencias del melodrama, ha sido de una determinante fuerza dramática, con un buen sentido del ritmo y una progresiva tensión que ha explotado en los tres finales. Empezando por el primero, con un intenso crescendo en el celebre ‘Te Deum’, donde se ha distinguido también el musical coro del Festival, recordemos que es formado por aficionados, ¡pero muchos teatros quisieran tenerlos para sí!, preparado con exactitud por Olga Santana; hay que mencionar, también, la soberbia prueba de las voces blancas instruidas por Marcela Garón.El reparto pudo contar con la prestación de una creíble Floria Tosca, bien sumida por la soprano rusa Elena Prokina, a la que recordamos musical y valiente interprete del rol protagónico en Euryante de Weber en el Teatro Lírico de Cagliari. Su Tosca fue pasional y vehemente, pese a poseer la Prokina una voz substancialmente lírica. Sus agudos, lanzados con valor y entrega, tienen, sin embargo, un sonido tímbricamente sin brillo y hay momentos en que resultan descontrolados. Le pasó en la celebre aria ‘Vissi d’arte’, que no obstante el publico premió con generosos aplausos.El Barón Vitellio Scarpia de Marcel Vanaud, barítono belga, amen de una dicción italiana aproximativa y de una fonación obscura, fue escénicamente aceptable, pero bastante decepcionante en lo vocal; su voz, irregular en la emisión, resultó sonora, pero desprovista de nobleza y el acento, en un canto que es todo jugado sobre la palabra, resultó calafateado y sin matices. Al tenor argentino Darío Volonté, que debutaba en Las Palmas en uno de sus roles más trabajados, se le puede echar en falta un volumen más impactante, pero el estilo, la expresividad, el fraseo ardiente y la total adherencia interpretativa al rol del desdichado pintor Mario Cavaradossi, le garantizaron un gran éxito personal, subrayado por aplausos y numerosos “bravo” tras sus dos arias, ‘Recondita armonia’ y ‘E lucevan le stelle’, en este caso perfectamente compartibles.Al éxito rotundo participaron en medida distinta por su relativo empeño vocal, pero acertando las respectivas partes, el saleroso y simpático Sacristán dibujado por Francisco Valls, el Cesare Angelotti cantado muy bien por el prometedor y joven bajo canario Rodrigo Garcia, el profesional y puntual Spoletta de Santiago Sánchez Jericó y, finalmente, Elu Arroyo en el doble papel de Sciarrone y de carcelero y Dacil Rodriguez que dio voz al pastorcillo.

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