España - Murcia

Esto no es un concurso

Maruxa Baliñas

martes, 22 de abril de 2003
Murcia, lunes, 14 de abril de 2003. Auditorio y Centro de Congresos. Werner Heider, Edition. Arnau Bataller, S(i)core. Camille Saint-Saëns, Concierto para violonchelo y orquesta nº 1 en la menor opus 33. Franz Liszt, Tasso. Charles Gounod, Música de ballet de 'Fausto'. Orquesta Sinfónica de la Escuela de Música de Bochum (Alemania). Juan Mellado Centenero, violonchelo. Norbert Koop, director. XXII Festival Internacional de Orquestas de Jóvenes de Murcia FIOJ 2003.
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Esto no es un concurso, pero si lo fuera, la Orquesta Sinfónica de la Escuela de Música de Bochum (Alemania) sería una firme candidata al primer premio por su profesionalidad y ductilidad: se lucieron igualmente con música contemporánea que romántica o de 'pops'.El concierto comenzó con una obra de Werner Heider (Fürth, 1930), Edition, muy difícil tanto para el público como para los intérpretes, puesto que se trata de una obra abierta, basada en un desarrollo aleatorio de sonidos, silencios, contrastes y comunicación entre los miembros de la orquesta, donde la tensión es uno de los elementos unificadores, lo que no pareció asustar a los jóvenes de Bochum, que mantuvieron en todo momento la concentración y tocaron con cuidado.A continuación estrenaron, también con gran profesionalidad, S(i)core de Arnau Bataller, la obra ganadora del concurso de composición del Festival de Orquestas Jóvenes de Murcia en su edición de 2001. Se trata de una pieza que, como el propio compositor explica, está escrita durante sus años de estudio en la universidad de Southern California de Los Ángeles y por ello mezcla muchas cosas distintas. En palabras de Arnau Bataller, presente en el estreno, "hay que entender esta obra como un vehículo de expresión y perfeccionamiento técnico de un joven que está acusando el impacto de muchos estilos musicales, estilos que primero intento intento captar e interiorizar, para luego remodelar y reflejar en la partitura con un toque más personal".No es una pieza demasiado sencilla para los intérpretes, puesto que se basa en los contrastes tímbricos y sobre todo rítmicos. Los instrumentos se usan de una forma bastante convencional: en general los violines y cuerdas tienen melodías más convencionales, mientras en los metales, maderas y percusión hay unos juegos tímbricos, dinámicos y texturales más trabajados. No abusa de la percusión, un defecto muy típico de los 'novatos', y es bastante hábil en la creación de 'sustos' al público, de esos tan apreciados por Haydn.Con la tercera obra del programa, el Concierto para chelo nº 1 de Saint-Saëns, se presentó Juan Mellado Centenero, un violonchelista local, dentro de lo que fue la tónica del Festival, que este año sustituyó los concursos habituales en ediciones anteriores por las actuaciones de músicos jóvenes murcianos o españoles, a los que se les da la posibilidad de tocar con las orquestas sinfónicas invitadas, todas las cuales apadrinaron a un intérprete local.Mellado es un chelista bien dotado, con fraseo, lirismo, un control del arco bastante bueno y una afinación notable. Necesita todavía mejorar su sonido, que resulta un poco escaso, y adquirir mayor agilidad (se quedó un poco corto en el primer movimiento del Concierto). Fue muy aplaudido, tanto por el público como por sus propios compañeros de la orquesta, que le patearon al estilo alemán (provocando que entonces sus colegas murcianos se puesieran a aullar, en fin, todo muy cacofónico). Como propina tocó una adaptación del Paño moruno de Falla, muy equilibrada en el contraste melodía-acompañamiento, y con unos saltos de cuerda y rasgueos bien resueltos.Las dos obras siguientes, al igual que el Concierto para chelo de Saint-Saëns, mostraron una orquesta tanto o más capaz que la escuchada en Heider y Bataller. Tienen un sonido potente, pero cuidado, con unos ff que nunca suenan desagradables y una afinación impecable. Se nota la seriedad y atención con que Norbert Koop los ensaya y dirige, logrando ese sonido unificado y seguro que define a una buena orquesta, especialmente en el Tasso de Liszt, un buen termómetro para medir calidades orquestales. Pero la mejor obra de la segunda parte fue el Fausto de Gounod, especialmente en el Vals inicial, muy delicado pero sin amaneramientos, y en los dos últimos movimientos de la suite, con un gran equilibrio sonoro.Como propina un Homenaje a Mancini y una selección de Porgy and Bess donde se mostró la tercera gran orquesta de la noche, la absolutamente ligera, la que parece no tener otra ocupación que el repertorio de 'pops'. El timbalero se convirtió en un batería impecable, los contrabajos abandonaron casi definitivamente sus arcos, los vientos se apropiaron del sonido de las grandes orquestas americanas, no exactamente de bigband sino más bien tipo Boston Pops o la orquesta de Glenn Miller, y aquellos intérpretes que tenían menos trabajo se ocuparon de los 'efectos especiales' (chasquear de dedos, gafas negras, todas la trompetas moviéndose juntas, etc.). Norber Koop, un director 'bailarín' según había mostrado ya en el 'Triunfo' de Tasso, perdió totalmente su seriedad y fue el primero en obligar a sus músicos a lucirse con unos juegos rítmicos y unos cambios de tempo casi exagerados.En fin, un concierto muy completo con un único defecto, la elección del programa, bastante duro para público e intérpretes, sin apenas ninguno de los 'caramelos', excepto en las propinas, que abundaron en los programas de otras orquestas. Por lo que me contaron la orquesta fue variando el programa en función del local en que actuaban, reservando las piezas más ligeras para los conciertos al aire libre: pero en el Auditorio de Murcia nos tocó toda la seriedadLa asistencia de público fue una de las más numerosas, en buena medida debido a la actuación de Mellado Centenero. En la primera parte del concierto llegó a ocuparse como el 90 % del patio de butacas (son unas 700 localidades), ocupación superior a la alcanzada en ninguno de los conciertos snteriores, pero en la segunda parte se redujo al habitual 35%, debido también a que las otras orquestas presentes entre el público tuvieron que irse a cenar.

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