España - Cataluña

La novedad de lo desconocido ... y lo conocido

Trebor

miércoles, 16 de abril de 2003
Barcelona, sábado, 8 de febrero de 2003. Auditori. Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC) Albert Giménez Atenelle, piano. Antoni Ros Marbà, director. Programa: Maurice Ravel: Le Tombeau de Couperin. Graciane Finzi: Concierto para piano y orquesta. Sergei Procofiev: Suite de Romeo y Julieta. Concierto de Temporada de la OBC. Ocupación 85%.
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Si la música tiene un poder es el de evocar. Sería esta la característica que Ros Marbà nos regaló con su batuta en las tres obras del s. XX que integraban este programa.Entre dos obras dedicadas a la danza, quedó encorsetado en cierto modo el Concierto para piano y orquesta (1997) de Graciane Finzi (Casablanca, 1945), compositora marroquí de formación francesa. Prolífica en obras y géneros, aunque desconocida por estos lares, hizo una carta de presentación interesante, siendo más sugerente en timbres y planos sonoros orquestales que no estructuralmente. En un lenguaje entre minimalista y bastante repetitivo, de búsqueda de tensiones a base de largos clusters, conseguía mostrar la idea de soledad del hombre actual, pero no de una manera dura ni irresistible, sino que poseía a la vez esa sombra de romanticismo y esperanza que convierte en atractiva esta partitura.Este ambiente, un tanto impreciso y flotante, se ve acentuado en el segundo movimiento por la intervención más solística del piano, convirtiéndose Albert Giménez Atenelle al llegar al el tercer movimiento en un virtuoso de su instrumento, con recursos de obstinatos rítmicos, melódicos y vertiginosas escalas en una carrera contra la temporalidad que se impone en los acordes del tutti orquestal.La lectura vital que nos muestra Finzi en esta obra combina la dureza de nuestro tiempo representada por la armonía con una finura y un resplandor dinámico, y aprovechamiento de la paleta tímbrica orquestal muy interesante. Esperemos que se programen otras obras de esta compositora premiada ya en Francia por su trayectoria y con cierta inclinación a los temas, músicas y personajes hispánicos.Le Tombeau de Couperin que abrió el concierto fue un canto a la transparencia orquestal cumpliendo el deseo de Ravel de homenajear con una estructura de suite dieciochesca al barroco francés. Si un instrumento sobresale en esta composición es el oboe que se apreció demasiado frío en comparación con otras brillantes intervenciones solistas, como la de la flautista Magdalena Martínez.Fuerza y poderío orquestal desde el primer momento acompaño el Procofiev que cerró el concierto. Curioso mix del ballet Romeo y Julieta el que nos presentó Ros Marbà a partir de las dos suites establecidas por el compositor. Siete piezas elegidas entre las dos suites mezclando con atractivo y criterio desde el lirismo de "Julieta", el dramatismo del tutti de "Montescos y Capuletos", la riqueza y versatilidad de las escenas propiamente danzables del ballet con la desolación brutal de la "muerte de Tebaldo" y su marcha fúnebre.

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