El Espía de Mahler

62. Una ventana abierta

Jordi Cos

martes, 13 de mayo de 2003
---
La influencia de Celibidache alcanza incluso a quienes no han estudiado con él. Ese fue el primer pensamiento que mantuvo ocupada mi cabeza la última vez que Josep Pons dirigió a los sinfónicos del Vallés. La frase anterior son los cimientos del artículo que quería dedicar al recién nombrado director de la Orquesta Nacional de España, pero ahora me da pereza seguir, mira tú qué cosas. A ver si asomándome a la ventana abierta de la O de su apellido, como el ojo de buey de un barco, se me pasa.El paisaje interior revela que Pons es una persona con ideas que a veces trabaja como director de orquesta. Si tenemos en cuenta que el mundo de la música está habitado por periodistas, gerentes, directores de orquesta, tenores, violinistas, y demás etcéteras, para quienes mostrarse a veces como personas resulta un fatigoso trabajo, esa definición del músico catalán hay que leerla en clave de elogio.Otra simpleza, pero ahora, en clave de crítica: tine la batuta fláccida, con perdón: tiene la batuta fláccida, con perdón. Articula demasiado con la muñeca, técnica que crea en el músico de silla una sensación de ausencia de peso, muy adecuada para tocar Debussy, pongo por caso, pero frustrante si con ella te invitan a acariciar las cuerdas de tu instrumento en el nombre de Brahms, o para que este artículo resulte más pesado, de Bruckner.Esa liviandad quizá obtenga sus razones en la blandura de las consonantes que rodean la O solitaria de su apellido: el paraguas de la P mayúscula, la montaña de la n (la misma letra que abre la palabra Nacional) y las curvas cerradas de la s terminal que prometen una vida llena de emociones. Y es que soy de la idea de que los nombres reflejan el carácter de sus dueños y, en incierta forma, también predestinan sus biografíasEn este caso, Pons define a un grupo de puentes catalanes (ponts) cuya misión en el mundo es comunicar el pasado de las orquestas con su futuro; mas como están construidos sin el martillo de la t, se entiende que a más de uno les dé miedo atravesarlos, sobre todo, y no me pregunten por qué, a quienes pese a vestirse con un apellido extranjero lleno de aristas, no pueden ocultar que son de Burgos.Tengo que aclarar la referencia a Celibidache: mientras nos dirigía, ponía mucho énfasis en que cada frase fuera el relato abreviado de una vida, a saber: nacimiento, culminación y muerte; el reflejo, en fin, de esa existencia superior que es la obra entera. Lo descubrí asomado al ojo de buey de su O, desde donde hoy he escrito esta fila india de palabras para matar el tiempo; ventana que, si me permiten, ahora me dispongo a cerrar con un punto final porque la pereza aún sigue abierta y hay corriente de aire.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.