Reportajes

Instrumentos y ministriles en la catedral de Sevilla

Juan Luis Montaña Conchiña

miércoles, 10 de noviembre de 1999
Pues es costumbre loada y aprovada que aya en las iglesias que las puedan sostener músicas de voces y de instrumentos para solenizar las festividades.La música del maestro Guerrero contenida en los libros autógrafos e impresos de polifonía, conservados en el archivo de la catedral de Sevilla, incluyen música exclusivamente vocal y no presentan partes instrumentales ni indicación alguna que hiciera suponer la presencia de instrumentos en la interpretación de las piezas. Sin embargo, éstos estuvieron presentes y de manera significativa si consideramos dos realidades que nos llevan desde las costumbres propias de las prácticas musicales de la época y de la escuela sevillana en particular, hasta la propia importancia de la capilla musical que tan doctamente dirigía el maestro Guerrero.Instrumentos en la catedralEfectivamente, los ministriles o instrumentistas estuvieron presentes en la ya de por sí importante y nutrida capilla musical sevillana que, como refiere Alonso de Morgado en su Historia de Sevilla de 1587, puede competir con la mejor de toda la Christiandad. La presencia de ministriles debe cifrarse con antelación a la dirección ejercida por el maestro Guerrero. En esta misma obra se encuentra una referencia de primer orden relativa a los instrumentos existentes en la capilla. De entre los instrumentos de viento cabe señalar la presencia de chirimías, sacabuches, bajones, flautas y cornetas, a los que habría que sumar, posiblemente, orlos. De 1526 data una noticia en la que el cabildo decide contratar sinco menestriles altos, tres chirimías, que sean tiple o thenor o contra e dos sacabuches.Aunque en esta obra de Alonso de Morgado no aparezca el dato concreto, es cierto que las vihuelas de arco o violones, las vihuelas de mano y de brazo estuvieron también presentes como lo muestran fuentes iconográficas de la propia catedral. Del mismo modo, es posible pensar que, como ocurre en otras catedrales como es el caso de Toledo, estuvieran presentes instrumentos de cuerda punteada (laúdes y valdosas), arpas y psalterios. Un dato proporcionado por Francisco Pacheco, historiador de la ciudad, coetáneo conocedor y admirador del maestro, nos pone tras la pista al señalar que el propio Guerrero por si aprendio vigüela de siete ordenes, harpa y corneta i otros varios instrumentos, si bien es verdad que la incorporación a la capilla de los instrumentos de cuerda punteada parece ser más tardía que la de los insturmentos de viento.En este amplio elenco de instrumentos no podemos olvidar la presencia del instrumento rey: el órgano. Además del gran órgano de la catedral, se documenta la presencia de órganos positivos, clavicémbalos. No descartamos la existencia de realejos, además de otros instrumentos que, aparentemente de menor importancia, debieron desempeñar un papel importante en determinados momentos (procesiones del Corpus, por ejemplo), como es el caso de tamborines y atabales afinables.Composición de la capilla: voces e instrumentosLa capilla musical estaba compuesta por voces e instrumentos, esta amplia agrupación participaba habitualmente en los diversos actos pertenecientes al culto religioso en muchos de los casos perfectamente regulados por el cabildo catedralicio a través de amplias y detalladas normativas.En cuanto a las voces podemos distinguir:Seises, o niños cantorcitos, eran menores de doce años educados e instruidos musicalmente además de letras y humanidades. Los seises derivaron de los conocidos como mozos de coro que formaban otro colectico de jóvenes cantores con funciones muy particulares en sus intervenciones musicales en la liturgia. El maestro Guerrero tuvo que hacer frente a la enseñanza de estos seises, a los que debía adiestrar en canto de órgano, llano y contrapunto. Del mismo modo estaba obligado a que siempre les tenga a los dichos niños cantorcitos bien y honestamente vestidos y calçados y les de sus camas con toda limpieza. La importancia de los niños cantorcitos queda reflejada en este pasaje de la Historia de Morgado al señalar que Los seyses son los muchachos de mejores bozes que pueden hallarse.Veinteneros, era el grupo de cantores que desarrollaban la labor del canto en la catedral. Algunos investigadores los han denominado como voces graves, aunque en el elenco de personas que componían este grupo los había con un registro más amplio. Sus obligaciones eran participar en el canto llano y en el canto de órgano. El grupo de cantores, muchos de ellos clérigos de la propia catedral, se repartían en cinco por cada voz: tiples, contraltos, tenores y bajos.Solistas. De entre las voces solistas las más solicitadas por la catedral eran destacan los contraltos y tenores a las que tenemos que añadir las voces de tiples. Por aquellos tiempos la contratación de tiples capones, es decir, castrados, comenzaba a ser un práctica habitual (aunque los primeros datos al respecto son más tardíos) no exenta de generar problemática pues muchos de estos tiples cantaban de mala gana y provocaban conflictos en el seno de las capillas. Los músicos instrumentistas estaban igualmente sujetos a una normativa que fijaba los momentos de su intervención en las piezas musicales que formaban parte del culto. De entre el conjunto instrumental tenemos que destacar al órganista. La presencia y trascendencia del organista era vital para el desarrollo de la música en la catedral. Figura relevante cuya significación se extendía tanto al ámbito social como al musical. El organista era el instrumentista intérprete por excelencia dada la naturaleza y sonoridad de este instrumento en la interpretación de la música y su versatilidad en la enseñanza de la misma. Exceptuando las piezas cantadas a capella el órgano era un acompañante habitual de las voces.Si atendemos a las división entre instrumentos de viento y cuerda, denominados por Luis Jambou altos y bajos, encontramos los siguientes instrumentos que, encabezados por cornetas, eran habituales entre los ministriles. De entre ellos podemos destacar chirimías y sacabuches, quizá los que más importancia tuvieron además del bajón, que parece incorporarse un poco más tarde, y el contrabajón del que se tienen escuetas noticias.Entre los instrumentos bajos o de cuerda (graves como denomina Cayrasco en su Templo militante), frotadas y punteadas están presentes vihuelas de arcos en todas sus tesituras así como posiblemente vihuelas de mano tanto de cinco como de siete órdenes. No en vano Sevilla era el centro de trabajo de uno de los gremios de violeros más importantes de la Castilla de entonces. Un especial protagonismo alcanzó el arpa que, aunque su incorporación es inicialmente tímida, pronto se convertirá junto al órgano y al bajón en instrumento fundamental e imprescindible de las capillas catedralicias.Voces e instrumentosLa participación de instrumentos y voces en el conjunto polifónico no era una novedad en la catedral de Sevilla. Comenzando por el instrumentista de mayor entidad, el organista, todos tenían una importante responsabilidad dada su continua intervención como solista o acompañando a cantores y ministriles. Debían ser músicos de amplios conocimientos armónicos para desentrañar sobre la marcha el bajo cifrado que acompañaba a su partitura. Del mismo modo debían poseer amplios conocimientos sobre registración, ténicas de ejecución y conjunción con otros instrumentos.Aunque el canto a capella o acompañado por el órgano eran prácticas cotidianas, el acompañamiento de instrumentos llegó a ser una realidad muy especial en la catedral sevillana estando Guerrero en vida. La intervención de los instrumentistas fue cuidada con suma pulcritud por nuestro maestro como parecen indicar todos los datos. Este acompañamiento instrumental se limitaban en la mayoría de las ocasiones a doblar voces cantadas o sustituirlas o, sencillamente, tocar piezas instrumentales. Cuando los ministriles doblaban voces desarrollaban un función paralela muy interesante, la de glosar, o lo que es lo mismo, desarrollar una serie de variaciones o interpretaciones sobre la línea melódica o voz que doblaba o sustituía.De la calidad de estos músicos no hay duda alguna ya que según indican las fuentes muchos de los instrumentistas contratados por el cabildo de la catedral eran capaces de interpretar varios instrumentos e incluso cantar cuando dicha habilidad les era requerida. El lucimiento de algunos de estos virtuosos intérpretes asalariados, es decir, miembros fijos de la capilla, o contratados, y escrupulosamente escogidos por los musicos principales de la capilla y el cabildo -sólo bajo determinadas circunstancias-, obligó a Guerrero en más de una ocasión a llamar la atención sobre la necesidad de poner orden tanto en el momento oportuno como en la forma de glosar. El maestro insistió en no pocas ocasiones que los ministriles debían practicar el arte de la glosa siguiendo un orden, es decir, sólo debía hacerlo un instrumentista en los instantes en que dicha glosa era requerida y siempre con instrumentos distintos. La insistencia por parte de Guerrero sobre la conveniencia de echar glosas era síntoma evidente de que el incontenido virtuosismo de estos instrumentistas debió crear situaciones incómodas en las que el maestro debía ver desfigurada su música. Es posible imaginar que en no pocas ocasiones el solapamiento de instrumentos solistas glosando provocaron resultados sonoros poco deseables tanto para los propios intérpretes como para el público.Con todo, y tras esta somera visión sobre la incorporación de instrumentos a las prácticas polifónicas sacras del tiempo del maestro Guerrero, podemos concluir señalando la trascendencia que tenían ministriles e instrumentos en la música sacra practicada en la catedral de Sevilla, significación que lejos de disminuir fue a mayor si consideramos que a comienzos del siglo XVII el número de ministriles integrados en la capilla de la catedral era de catorce de entre los que dominaban fundamentalmente los instrumentos de viento: cornetas, sacabuches, chirimías, bajones y, posiblemente, contrabajones.Fuentes- Archivo de la Catedral de Sevilla. Actas Capitulares, libros, 45, 46, 47, 48, 49 y 50.- Francisco Pacheco: Libro de descripción de verdaderos retratos de ilustres y memorables varones, Sevilla, 1599.- Alonso de Morgado: Historia de Sevilla, Sevilla, 1587.- Ortiz de Zúñiga: Anales de la ciudad de Sevilla, reed. Sevilla, 1988.Bibliografía-Inmaculada Cárdenas Serván: El polifonista Alonso Lobo y su entorno, Santiago de Compostela, 1987, ISBN 84-7191-415-8.-José Enrique Ayarra Jarne: La música en la catedral de Sevilla, Sevilla, 1976.-José Enrique Ayarra Jarne: La música en el culto catedralicio Hispalense, Sevilla, 1985.-Simón de la Rosa: Los seises en la catedral de Sevilla, Sevilla, 1904.-Robert Stevenson: La música en las catedrales españolas en el Siglo de Oro, Madrid, 1993, ISBN 84-206-8562-3.-Samuel Rubio: Desde el Ars Nova hasta 1600, Historia dela Música Española, Vol. 2, Madrid, 1983, ISBN 84-206-8502-X-Rafael Pérez Arroyo: "La vihuela de arco", Revista de Musicología, Vol. III, (1980), nº 1-2.-José María Lamaña: Los instrumentos musicales en la España renacentista, Barcelona, 1975, ISBN-David Munrrow: Instruments of the middle ages and Renaissance, Oxford, 1976.-María Sanhuesa Fonseca: "El Templo Militante de Cayrasco de Figueroa: Los instrumentos musicales del Sacro Consistorio", Los instrumentos musicales en el siglo XVI, Avila, 1997, págs. 197-206 ISBN 84-920715-3-2.

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