España - Castilla y León

Croce e delizia

Mar Sancho

miércoles, 28 de mayo de 2003
Valladolid, viernes, 23 de mayo de 2003. Teatro Calderón. Giuseppe Verdi: La Traviata. Libreto de Francesco Maria Piave. Pier Luigi Pizzi, Dirección, escenografía y vestuario. Luca Veggetti, Coreografía. Svetla Vassileva (Violetta Valéry), Zoran Todorovich (Alfredo Germont), Carlos Bergasa (Giorgio Germont). Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Coro del Teatro Calderón. Alejandro Posada, Director. Aforo: 1.168 localidades. Ocupación: 100 %
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Extraviarse es un verbo lujoso, casi tanto como la música de Verdi. Una representación de ópera es susceptible de extraviarse, de evidenciar carencias y vacíos, pero también de enmendarse después al igual que 'Violetta Valéry' y acabar siendo como el amor que ésta canta, en ocasiones una cruz, en ocasiones una delicia.La mayor delicia para el espectador que asistió a La Traviata vallisoletana fue la puesta en escena del italiano Pier Luigi Pizzi, quien condujo la obra desde el colorido intenso y frívolo, rozando lo grotesco, de los primeros actos hasta la austeridad blanca y triste del tercero. Este montaje modesto, encargo de los teatros de Montecarlo y Venecia y que llegaba desde el San Carlos de Lisboa, concedió un marcado carácter teatral a la representación, sentido en el que también jugó un importante papel la escenografía, con un coro y unos personajes secundarios estáticos, meros asistentes ante la historia trágica de 'Violetta'.Bajo la escena, la orquesta -reducida a causa del tamaño del foso- trató de seguir la partitura lo mejor posible, tratando de obviar la falta de violines que, si bien en ocasiones quedó salvada, supuso un inconveniente en otras como el inicio del último acto. Aún así, y tras un comienzo algo excesivo en la obertura, los músicos conducidos por Posada ofrecieron una versión aceptable y, sobre todo, entregada de la obra verdiana. El coro estuvo acertado, mejor y más compacto en la última aparición que en la primera.En las voces, Svetla Vassileva desempeñó -con una dicción más búlgara que italiana- una 'Violetta' en progresión y, tras un primer acto en que se mostró afectada en la modulación y exagerada en los agudos, tuvo buenos momentos en la intervención con el barítono del segundo y evidenció una buena expresividad en el decadente acto final. Zoran Todorovich fue un 'Alfredo' flojo por enfermedad, que no convenció a pesar de ir mejorando a medida que prosperaba la representación. El mejor resultó el 'Giorgio Germont' encarnado por el barítono Carlos Bergasa, quién a pesar de aparentar demasiado joven para el papel lo resolvió con personalidad y buena técnica, lo que le concedió la mayor aprobación por parte del público.Mas junto a la delicia que siempre supone una obra como La Traviata, hubo más cruces de las debidas, marcadas por una serie no permisible de ausencias. Junto a la omisión de la cuerda requerida en la orquesta y ya mencionada, faltaron las dos intervenciones de pequeñas orquestas tras la escena y fueron suprimidos también dos pasajes cantados a causa del estado del tenor. Con todo, una Traviata a medias, una producción buena pero evidentemente mejorable, croce e delicia en esta historia inmortal y reiterada que, en esta ocasión, transcurrió en el Teatro Calderón.

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