España - Cantabria

Retorno a Santander

Darío Fernández

lunes, 2 de junio de 2003
Santander, viernes, 16 de mayo de 2003. Ateneo de Santander. Ning An, piano. R. Schumann: ‘Arabesque’, op. 18 y ‘Fantasía en Do mayor’, op. 17. F. Liszt: ‘Dedicación’, ‘Consolación nº 3 en Re bemol mayor’ y ‘Paráfrasis de Rigoletto’. S. Rachmaninov: ‘Sonata nº 2 en Si bemol menor’, op. 36. Ocupación: 70%.
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Casi un año después de su participación en el Concurso Internacional de Santander Paloma O’Shea, el pianista norteamericano Ning An ha regresado a nuestro país para ofrecer la gira de conciertos a que se hizo acreedor al recibir el Tercer Premio en aquella ocasión. Así, tras haber actuado en Oviedo y poco antes de hacerlo en Murcia, An se reencontró con el público de la capital cántabra con un recital que permitió escuchar al intérprete fuera de las tensiones de la competición y del que debe subrayarse su ambicioso programa.Así, An se centró primeramente en un compositor que entiende perfectamente, como es Robert Schumann, de quien pudimos escuchar su Arabesque y la monumental Fantasía en Do mayor, op. 17, pieza que ya Liszt consideró “maravillosa y magnífica”. Es sabido que la obra constituye uno de los más logrados frutos que dio el genio de Zwickau en su empeño de enfrentarse a las grandes formas y a estructuras que, por definidas, suponían para él un auténtico desafío. Plenamente consciente de ello, An firmó una versión notable por el cuidado en el detalle y la claridad y limpidez de su fraseo, virtudes que no están en absoluto reñidas con ese vigor que piden, por ejemplo, el desgarrado primer movimiento –de él dijo Schumann que era “lo más apasionado que yo he escrito”- y el heroico segundo.Ya en la segunda parte, Schumann siguió en cierto modo presente a través de la Dedicación que Liszt le dirigió en retribución al gesto que aquél había tenido anteriormente al dedicarle la mencionada Fantasía. La página es ciertamente breve, pero An es un pianista hecho y derecho y supo sacar de nuevo todo su jugo a una pieza que por su carácter comedidamente lírico parece ajustarse como un guante a sus capacidades expresivas. Algo que puede suscribirse plenamente si nos referimos a la Consolación nº 3 que siguió a continuación, pero no tanto si lo hacemos con la Paráfrasis de Rigoletto, en la que An apeló a esa predilección que gran parte del público muestra por las piezas eminentemente virtuosísticas.El recital llegó a su fin con una Segunda sonata de Rachmaninov dicha o, mejor aún, cantada con una técnica primorosa y una hondura excepcional que trajo a mi memoria el recuerdo de aquellas palabras que pronunció al saber que le había sido concedido el Tercer Premio del Concurso Internacional de Piano de Santander Paloma O’Shea: “No estoy aquí para satisfacer a nadie, sino para encontrar mi verdad en la música. Esto es lo que me preocupa al margen de si hubiese ganado el primer premio o no hubiese conseguido galardón alguno”.Lo cierto es que An transmitió esa verdad que persigue y agradeció los aplausos de la satisfecha concurrencia con un nocturno chopiniano que nos dejó con las ganas de volver a escucharle.

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