Ópera y Teatro musical

Teatro Real, temporada 2003-2004: cumbres, y alguna rareza

Jesús Hernández

lunes, 2 de junio de 2003
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En octubre empezará Jesús López-Cobos a ejercer sus funciones como director musical del Teatro Real. Aceptó el cargo hace meses, después de largas, y no siempre fáciles, negociaciones y cabe pensar que ha intervenido en la confección del programa de la próxima temporada. Tras la sustitución de Cambreleng por Emilio Sagi, el fallecimiento de García-Navarro, y el nombramiento de Inés Argüelles como gerente, no es exagerado pensar que estamos en el inicio de una nueva etapa, ante la que algunos. como por ejemplo quien escribe, se sienten relativamente optimistas.El Real, después de obras mucho más largas y caras de lo previsto-es la regla, no la excepción-volvió a ser teatro de ópera, heredando la corta, modesta, pero en general mucho más que digna temporada que ofrecía La Zarzuela. A la que, no hace falta decirlo, contribuyó tanto Sagi. Los más viejos del lugar se acordarán de un francés de cuyo nombre no queremos acordarnos, de que llegó a considerarse seriamente la posibilidad de que don Juan Carlos I debiera soportar una representación de Parsifal, de que...Pero no llegó la sangre al río, el compositor-locutor-pensador-gestor hizo también de alcalde de Móstoles, los afrancesados perdieron(perdimos) otra vez y las élites madrileñas, haciendo caso a Cambreleng, se quitaron de las manos los abonos de una temporada con obras que jamás hubieran escuchado en otras circunstancias. Lo que siguió lo sabemos todos, incluido el (así llamado) homenaje a Alfredo Kraus.Hace poco se dio a conocer, en la habitual rueda de prensa, el programa para 2003-2004, que había anticipado La razón, así como las líneas generales para las siguientes. Parece que aquí también se nota la mano de Sagi y López-Cobos y que la improvisación va a dejar paso a la forma de trabajar de los teatros serios. Amén.Nada más fácil, si se quiere, que encontrar motivos para criticar la temporada venidera. Ningún Mozart, tampoco Strauss.(Y hay que poner Strauss en plural, porque a algunos nos gustaría ver un buen Murciélago en Madrid). Además, una obra desconocida de Janacek y una ópera española, algo que si siempre causa espanto-si es contemporánea, por lo que todos sabemos; si no, puede ser aun peor-, ya no se sabe qué pueda causar si se titula –Ildegonda.Y sin embargo...El arranque es típico de un teatro de verdad: una cumbre del género(Travista), dirigida por el director titular, con un director de escena consagrado(Pizzi) y una protagonista-Angela Gheorghiu- que ha concitado la casi unanimidad de elogios en su terrible papel. Como no hay felicidad completa en este mundo sublunar, no viene con su marido-Roberto Alagna-pero Bros puede ser un digno compañero. Y a una cumbre sigue...otra: Tosca.(De las dos, por cierto, dejó la Callas versiones inolvidables). También en este caso el reparto merece confianza: D. Dessi y A. M. Sánchez para la protagonista, F. Armiliato , la puesta en escena de Nuria Espert.Siguen las cumbres de las cordilleras italianas, ahora en el Rossini serio: Semiramide, nada menos. No es, ¡ay!, la de Caballé-Horne-López Cobos(Aix-en-Provence, 1980) y el último es sustituido por A. Zedda. Pero las dos solistas, A. Blancas y D. Barcellona, tienen categoría Hay un Rossini bufo, El viaje a Reims, un redescubrimiento reciente, la culminación del absurdo gratuito (en el mejor sentido de las dos palabras) dentro del género, que llega a Madrid después de hacerse con gran éxito en La Coruña y Barcelona; dirigirá también Zedda, con un reparto joven muy adecuado. No hemos acabado, falta un Don Pasquale, con dos cantantes jóvenes muy prometedoras, M. Cantarero y M. Poblador, para Norina.El repertorio germánico sale claramente malparado con respecto al italiano. Pero no es pequeño éxito conseguir terminar un Anillo haciendo las dos últimas partes en la misma temporada. No pocas veces, por dificultades con el dinero o los cantantes(o los dos) ha quedado interrumpido el ciclo. Como es habitual ( hay excepciones) los directores musical y escénico no cambian; por no cambiar, parece que tampoco ahora va a venir el segundo a supervisar la producción. Cabe pensar que los resultados sean semejantes, aunque wagnerianos eminentes aseguran que los dos tenores no dan la talla y que la DeVol, suficiente en La valkiria, tendrá más dificultades. El resto del reparto es de buen nivel, como los anteriores.El eslavo queda, al fin y al cabo, bastante bien. Plácido Domingo cantará La Dame de pique que no hizo este año en el Liceo, con dirección de López-Cobos. Y llegamos a la primera rareza, Osud (El destino) una obra casi desconocida de Janacek, ópera de "su juventud"(1904), aunque ya había escrito nada menos que Jenufa (1903). Muy poco representada y grabada, su presencia se debe al montaje que ha hecho Bob Wilson(de quien ya vimos en el Real Corvo branco) en coproducción con el Teatro Nacional de Praga. Si hay que hacer caso de lo que se ha escrito, el libreto es imposible, con inversiones temporales, y todo director o musicólogo que se precie lo reordena a su manera, sin que ninguno consiga enmendar el desaguisado. ¿ Han conseguido ya ustedes el disco ?No, no es posible atrasarlo más: hay una ópera española. No es de autor contemporáneo, ni tampoco del ahora omnipresente antepasado de este chico tan fino y culto. Pero, por duro que les resulte, contengan el suspiro de alivio, que a lo mejor se les hiela la sangre. Porque la Ildegonda (1849), de Arrieta, que ni uno ni sus amigos han oído , podría perfectamente ser un bodrio. Se ofrece en el marco de la nueva serie "Los clásicos del Real", y será dirigida también, en versión de concierto, por el titular.Esto no es todo. Falta, además del ballet (donde no entramos), la zarzuela en Navidad, la "ópera en familia", conferencias, algún coloquio, ese entorno cultural deseable en estos lugares. Y no queremos olvidar la presencia numerosa, entrañable y un punto melancólica de grandes veteranos: Kabaibanska (en gira de despedida), Bruson, van Dam (que debuta en su papel), Raimondi, la Obraztsova.Todo esto, y más, se presentó en una larga rueda de prensa, en la que el mayor peso cayó en Emilio Sagi, tan equilibrado y agradable como siempre. Incluso cuando Gonzalo Alonso-patrono del Real y crítico de La razón, periódico que había anticipado el programa-mostró su descontento por el hecho de que los patronos(y los patrocinadores) no hubieran sido consultados y se les informara a la vez que a la prensa. Más seca estuvo la gerente-quizá menos plácida, y desde luego menos placeada que Sagi. Después Gonzalo Alonso amplió sus críticas en un duro, sobre todo con la gerente, editorial de la web Beckmesser.com. Los patronatos suelen estar formados por gentes importantes del gremio musical y también por intelectuales de talla -Isaiah Berlin en Londres; Emilio Lledó, Regino García-Badell, aquí-de afición y gusto musicales comprobados; no es lógico entonces prescindir de lo mejor que pueden aportar. Y, aunque el espectáculo de la vida pública española induce a pensar lo contrario, la descortesía no es obligada: otra cosa es que sea permanente.Resumido el programa, digamos algo de lo que no mereció ni una palabra: las retrasmisiones por televisión, de las que alguna hubo el siglo pasado. El Real es estatal, la ópera es cultura, que es un bien público, dicen que el estado debe favorecerla... ¿ Se atreverían ustedes a sacar alguna conclusión de tales descubrimientos del Mediterráneo ?Pero Dios puede escribir derecho con renglones torcidos. Faltan los Mozart y Strauss que se decía, y también Purcell, Monteverdi, Lully, Rameau. Musorgsqui, Weber...y tantos otros. Pero es inevitable que no se pueda tener todo en un teatro que no es "de repertorio" y que, como explicó muy bien Sagi, ha mejorado mucho su rendimiento, llegando ya casi al máximo. Se dijo antes que Sagi y López-Cobos parecen decididos a trabajar en serio y a largo plazo-se han encargado cuatro óperas, dos a autores españoles-, con una política de coproducciones que suena muy sensata. No fuera malo mejorar orquesta y coro, algo que no depende solo de López-Cobos. La temporada- que no debe verse aislada, sino junto a las anteriores y las siguientes, lo que muestra notable equilibrio- tiene cumbres francamente atractivas y una altura media muy satisfactoria. Las rarezas...

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