Argentina

Una obra maestra que mantiene la polémica desde su creación

Eduardo F. Casullo

martes, 17 de junio de 2003
Buenos Aires, viernes, 13 de junio de 2003. Teatro Colón. Alberto Ginastera: Bomarzo. Ópera en dos actos y quince cuadros, libreto de Manuel Mújica Láinez. Alfredo Arias, dirección escénica. Roberto Platé, escenografía. Françoise Tournafond, vestuario. Joël Hourbeit, iluminación. Diana Theocharidis, coreografía. Carlos Bengolea/Ricardo Ochoa (Pier Francesco Orsini, Duque de Bomarzo), Marcelo Lombardero/Gustavo Gibert (Silvio de Narni, Astrólogo), Ricardo Yost/Juan Barrile (Gian Corrado Orsini, padre de Pier Francesco), Luciano Garay (Girolamo, hermano de Pier Francesco), Christian Peregrino (Maerbale, hermano de Pier Francesco), Marcos Padilla (Nicolás Orsini, sobrino de Pier Francesco), Carole Farley/Myriam Toker (Julia Farnese, esposa de Pier Francesco), Virginia Correa Dupuy/Adriana Mastrangelo (Pantasilea, meretriz de Florencia), Alejandra Malvino/Lucila Ramos Mañé (Diana Orsini, abuela de Pier Francesco), Sebastián Sorrarain (Mensajero), Carla Franzé/Julián Parada (Niño Pastor). Coro y Orquesta Estables del Teatro Colón. Director del coro: Alberto Balzanelli. Dirección musical: Stefan Lano. Doble reparto: viernes 13 y sábado 14 de junio de 2003
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Si Onganía reviviera, seguramente volvería espantado y amargado a su tumba, que Dios que puede perdonar, lo tenga para siempre en su regazo y no permita que vuelva jamás -recordemos que entre la gran cantidad de medidas fascistas, prohibió el estreno de esta obra que con tanto criterio había sido programada, y que a su vez le costo el puesto al arquitecto Juan Carlos Montero. Todo gratuito y en nombre de la moral. Moral que no sintió afectada en la tristemente celebre 'Noche de los bastones largos' y el exilio de la intelectualidad argentina, el vaciamiento de las universidades, y otras actitudes anticulturales que pueden leerse en cualquier libro de historia actual o simplemente en los diarios de la época.Pero aunque a esta altura de los acontecimientos y de la evolución musical, existen mentalidades todavía retrogradas como las que el dictador tenía, especialmente aquellos para quienes la música se acaba en el siglo XIX, por suerte la lozanía de Bomarzo y su presente actualidad hacen que la obra supere ampliamente la opinión de sus polémicos detractores. No me refiero a aquellos a los que simplemente la obra no les gusta o la encuentran falta de melodías u otras expresiones que merecen ser respetadas porque se trata de juzgar desde la opinión, la obra. Porque estas opiniones están formadas desde la apreciación de la obra, a la que concurren libremente y tienen la posibilidad de juzgarla.Viven en libertad. Felicitaciones al Colón por esta reposiciónNo todas son galas para el Teatro. Continúa la falta de entrega al periodismo de fotografías de la obra. Imperdonable esta falta que raya en la negligencia y la falta de consideración para con la prensa.De la misma forma la atención en la confitería, donde no solo el clima es sofocante sino que existe una notoria desidia para solucionarlo. Creo que si bien los altos costos de lo que allí se despacha esta vinculado teóricamente a un apoyo solidario, lo cual no me parece mal, debería brindarse una calidad de atención y clima acorde con los precios. Es el viejo problema de los 'monopolios' que en este caso se repite en donde lo que se desea por sobre una buena atención es 'hacer caja'. De décima.Pero volvamos a lo bueno. Esta obra reúne dos grandes cualidades, una música impresionante (ese es su objetivo) y un texto como pocas óperas tienen. Sabemos que en general los argumentos y la presentación de estos, ya sea en forma de prosa o de verso, es en general muy primitiva. Desde Verdi (El Trovador y otras) hasta autores contemporáneos, hacen sufrir a los espectadores con argumentos ridículos y pueriles (independientemente de la calidad musical)Pero Bomarzo es, en este sentido, una obra maestra de la comunión entre texto y música.Claro está que no se trata precisamente de una opera de 'Bel Canto' sino de otra cosa, y esta otra cosa es apuntar a los sentidos, a reflejar sonoramente la esencia del drama del Duque de Bomarzo desde una perspectiva diferente. Podríamos agregar que la utilización de formas tales como el madrigal (forma ideal por su acomodamiento a los textos) y otras tradicionales como la musette (pastoral que se escribe toda o en parte sobre una o dos notas a modo de 'pedal') conjugadas con series y por sobre todo, las texturas que impone a la orquesta, los famosos clusters tan utilizados por los compositores de la época y desembocando en lo que el propio Ginastera llamaba el 'total cromático'; conllevan a una realidad: nadie es ajeno a los sentimientos que la obra propone como producto final. Existe una masiva afectación de sentimientos con una clara orientación hacia el drama y fundamentalmente a la obra de arte.Así visto, debemos aplaudir la puesta en escena que nos muestra un espacio tan despejado como útil y que permite que ningún elemento cobre protagonismo sino para y solo para acentuar la expresión dramática. Pero no solo eso, las imágenes surrealistas que Arias propone están en perfecta armonía con el surrealismo de la propia música cuando desde el preludio, las imágenes generadas por la orquesta y coro proponen la percepción de un clima misterioso y encantado, de piedras que transmiten sensibilidades especiales que fueron puestas en actitudes y movimientos a través no solo de los interpretes sino del cuerpo de danza.Ópera y con mayúsculaEl rendimiento de los elencos fue parejo. Tuve la oportunidad de ver a ambos en sus dos primeras funciones, la del viernes 13 y la del sábado 14. Creo que merecen especial mención Alejandra Malvino (una 'Diana Orsini' de lujo) , Carol Farley, Myriam Toker, Marcelo Lombardero, Luciano Garay. Tanto Ricardo Ochoa como Carlos Bengolea cumplieron con el dificil rol de 'Pier Francesco Orsini' sustentándose en una partitura que les es particularmente favorable y que recorre casi todos los modos, recitados, hablados cantados, cantados, hablados con ritmo, etc. y en la cual pusieron una entrega que convenció por encima de las otras cosas.No puede dejar de mencionarse a los 'niños pastores': Carla Franzé y Julián Parada quienes hicieron gala no solo de una calidad vocal poco común sino de un sentido de la afinación más que envidiable.La escenografía de Roberto Platé, reflejando el hall del Di Tella, constituyó un muy buen marco para la escena y desde su simpleza e imponencia contribuyó a resaltarla con las perspectivas forzadas en donde el surrealismo crecía permanentemente.Durante toda la obra, comparte la acción el cuerpo de danza (actores/bailarines bailarines/actores) con coreografía de Diana Theocharidis que se desenvuelve con gran compromiso y efectividad.Excelente la iluminación de Joël Hourbeigt, quien logra que los climas sean lo suficientemente densos como para acompañar los momentos descritos por Manuel Mujica Lainez sin medias tintas.La dirección de Stefan Lano fue prolija y efusiva, logrando matices y colores poco comunes del rendimiento de la orquesta estable y del coro preparado por Alberto Balzanelli.Creo que esta presentación de Bomarzo en homenaje a los veinte años de la muerte del maestro Ginastera, es lo mejor que en esta temporada ha presentado el teatro y hago votos para que este nivel de calidad se repita en los restantes títulos. También para que tengamos fotos y que sea mas agradable el ambiente de la confitería.

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