España - Cataluña

El eterno retorno

Susana del Pino

viernes, 7 de noviembre de 2003
Barcelona, lunes, 7 de abril de 2003. Sala grande del Teatro Nacional de Cataluña. 'Der Fensterputzer' (El limpiacristales) de Pina Bausch Puesta en escena y Coreografía: Pina Bausch Escenografía: Peter Pabst Vestuario: Marion Cito Interpretes: Helena Pikon, Mechthild Grossmann, Beatrice Libonati, Dominique Mercy y otros 20. Fecha de estreno: 12 de Febrero de 1997 Grec 2003, del 4 al 7 de Julio de 2003
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El limpiacristales es una obra de Pina Bausch, la emblemática coreógrafa alemana que revolucionaría la danza en los años setenta, inspirada en la ciudad de Hong Kong y sus pobladores.Su título hace alusión al mito de Sísifo en el sentido en que un limpiacristales en un rascacielos no termina nunca porque cuando acaba ha de volver a empezar. A su vez el vidrio actuará como metáfora de las apariencias tras las cuales podemos descubrir al ser humano de nuestro tiempo porque a pesar de a quién pertenezca ese rascacielos es el hombre lo que va a prevalecer. El limpiacristales irá a estrenarse en el periodo en que Hong Kong es devuelta a China.Será un título más que hemos de añadir a la dilatada carrera de Pina Bausch y en especial a esa serie dedicada a ciudades que por algún u otro motivo merecen una mención especial en su vida, tal y como anteriormente lo fueran Roma en Víctor, Palermo en Palermo Palermo, Madrid en Tanzabend II, Los Angeles en Nur du, Lisboa en Masurca Fogo o Budapest en Wiesenland.Pero tal vez sea una excusa más para seguir indagando en el ser humano y sus incertidumbres, que es a lo que se ha dedicado toda su vida. Sus obras siempre versan sobre los sentimientos que experimentan las personas, preguntándose de dónde provienen y por qué surgen en un determinado momento, y que inexorablemente trascienden las diferencias culturales y las barreras sociales. Para ello utiliza un proceso en el que cada bailarín, en su búsqueda de esos porqués y de su destino, debe trasmitir a Pina desde su propia perspectiva, sus vivencias y observaciones. De esta forma irá construyendo escenas y concatenaciones de escenas en clara alusión a una vida cotidiana donde el vehículo es un humor agridulce habitado por contradicciones ambiguas y sutiles críticas.Algo que ha creado un estilo propio de neo-expresionismo danzado en el que cabe destacar el cuerpo pensante con identidad, voz y palabra de los bailarines-performers, sin dejar de responder a una estética preconcebida que, de vez en cuando, los transforma en títeres sagrados; una maravillosa escenografía de su estrecho colaborador Peter Pabs, aunque a veces algo ornamental, quizás por exceso más que por defecto, pero con una plasticidad que permite construir cuadros pictóricos en vivo de gran belleza; un vestuario glamouroso de reminiscencias cincuenteras que exacerba la feminidad y una constante alusión al eterno retorno en el que sus piezas no tienen final, es decir, causan la sensación que podrían continuarse bailando sin parar durante horas. Esto puede deberse a una concepción global de la obra en la que esta es producida en el mismo instante en que se baila y a que cada pieza no es mas que un capítulo más de una sola obra en constante construcción donde sus personajes se hacen familiares, pasando a formar parte de una memoria colectiva y universal de los sentimientos.Sus espectáculos son un lugar de encuentro y desencuentro no sólo entre los bailarines-personajes sino entre el espectador y el hecho escénico ya que la repetición va a convertirse en un elemento de tensión imprescindible en la significación pero a medir por la paciencia y la memoria de un receptor que no debe presuponerse fiel aunque así pudiera ser.En cualquier caso sus extraordinarios intérpretes y las abundantes preguntas sin respuestas no dejarán impasible a un espectador que deberá ahondar él mismo en sus propios porqués.

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