European Musical Heritage and Migration

Emigración y tierras de medio: Los italianos en la Banda Oriental

Renato Mansi

viernes, 11 de julio de 2003
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En las diferentes épocas históricas, las migraciones han sido la respuesta a determinadas urgencias de tipo climático, étnico, bélico, social y religioso, pero, según la teoría de Ravenstein (1879), el factor económico es el que predominantemente inducía a la movilidad.A través de una búsqueda íntimamente espacial, nacen zonas inexploradas que encuentran fundamento crítico en tres nuevas identidades:1) la frontera geográfica de las migraciones mundiales.2) la frontera social de un continente olvidado: América del Sur.3) la frontera cultural de los mitos de las tierras prometidas, de los intermediarios y de las sugestiones de masa.Los emigrantes favorecidos por la fortuna soñaban con construir las fronteras ideales que han simbolizado siempre el mito de la penetración en los continentes, fronteras con respecto las cuales será necesario –cada vez más-, a través de una investigación profunda con evidencia natural, subrayar la importancia de un acercamiento de tipo “regional”. [Nota 1]La misma región se convierte en el lugar cultural de los geógrafos entrelazándose con un nuevo término de comparación: la diversidad cultural.La integración en sociedades pluralistas, que tenían como base un enfoque multicultural, ha representado siempre la respuesta a la cuestión étnica en los años de las grandes oleadas migratorias y el análisis de los flujos, en una relación de interconexión entre lo local y lo global, se convierte en el estudio del territorio y de las nuevas comunidades: las geocomunidades.Hoy nos encontramos frente a una investigación historiográfica que actúa de forma internacional.Fundamentalmente, es opinión común el hecho de que el país natal y el de acogida forman parte del mismo campo social.Aquí, la emigración no debe ser considerada simplemente como una estrategia económica, sino como un proceso cultural que continúa después del asentamiento.A través de un análisis intergeneracional de la experiencia “del viaje”, se destacan las diferentes reacciones y los diferentes significados que éste asume para las generaciones.Para los emigrantes se convierte en un peregrinaje de renovación y salvación, la llegada es un rito de paso histórico de transformación cultural.Sin embargo, es necesario continuar estos estudios centrándose también sobre el desarrollo de la relación entre los emigrantes italianos y su tierra de origen a través de los cambios generacionales, seguir y señalar las relaciones entre los lugares, entre las personas de una u otra nación y entre los pueblos. Una característica importante de la emigración es que la separación, entendida como marcha, se origina desde el pueblo hacia el mundo exterior, es un acontecimiento público que no afecta sólo al individuo que se marcha o a su familia, sino que implica a todo el pueblo. Este vínculo entre el individuo y el pueblo aparece después en las cadenas migratorias, en la emigración llamada a ciliegia [N. de T.] , es decir, que en el país de acogida se traducía en comunidades caracterizadas por asociaciones que llevaban el nombre de los distintos pueblos de origen.Se llega a esta conclusión analizando la emigración como fenómeno no simplemente económico, sino también cultural. Como se sabe, la emigración de temporada por ejemplo desde el Friuli y el Véneto a los países europeos vecinos tiene una larga historia: el emigrante podía regresar a su pueblo cada año y al final volvía a vivir en su patria.El éxito, según la mentalidad friulana y véneta, consistía en volver a establecerse en el país natal. Incluso cuando, por diferentes motivos, la gente había debido emigrar a países muy lejanos, como América, de donde no era posible volver cada año, la premisa, la intención de volver, era siempre la misma.La emigración de Italia a Uruguay comenzó en los primeros años del siglo XIX, y casi todos los emigrantes eran de sexo masculino. Poco a poco, los primeros en llegar comenzaron a atraer a parientes y vecinos, creando así una cadena migratoria. [Nota 2]Con el paso del tiempo, la emigración llegó a ser, más que una cadena, un conjunto de círculos concéntricos conectados espacialmente entre ellos.Se podría añadir al respecto que el problema del alojamiento está todavía presente en este momento: para cumplir su deseo de visitar Italia evitando las tensiones de la convivencia, muchos emigrantes han comprado una vivienda propia en el pueblo.En el Véneto, por tanto, algunos italianos se consideran hoy afortunados de haberse quedado en su patria: para ellos, las frecuentes visitas de los vecinos emigrados son simplemente una confirmación de que en Italia la vida es mucho mejor.El emigrante de primera generación descubre la pérdida de la patria y está eternamente condenado a buscarla. El pueblo se convierte en un santuario y el viaje al pueblo representa una especie de peregrinaje de renovación espiritual: se trata de beber el agua de las fuentes locales, de descansar bajo el sol “de casa”, de oír el tañido de las campanas de la iglesia, de respirar el aire del lugar: son éstas experiencias que descansan, llenan de vigor y renuevan.Mandel concibe la identidad del emigrante y del no emigrante según el concepto de centro elaborado por Edward Shils:“El centro está geográficamente localizado, pero encuentra importancia en el reino de la percepción individual. Esta centralidad está articulada en términos de un centro geográfico que llega a ser, en efecto, metáfora de un centro ideológico en torno al cual gira la identidad del individuo”. [Nota 3]Es en el viaje, en el tránsito de un lugar a otro, donde los emigrantes se topan con el sentido de “sentirse en casa”. Una corriente académica habitual propone la teoría de que la identidad en la sociedad contemporánea está desterritorializada y defiende que ésta es la condición de la postmodernidad.El incremento de la movilidad y la globalización de las prácticas y los productos crean hoy un profundo sentido de pérdida de las raíces territoriales y de erosión de la distinción cultural de los lugares.Algunos, como John Agnew, sostienen que la cultura se radica geográficamente en la experiencia del lugar y está definida por el territorio y mediada por la identidad local. Esto explicaría la adhesión al pueblo de Italia como pertenencia a un territorio específico.En contraste con este punto de vista, Ulf Hannerz afirma que las culturas pertenecen fundamentalmente a las relaciones sociales y a las redes de tales relaciones. Sólo indirectamente pertenecen al lugar. Cuanto menos están las personas en un lugar, menos depende su comunicación de relaciones directas, cara a cara, y más tenue se hace el vínculo entre cultura y territorio.Ambos argumentos pueden ser válidos, pero sólo si interpretamos el territorio como un lugar del imaginario y sólo si comprendemos que los contactos directos o virtuales no significan necesariamente una pérdida de relación con el territorio, con la idea de lugar.Las identidades diaspóricas, como la del emigrante, están por definición desterritorializadas, pero es necesario también ser conscientes del poder de la idea de territorio, en cuanto que estas identidades tienen sus raíces también en el imaginario del territorio.La identidad geográfica consigue superar distancias muy grandes. Por ello, estos emigrantes viven en lo que Appadurai llama un mundo desterritorializado, y la visita “trasciende identidad y límites específicos ligados al territorio”. Los hijos que se vinculan al territorio, incluso cuando sólo imaginan, asumen una posición central en la vida del emigrante, y hacen que el emigrante no se transforme en un nómada sin raíces. [Nota 4]En contraste con las ideas del postmodernismo acerca de una identidad sin raíces, mis investigaciones demuestran la importancia continua de los vínculos con el territorio y con la gente del lugar. De todas formas, en el reconocimiento de la adhesión al lugar es igualmente importante tomar conciencia de que cada una de las identidades, del visitante, del peregrino, del emigrante, se caracteriza por el movimiento y está basada en el movimiento.El término ethnoscape, definido por Appadurai como “el paisaje de personas que inventa el cambio del mundo en el que nosotros vivimos”, me parece útil para analizar el concepto de identidad en movimiento y de centros inestables.El emigrante está a menudo de viaje, pero este viajero depende más de un sentido de pertenencia al lugar que de la ausencia de un territorio, de la importancia sagrada que representa el pueblo natal y del peregrinaje hacia el nuevo país.Esta migración trasforma el lugar geográfico en un lugar del imaginario y transforma el pueblo, como dice Mandel, en un centro sin centro, en un centro móvil que se encuentra allá donde no está el emigrante.La modernización es el conjunto de las relaciones que permiten la integración a través de la especialización en referencia a la Europa moderna y, de manera más específica, al sistema capitalista cuyo corazón fue Europa. Oscar MouratUruguayEn la región del Río de la Plata, desde el siglo XIX, se hablaba de la necesidad de aumentar la población y de favorecer la inmigración de las llamadas tierras del medio, las de Europa sobre todo occidental, como condiciones primarias indispensables para modernizar esta área e incorporarla al mundo civil.Este viaje para llegar a América Latina, según afirma Jorge Luis Borges en 1973, es sólo un término de invención de la sociedad europea, adaptado por comodidad, por pereza, por necesidad de generalizar. El adjetivo latina se afirma en la segunda mitad del siglo XIX, cuando las repúblicas de ultramar sienten la exigencia de contraponerse a la otra América, la anglosajona.La emigración europea se inscribe en el cuadro de las transformaciones originadas por la revolución industrial en el siglo XIX.Uruguay nace en 1830 como una estratagema británica: es el estado-cojín que pone fin a las luchas entre España y Portugal y después entre Argentina y Brasil por la posesión de la orilla oriental del estuario del Río de la Plata.Uruguay es de matriz italiana, con una populosa capital portuaria, pero con un interior despoblado y dominado por el latifundio.Podía ser una provincia argentina o brasileña, pero entre estas dos negaciones nace la identidad uruguaya. [Nota 5]Entre 1850 y 1920 se pueden indicar las fechas límites de los grandes movimientos de población, causados por las alteraciones de las estructuras económicas nacionales y precipitadas por varias circunstancias.El punto más alto del capitalismo liberal, la creación y la ampliación de los mercados de consumo, la crisis de producción y las huelgas en los centros manufactureros urbanos, la formación de un cuadro técnico de ultramar para los imperios coloniales, la presión demográfica y la superpoblación rural en los países de economía predominantemente agrícola, constituyen factores migratorios generales que se unirán a las exigencias y deseos individuales: la conquista de posiciones económicas, el ascenso social y las diferencias ideológicas o los impulsos de aventura.El Río de la Plata fue durante esta época una de las etapas finales del llamado alud migratorio mediterráneo.Montevideo era, por lo común, un destino poco requerido, pero a partir de su fundación (en 1723- 24 Bruno Mauricio de Zabala, gobernador de Buenos Aires, la fundó encargándola a un ingeniero italiano llamado Domenico Petrarca) las barcas que, desde Europa, se dirigían primero hacia los puertos del Océano Pacífico y después no arribaban en Buenos Aires, desembarcaban a sus pasajeros en la capital oriental por la mayor rapidez y comodidad portuaria.El puerto de Montevideo, por la condición general de ser natural, instalado en una bahía, resultaba ser más defensivo con respecto a Buenos Aires, que como puerto propiamente dicho empezó a funcionar con instalaciones apropiadas más tarde.Además, en la costa charrúa, el desembarco era instantáneo, mientras que en Buenos Aires las barcas se quedaban a varias millas del puerto y los pasajeros debían ser transportados a pequeñas chalupas y después llevados a la cosa mediante carros con ruedas altas. Con la caída de Rosas, acabada la Guerra Grande, se abrieron los ríos a la libre navegación , recibiendo barcas de ultramar (Salto, Paysandú, Fray Bentos). [Nota 6]Por lo demás, la estructura predominante ligada al pastoreo frenaba todas las posibilidades limitadas por el latifundio y la ganadería extensiva, que contrastaban con una precaria explotación agrícola y un desarrollo industrial casi inexistente.En total, entre 1830 y 1930, no menos de 52 millones de italianos dejaron nuestro país, como se ve claramente en esta tabla. [Nota 7]USA 33.600.000Canadá 5.700.000Argentina 6.405.000Brasil 3.300.000Uruguay 600.000Chile 80.000Paraguay 30.000Australia 1.500.000Nueva Zelanda 500.000Sudáfrica 500.000La ciudad y el campo uruguayos acogerán un tipo de inmigración próxima a esta realidad socioeconómica: pequeños comerciantes, agricultores auténticos o improvisados, una mayoría de braceros, peones y mano de obra desocupada, excedencia humana de los centros urbanos y rurales europeos, cuyo impacto demográfico se registrará, con afluencia desigual, hasta 1910: “...de cerca de 100.000 almas, unos 40.000 viven en Montevideo y los otros en ciudades de provincias, más que en la campaña... Los principales hoteles de la capital e interior son italianos; muchos pilotos y empleados del puerto; italianos casi únicamente los artistas-decoradores, pintores, escultores, maestros de música, músicos de las orquestas de teatro y bandas de la ciudad y departamento...” [Nota 8]La Banda Oriental, al sur del continente americano, una pradera continua, donde vive un grupo humano culturalmente homogéneo, circundada por una geografía física suave y templada, modeló el espíritu de una comunidad siempre representada, respetuosa y tolerante, abierta a las ideas y conservadora con respecto a sus valores. [Nota 9]El tema de la historia de la población de Uruguay no ha sido afrontado con particular interés hasta una época reciente. Al comienzo de su vida como estado independiente, Uruguay es un típico espacio demográfico vacío (74.000 habitantes en 1829).En general, el crecimiento natural y los aportes demográficos modifican en pocas décadas esta realidad. Los rasgos que han caracterizado Uruguay como meta de inmigración se van configurando fundamentalmente en cuatro puntos de interés:1) El ritmo de afluencia refleja la incidencia de algunos factores básicos como los altibajos coyunturales, la inestabilidad política y la debilidad material del Estado como agente de mayor peso.2) El movimiento migratorio interfluvial o terrestre que resulta de estos factores, combinados con los atractivos de los países vecinos, hace de Montevideo a partir de 1880 un puerto de tránsito predominante hasta Buenos Aires o una etapa fija en el camino hacia Brasil.3) La ausencia de una política migratoria comparable a la que promueve la clase dirigente en los años 80. Antes de esta década, Uruguay no conoce ni siquiera planes oficiales efectivos. La gestión y la promoción del movimiento migratorio de hecho están en manos de privados, faltando una acción sostenida por el Estado.4) El mayor impacto de la inmigración se registra entre 1830 y 1890, época en la que la población uruguaya crece enormemente. El peso de la inmigración en la población tiende a decaer sensiblemente desde 1900, cuando la proporción de extranjeros comienza a disminuir en relación con la población total.Es importante recordar que a partir de la segunda mitad del siglo XIX se producen en las ciudades cambios en las manifestaciones culturales, especialmente en las religiosas. El proceso de independencia que aparece en América se debe a las ideas tomadas del liberalismo y el positivismo, al cual debemos añadir el importante manifiesto ideológico realizado por la masonería. Todo ello se relaciona no sólo con el proceso de independencia de la primera mitad del siglo, sino también con el proceso de modernización de la segunda parte del mismo siglo (en particular, el último cuarto del siglo XIX) que lleva a una menor importancia de la hegemonía de la iglesia católica, y en algunos casos comienzan a aparecer en el ambiente latinoamericano manifestaciones de anticlericalismo, como es el caso concreto de Uruguay y del predominio en el poder del Partido Colorado. Comienza entonces una lucha por el poder con la iglesia, entre sectores conservadores y los nuevos sectores liberales apoyados por las emergentes clases medias y populares.En este proceso, es importante indicar el nuevo papel educativo y los movimientos que tienden a extender una educación que consolidase los “valores nacionales”. [Nota 10]Debemos además mencionar. a partir de la segunda mitad del siglo XIX, la llegada de una nueva oleada masiva de europeos al continente americano (especialmente al Río de la Plata), con una mayoría de españoles e italianos que llevaban consigo un bagaje de elementos culturales populares y tradicionales, principalmente de origen campesino. Como los primeros europeos llegados a América, estos inmigrantes conservan y cultivan su cultura como medio de expresar y mantener sus elementos de identidad en un contexto extranjero. [Nota 11]Entre estos elementos, uno de los primeros es observar cuáles son las razones que prevalecen como causa de la emigración desde sus países de origen: los procesos de rotura interna de las sociedades tradicionales con el desarrollo del capitalismo industrial.Parece claro que el factor primordial es que desde mediados del siglo XIX el crecimiento sostenido de la población europea viene a sumarse a los desequilibrios causados por las primeras etapas del desarrollo industrial, haciendo surgir desacuerdos entre la demanda de mano de obra y los excedentes demográficos.Podemos, por tanto, encontrar dos líneas fundamentales que incluyen estas tesis. En primer lugar, un fenómeno de corta y media duración que toma en consideración la tendencia de los países a estructurar políticas públicas libres para la emigración y la relación que establecen entre capitalismo y emigración. La segunda, la emigración como un movimiento unilinear al que dan sentido las causas de los países de origen y las buenas oportunidades en los países de destino.El credo modernizador es el agente de progreso y civilización en el cual una sociedad tradicional “bárbara” se opone a la construcción de una sociedad “civilizada”. Los elementos concretos de este proceso son la extensión del urbanismo – poblar es civilizar, afirmaban Sarmiento y Alberdi de Argentina -, la constitución de una clase media de agricultores y la formación de ciudadanos en un estado moderno.Uruguay se estaba formando, desde el punto de vista sociocultural, según las tres directrices que formaron América Latina: una matriz ibérica, una escasa influencia indígena en aquel momento casi exterminada, con la reducción en misiones o en el acriollamiento como únicas vías de existencia; una aportación de la migración esclava negra que se circunscribe a Montevideo y a las oleadas migratorias del siglo XIX, fundamentalmente europeas pero con aportes de Europa septentrional y mediooriental.Primeros datos estadísticosEntre 1880 y 1916, Uruguay acogió los contingentes más importantes de europeos, en particular italianos y españoles. De hecho, la Banda Oriental acogió 66.992 italianos que representaban el 43,63% del total de los 153.554 emigrantes y 62.466 españoles, es decir, el 40,68%. El período de mayor “impacto inmigratorio” fue la década 1880-90, en la cual se registra la mayor migración italiana hacia Uruguay (cerca del 60% del total) y fueron la materia prima esencial en la formación de la clase emprendedora uruguaya que reforzó la burguesía nacional. [Nota 12]La presencia de extranjeros en Uruguay se puede ver a través de los datos recogidos en el Censo de población de 1852. En efecto, a mediados del siglo XIX – con una población total de 131.969 habitantes – había 67.538 uruguayos (51,17%) frente a los 28.586 extranjeros (21,56%) y un total de 35.845 habitantes (27,27%) aparecen como no especificados.El siguiente censo, de 1860, muestra un aumento del número de extranjeros. Sobre una población total de 223.238 habitantes (con un aumento del 41% respecto a 1852) tenemos un total de 147.557 uruguayos (66%) contra los 74.849 extranjeros (30%), con un escaso número de no especificados (0,4%). Se puede ver que un número importante de ellos estaban todavía en Montevideo (36%), formando la mayor parte de la población (92%), con un aumento de extranjeros en el interior del país.En el censo de 1900, la población del país sube a 915.647 habitantes, con un crecimiento de un 76% con respecto a 1860, individualizando 717.493 uruguayos (78,96%) frente a 198.154 extranjeros (21,64%).En Montevideo seguía siendo alto el número de extranjeros con respecto a los criollos (37,54%): una población con tendencia a concentrarse en la capital-puerto, Montevideo, tendencia que se va acentuando con el tiempo. En efecto, en 1900 un 29% de la población total vivía allí, con un alto porcentaje de extranjeros.La centralidad de Uruguay lo ha convertido siempre en un cruce de caminos de paso hacia los países que en la época colonial constituían el Virreinato del Río de la Plata: Argentina y Paraguay.En cuanto a los censos nacionales, nos basamos mayormente en el de 1860 (10.005 italianos, 5,1%) a pesar de las dudas sobre su calidad y comprensión, y en el de 1908 (62.357, 6%) [Nota 13] , que puede considerarse el primero elaborado en base a criterios estadísticos modernos, aunque la urgencia de dar a conocer los resultados hizo que buena parte de la información no fuese puesta a disposición. Uruguay es un país “joven”, el 71% de sus habitantes tiene menos de 30 años y Montevideo alberga a alrededor del 30% de la población total.Son importantes además para el total de los extranjeros dos censos del departamento de Montevideo, uno de 1884 (32.829, 20%) y otro de 1889 (46.991, 22%).Una fuente de información decisiva sobre las partidas son los datos publicados en el Annuario statistico dell'emigrazione italiana dal 1876 al 1925 [Nota 14] , editado en Roma por el Commissariato generale dell'emigrazione. En fin, recordamos el registro anagráfico redactado en Montevideo en 1858-59 y conservado en el Archivo general de la Nación con informaciones sobre las familias (casa por casa) que residían en la capital platense en aquella época y las licencias de matrimonio existentes en la curia de Montevideo.Durante el siglo XIX, Italia, aunque dividida en varios estados, ocupa el primer puesto, en términos de valor absoluto, como fuente de emigrantes europeos, sin considerar las islas británicas en su conjunto y teniendo en cuenta que, al contrario que Inglaterra y la misma España y Portugal, Italia no fue una potencia colonial. [Nota 15]La década 1860-70 es un periodo de prosperidad económica y saldos migratorios activos. Nace la Comisión de Inmigración que se encarga de realizar una activa propaganda en Europa a través de la intervención de los representantes consulares en el extranjero. Se transforma la composición de los grupos de inmigrantes italianos, que aumentan, junto con los españoles, con respecto a los franceses, y que ya no son pequeñas corrientes de agricultores y braceros que se instalaban como arrendatarios en los alrededores de Montevideo, pero también desocupados y delincuentes, marginados sin trabajo ni oficio que provienen en su mayor parte de los puertos de la península. Comenzaba, coincidiendo con este flujo, la inmigración desde el sur de Italia, que se convertirá pronto en mayoritaria en Uruguay.Después de un descenso del empuje migratorio en la década 1870-80, con un saldo pasivo en 1873, la crisis económica y una política favorable a la inmigración de parte de Argentina causan descensos sistemáticos en las llegadas al puerto de Montevideo.Entre 1885 y 1889 se registra el saldo neto absoluto activo más alto, 27.593 (entradas 41.455, salidas 13.862), datos presentes en los anuarios estadísticos y registros de la capitanería del puerto.En los años que preceden a la primera guerra mundial, se observa un incremento de llegadas de pasajeros a través del río, con desembarco en Buenos Aires. En fin, con diversas variaciones, entre 1910 y 1930, el saldo neto se mantiene a la baja, con una leve recuperación en la década 1920-30. [Nota 16]Como conclusión, recordaré una vez más que al inicio del siglo XIX Uruguay tuvo una emigración de naturaleza predominantemente política. Desde Europa, dejaron nuestro país liberales, patriotas y revolucionarios que en Montevideo se reunían en círculos o congregaciones de espíritu filomasónico, para difundir, por ejemplo, el pensamiento de Mazzini. El más famoso de estos exiliados fue Giuseppe Garibaldi, que hizo de Uruguay su segunda patria, recordándola siempre con amor y nostalgia en sus escritos y en las conversaciones con amigos.Uruguay fue desde siempre uno de los países americanos preferidos por los italianos.En 1910 se calculaba que había allí 100.000 inmigrantes, el porcentaje más alto de la contribución étnica extranjera al país, de los cuales el 40% vivían en la capital.Su influencia fue determinante, especialmente en el campo de la construcción, de la agricultura, de la medicina y del arte. De menor importancia fue su influencia en la historia política, si exceptuamos la época garibaldina y el movimiento sindicalista de fin de siglo que fue esencialmente anárquico-socialista-romántico, este último introducido por los exiliados que, tras repudiar el régimen monárquico en Italia, soñaban con la formación de una sociedad ideal.Pero también desde Uruguay hubo una emigración hacia Italia, una emigración de carácter pasajero compuesta por intelectuales y artistas que prefirieron este país para sus estudios de perfeccionamiento.La lista sería interminable y por ello nos limitaremos a recordar en particular a un escritor, muy unido y amante apasionado de Sicilia, donde murió en 1917 en Palermo: José Enrique Rodó.Intelectual vigoroso, tuvo una influencia decisiva en la formación cultural de la juventud latinoamericana del siglo XX a través de sus escritos y conferencias, inmortalizando el concepto del deseo de una mejora individual y colectiva a través del culto a la belleza y la búsqueda de la verdad.Así cuenta el articulista uruguayo Gustavo Gallinal, uno de los críticos más autorizados de la obra de Rodó, la llegada del escritor a Sicilia durante su viaje a Italia:“Sicilia es a Grecia como el pórtico a la “cella” en el templo antiguo. De todas formas, creo que Sicilia e Italia estaban más cerca del corazón de Rodó que la misma Grecia, porque su tierra soñada se encontraba en este punto de confluencia de las dos grandes corrientes espirituales a las que nuestra civilización debe su fertilidad inagotable: la clásica y la cristiana.” [Nota 17]BibliografiaAgnew J., “Place and Politics in Post-war Italy: a cultural geography of local identity in the provinces of Lucca and Pistoia”, in A. Anderson e F. Gale (eds.) Inventing Places: Studies in Cultural Geography, Melbourne: LongmanCheshire, 1992Anderson B., Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, London: Verso Editions, 1983Appadurai A., “Global Ethnoscapes Notes and Queries for a TransnationalAnthropology”, in R.G. Fox (ed.), Recapturing Anthropology, Santa Fe: 1991, p.192Baldassar L., “The Road Home”, in S. 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La inmigración y el desarollo económico-social, pp.91-929 La República Oriental de Uruguay fue denominada Banda Oriental hasta la época de su nacimiento como estado independiente porque estaba situada en la orilla izquierda del estuario del Plata, en una zona templada en el sudeste de América Latina. Massa G., Introduzione alla storia culturale dell'Uruguay10 Fundamentalmente, el movimiento de reforma educativa promovido durante la dictadura de Latorre gracias a José Pedro Varela tendía a constituir una educación primaria laica, gratuita y obligatoria para todo el país, y la obra paralela de Sarmiento en Argentina.11 Coraza E., La fiesta di San Cono: religiosidad popular y espacios de poder. Tesi di Maestria,Universidad Internacional de Andalucia, pp.24-25, 1997.12 Beretta Curi A. “Il contributo dell'emigrazione italiana allo sviluppo economico dell'Uruguay ,1875-1918”, pp.172-173.13 . Rodríguez Villamil S, Sapriza G., La inmigración europea en el Uruguay. Los Italianos, p.5414 El Anuario refleja la siguiente evolución de la población italiana en Uruguay: 24.136 (1871), 40.003 (1881), 100.000 (1891), 80.000 (1901), 62.357 (1911), 190.000 (1924)15 Gould J.D., “Some Features of Italian Emigration and Emigration Statisties 1876-1914”16 Camou.M.M,Pellegrino A., “Dimensioni e caratteri demografici dell'immigrazione italiana in Uruguay,1860-1920”, p.5117 Cfr. Massa G., Introduzione alla storia culturale dell'Uruguay, pp 124-125 Traducción de Eva Moreda

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