España - Galicia

¿Alguien ha visto ópera muda?

David Fernández de Felipe

martes, 15 de julio de 2003
Santiago de Compostela, jueves, 10 de julio de 2003. Teatro Principal. Georg Frederic Händel: Aci, Galatea e Polifemo. Mario Pontiggia, escenografía y dirección escénica. Eduardo Bravo, iluminación. Beatriz Lanza (Aci), Flavio Oliver (Galatea), Iván García (Polifemo). Carlos Aragón, clave. Ensemble barroco formado por solistas de la Real Filharmonía de Galicia. Eric Hull, director musical. Producción del Festival Internacional de Música de Galicia. Ocupación: 100 %
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Mientras que el cine mudo tiene un innegable atractivo para el que lo tiene –siento empezar tan relativista, pero así creo que son las cosas– la ópera muda no tiene sentido. Y sin embargo, se echa de menos cuando las voces –su elemento más importante, digan lo que digan– fallan o no convencen. Sobre todo cuando se puede disfrutar de una escenografía tan sencilla como acertada; tan sutil como efectiva. Y es que Mario Pontiggia no es un don nadie, sino un escenógrafo de reputación internacional que ha sabido trabajar con esta ópera para hacer disfrutar al público.El público también pudo recrearse en el buen trabajo de los músicos de la Real Filharmonía de Galicia, que hicieron disfrutar con sus buenas prestaciones lejanas de los esperpentos de algunos frotadores de música antigua que tienen como coartada lo que llaman erróneamente filología o historicismo –echan una moneda al aire y usan la palabra que sale– para atropellar lo que, también arbitrariamente, llaman música antigua, o peor aún, barroca. Al grano: que la Filharmonía ha demostrado lo que ya sabíamos, que es una de las grandes orquestas españolas (aun cuando se muestra tan pequeñita en número como en esta ocasión). Bien por Eric Hull con la batuta.La cuestión de los cantantes es, perdonen el chiste malo, otro cantar. Y no es que Beatriz Lanza no luzca un timbre cristalino –que lo luce–, sino que no terminó redondeando la faena porque le faltó tiempo, no cabe duda, para estudiar y profundizar más su papel. Así, fue el pie izquierdo de una mesa –la de los cantantes– que dieron al traste con lo que pudo ser una noche de ópera más digna. Junto a ella estaba la ‘Galatea’ de Flavio Oliver, que también cantó con corrección, pero sin brillo. Aunque el auténtico problema fue el bajo Iván García. Aunque para decir que era bajo habría que asumir la posesión y fluidez en el uso de una técnica vocal de la que, al menos en su noche compostelana, pareció carecer. Un hombre, que no un bajo, de voz grave, eso sí, pero un hombre al fin. Quizá en otro momento, pero no tuvo su noche.El teatro, de medio tamaño, estaba abarrotado y probablemente podría repetirse la función, más si cabe si es, como reza el programa, Nueva producción para el 5 Festival Internacional de Música de Galicia.

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