México

Regresa Elixir de Amor, regresa la Opera en Monterrey

Esteban Valenzuela

lunes, 21 de julio de 2003
Monterrey, sábado, 5 de julio de 2003. Gran sala del Teatro de la Ciudad. L'elisir d'amore de Gaetano Donizetti. Elenco: ‘Nemorino’, Manuel Acosta; ‘Adina’, Patricia Valdez; ‘Dulcamara’, Luis Rodarte; ‘Belcore’, Mario Bailey; ‘Gianetta’, Julieta Alemán. Coro de Monterrey a cargo de la maestra Martha Félix. Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Félix Carrasco, director concertante. Dirección escénica: Hernán Galindo. Dirección vocal, Erick Steinman. Vestuario y diseño: Raúl Osuna y Rolando Valle. Iluminación: Mario Nevares. Producción: Foro Procultura de Monterrey, Consejo para la cultura de Monterrey, Consejo Nacional para la cultura, Instituto Nacional de Bellas Artes. Asistencia: 80%
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La noche del pasado 5 de Julio, Donizetti nos transportó a la antigua aldea Italiana que alguna vez recreó en su imaginación cuando bajo su mano tejía las notas de esa excelsa opera llamada L'elisir d'amore. Al escuchar las primeras notas del preludio del coro ‘Bel conforto al mietitore’ y al abrir el telón, los allí presentes pudimos apreciar el trabajo del los directores involucrados en esta puesta en escena. La escenografía era la justa necesaria para que la obra lograra su cometido a través de sus dos actos y diez escenas en cada uno de ellos.Durante toda la obra pudimos observar un grupo de bailarines, que según mi perspectiva, estaban apoyando visualmente las diferentes escenas, cosa que no era necesario debido a que el autor no lo creyó conveniente, aunque debo decir que la idea del segundo cuadro escénico en ‘Della crudele Isotta’ en donde se describe la acción amorosa entre Tristan e Isolda, y que los bailarines recreaban por detrás del coro, las palabras del libro que leía en voz alta Adina, caracterizada por la soprano Patricia Valdez, fue muy buena, por parte de Hernán Galindo, quien supo ubicar a cada uno de los solistas así como al coro, en el lugar y momento preciso con los movimientos necesarios y trazo escénico de Maga Domene, con la única finalidad de transmitir visualmente la historia escrita en letra y música por Romani y Donizetti. Personalmente pienso que Domene es una excelente coreógrafa y creo que aportará mucho en las futuras producciones Operísticas de la ciudad.Nemorino, caracterizado por Manuel Acosta, tenor lírico ligero que posee un timbre agradable en su voz, tuvo una justa representación de ‘Nemorino’. La técnica de Acosta le permitió trabajar sin dificultar los diferentes pasajes semi-belcantistas de Donizetti aunque hubo momentos en que la orquesta sobrepasó el nivel acústico del tenor. El aria central de la ópera, ‘Una furtiva lagrima’ fue muy aplaudida por el publico presente a pesar del titubeo del fagot en una nota en la introducción de tan afamada aria y del agudo un poco abierto en la emisión del tenor. En general, Acosta demostró su amplia experiencia en los escenarios y su técnica italiana en su voz respetando la regla de oro "Aperto ma coperto”, aunque algunas veces escuché mas "aperto" que "coperto".Patricia Valdez, soprano lírica ligera, demostró su maestría para manejar las escalas escritas a través de toda la partitura, así como el mantenimiento de la línea melódica en la voz. ‘Adina’ se mostró más tímida que arrogante e ingrata como normalmente la conocemos, aunque este papel es un poco complejo ya que en una misma escena cambia abruptamente la expresión de la protagonista: creo que Patricia hizo su mejor esfuerzo para salir avante. Al igual que Acosta, Valdez fue opacada en varias ocasiones por la orquesta y sobre todo en los registros medios, que es en donde el volumen en la emisión de su canto, es menor que en los agudos. Por cierto, tengo que reconocer la grandeza de algunos agudos como fue el caso del duetto "Chiedi all'aura lusighiera" con Manuel Acosta, en donde demostró la firmeza de su técnica vocal.Por su parte, el barítono Mario Bailey quien tomó el papel de ‘Belcore’ tuvo un mejor desarrollo escénico que vocal lo cual equilibró el resultado de su interpretación. La voz de Bailey es muy amplia y profunda pero en esta ocasión pude escuchar un vibrado más extenso que de costumbre, por lo que en algunas escalas y fiorituras se perdió un poco la línea melódica, aunque debo admitir que en el terceto "In guerra ed in amor" demostró su experiencia escénica y vocal. Más de uno estuvimos satisfechos con su representación, ya que rompió la barrera entre el escenario y el público logrando que este último expresara sus sentimientos de alegría, felicidad o tristeza con lo cual se ‘aligeró’ la idea que la mayoría de la gente tiene sobre la ‘ópera’ acartonada y seria.La revelación de la noche en este caso fueron dos cantantes contemporáneos. En primer lugar escuchamos la voz de Julieta Alemán, quien representó a ‘Gianetta’ y posteriormente al bajo Luis Rodarte ‘Dulcamara’. A Julieta ya se le ha escuchado en otras producciones y conciertos en papeles secundarios aquí en la ciudad. Posee una voz de soprano lírica y lo demostró en el solo con coro "Saria possibile". No nos quedó duda que es tiempo que Julieta tomé papeles del nivel de su voz ya que son escasas estas voces en México.Sobre Rodarte puedo decir que es un cantante mexicano que tiene mucho que demostrar al público, ya que sus cualidades vocales y escénicas son de excelente nivel a pesar de su corta carrera. En general puedo decir que la intervención de Rodarte fue excelente y esperamos escuchar más de él en el futuro.Con esta puesta en escena comienza una nueva época en la Ciudad de Monterrey en cuanto a la ópera se refiere, ya que habíamos tenido casi ocho años de ‘ayuno operístico, de no ser por algunos conciertos y óperas-conciertos que gente interesada en el arte lírico se dio a la tarea de montar, tal es el caso del maestro Erick Steinman, de Rafael Blázquez, Oscar Martínez, Ricardo Rodríguez, y el Foro Procultura de Monterrey.Esperamos pues, estar disfrutando pronto de la siguiente producción operística en nuestra ciudad.

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