Opinión

Los colores del agua

Jorge Fernández Guerra

lunes, 28 de julio de 2003
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Pocos elementos pueden reflejar mejor que el agua la sustancia de la música. El agua es forma en estado virtual, siempre cambiante y en movimiento constante. Es soporte de luz, es atmósfera, es vida; y sobre todo es promesa de representación en estrecha alianza con el tiempo. Sería engañoso y, hasta cierto punto, pedante pretender que la programación del XIX Festival Internacional de Música Contemporánea esté marcada temáticamente por este elemento. Una programación temática puede limitar mucho el rico y sutil abanico de la creación más reciente; pero pocas ideas pueden ilustrar mejor que el agua no sólo la idea de la música en su febril proceso de hacerse a sí misma, día a día, sino la alianza de un Festival como el nuestro y el espíritu de la ciudad de Alicante. Agua en abundancia por la vecindad casi promiscua del mar Mediterráneo, colores del agua por los mil reflejos que el Mare Nostrum provoca en el arco de las horas. Pero el agua es también un debate urgente; se habla cada vez más de que el siglo que acabamos de comenzar será el del agua, (celebramos el año internacional del agua potable), con su economía, sus carencias, sus modelos de comportamiento y sus nuevas demandas éticas. Debemos aprender a vivir con el agua a partir de renovadas exigencias poblacionales y de hábitat. ¿Y no es éste acaso análogo problema al que esperamos de la creación musical en el siglo XXI? Si el agua es música y Alicante es agua..., cuidémonos de caer fácilmente en el sofisma: ¿Alicante es música? En todo caso, lo será, sin duda, durante los días del Festival, del 24 de septiembre al 4 de octubre.Un año más, el Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante viene cargado de ambiciones y sorpresas. Una simple mirada a sus conciertos basta para descubrir lo que quizá sea una programación difícilmente mejorable. Desde la presencia, por primera vez en Alicante, del considerado como mejor grupo del mundo en su especialidad, el Ensemble Intercontemporain de París, que viene de la mano de su director titular, Jonathan Nott -un grupo de leyenda que está mostrando que su calidad resiste impecablemente el apartamiento lógico, por edad, de su mítico fundador, Pierre Boulez-; hasta los grandes eventos orquestales que protagonizan la Orquesta de la Comunidad de Madrid y la JONDE, dirigidas por los que son, quizá, los más importantes nombres de la dirección española en música actual, José Ramón Encinar y Arturo Tamayo; la JONDE vuelve, además, con la colaboración de la Academia de Música Contemporánea, una iniciativa propuesta por el CDMC y la propia JONDE y que ha hecho escuela en sus apenas primeros meses de existencia. Pero si Alicante es un sitio en el que las sorpresas se combinan bien con los buenos amigos, también hay que destacar la nueva visita del Grup Instrumental de Valencia y de su infatigable animador, Joan Cerveró. Si la JONDE y la Academia de Música Contemporánea van a ofrecer el ciclo paradigmático que elevó el movimiento espectral a la categoría de alternativa estética, Les espaces acoustiques, del llorado Gérard Grisey; el Grup Instrumental de Valencia nos brinda la última de las obras compuestas por el desaparecido compositor francés, Quatre chants pour franchis le seuil (acabada en el año de la desaparición de Grisey, 1998). La Orquesta de la Comunidad de Madrid, por su parte, viene dispuesta a mostrar todo el potencial que su titular, Encinar, ha sabido extraer de ella, tanto de la Orquesta como del Coro; también se va a encargar de mostrar una parte sustancial de la música madrileña, siguiendo con la serie de cartas blancas ofrecidas a distintas instituciones españolas (el año pasado fue Andalucía, y el anterior el Festival Ensems de Valencia).El ya imprescindible capítulo de espectáculos con participación de lo teatral o la presencia multimedia estará bien servido con muy diferentes facetas: multimedia y evocación del circo en TransParade, de Iges y Jerez; danza, flamenco, percusión y magia musical en El concert coreografic, de Josep Vicent; dos obras líricas del madrileño Eduardo Pérez Maseda (con lo que el Festival se fija en su cincuenta aniversario), una de ellas estreno absoluto encargo del Festival; o en fin el atractivo espectáculo dedicado a la evocación del cabaret culto, a su figura máxima, Kurt Weill, y a un buen puñado de autores cercanos también a la magia de este especial escenario, todo ello a cargo de la atractiva especialista inglesa Mary Carewe.El capítulo dedicado a la presencia de alicantinos en el Festival, cada vez más fácil de cubrir con total dignidad artística, está dedicado este año a figuras jóvenes en su primera madurez. Empezando por la excelente soprano Aurora Serna, que viene acompañada por una leyenda del piano, Félix Lavilla; el pianista Ricardo Descalzo, la percusionista Carolina Alcaraz y el joven compositor Roberto López, actual compositor residente en la JONDE.Y, como es habitual, numerosos estrenos absolutos, la mayoría encargo del CDMC para el Festival: diecinueve obras se escucharán por primera vez en este Festival, doce de ellas encargadas especialmente para la ocasión.No acaban aquí las sorpresas, reseñemos la presencia en Alicante por primera vez del extraordinario Trío Arbos y las ya tradicionales presentaciones de actos con presencia mayoritaria de la nueva tecnología, como el concierto que ofrece anualmente el LIEM (Laboratorio de Informática y Electrónica Musical) del CDMC, este año con obras de estreno todas ellas y compuestas para electrónica e instrumentos acústicos, una de las fórmulas mejor apreciadas por los aficionados, o los dos estrenos de creación radiofónica con los que se articula la imprescindible colaboración del Festival con Radio Clásica.Queda, en fin, la evocación de grandes nombres con motivo de algún aniversario señalado. Recordaremos el 75 aniversario de Karlheinz Stockhausen (con dos obras de su primeros y fecundos años servidas por el Ensemble Intercontemporain), o los más próximos de Ramón Barce, también 75 años, García Abril, 70 años, y Eduardo Pérez Maseda, 50 años. En resumen, estamos ante una edición muy completa en tendencias y géneros, y con cotas máximas de calidad que nos invitan a esperar un Festival a la altura de los mejores de Europa, con una línea de recuperación artística afirmada y, en suma, una oportunidad de reconciliar la mejor música actual, los más destacados intérpretes y las tendencias más vitales con el siempre fascinante escenario de Alicante, la ciudad de la luz mágica, la atmósfera clara y, sobre todo, la presencia insinuante del agua y sus múltiples formas.Y, como es de justicia, un año más recordamos con agradecimiento a las instituciones que se unen al éxito del certamen: Excelentísimo Ayuntamiento de Alicante, Instituto Valenciano de la Música. Caja de Ahorros del Mediterráneo, Casino de Alicante, Radio Clásica (y su impagable servicio retransmitiendo el Festival), y todos los amigos del acontecimiento, de los que el público alicantino (cada año más numeroso) no es el menor de ellos. A todos, gracias y un buen año musical contemporáneo.

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