España - Euskadi

Refrescantes ensaladas para un verano caluroso

Mikel Chamizo
lunes, 11 de agosto de 2003
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San Sebastián, jueves, 7 de agosto de 2003. Convento Santa Teresa. La viuda: Canciones, villanescas y ensaladas del Siglo de Oro. Obras de Rodrigo Cevallos, Francisco Guerrero, Alonso Mudarra, Juan Vásquez, Antonio de Cabezón y Mateo Flecha, el Viejo. La Trulla de Bozes (Raquel Anduez, soprano; Carlos Sandúa, alto; Karim Farhan, tenor; Juan Días de Corcuero, tenor; Xavier Pagès, barítono; Raúl del Toro, órgano; Manuel Vilas, arpa; Elñena Martínez de Murguía, viola da gamba).
9,8E-05 La Trulla de Bozes es un conjunto joven, de tan solo 5 años de trayectoria, pero que poco a poco va haciéndose un hueco en el circuito de agrupaciones históricas. Parece que sus componentes, igualmente jóvenes, estén buscando su lugar en un terreno especialmente combatido: el de los conjuntos vocales. Y lo están consiguiendo con unas voces bellas (especialmente las de la soprano y el barítono) y, sobre todo, gracias a un cuidado trabajo de ensamblaje que otorga al conjunto una sonoridad cálida y redonda.A la Quincena Musical trajeron un programa que se puede clasificar, dentro de la música antigua, como de gran repertorio: Canciones, villanescas y ensaladas del Siglo de Oro, en dos partes centradas cada una en una ensalada de Mateo Flecha el Viejo junto con piezas de Cevallos, Guerrero, Mudarra, Vásquez y Cabezón.Las dos ensaladas de Mateo Flecha, la Viuda y la Guerra, menos conocidas que la Justa o el Fuego y mucho menos que la popular la Bomba (que no consigo recordar en que programa de TV se dio a conocer), permitieron al grupo demostrar su versatilidad en los numerosos cambios de carácter de estos potpourris de tonadillas de la época, de penetrante humor y burla social. No obstante, no fue con estas obras que la Trulla dio lo mejor de sí (se echaba de menos, quizá porque nos han acostumbrado mal, un mayor ropaje instrumental), sino con las piezas de Francisco Guerrero, cantadas con exquisito gusto y saber hacer. Especialmente bella fue su versión de Mi ofensa es grande, de magnífico equilibrio y claridad polifónicas.En cuanto a los instrumentistas, no se puede decir que estuvieran a la altura de las bozes, aunque tampoco desmerecieron. El mejor fue el organista Raúl del Toro, que ofreció dos tientos de Antonio de Cabezón límpidos y fluidos. El arpista Manuel Vilas se puso nervioso en sus dos momentos solistas –el Guardame las vacas de Juan Vásquez y un Tiento para arpa de Alonso de Mudarra-. Tocar este instrumento cuando a uno le tiemblan las manos no debe ser tarea fácil, pero Vilas lo hizo relativamente bien. La gambista Elena Martínez de Murguía, violista sinfónica en la vida real, no tuvo momentos de lucimiento y se dedicó a doblar el bajo con corrección. No obstante la descompesación, el conjunto al completo-bozes más instrumentos- transpiraba seguridad y compenetración, por lo que el recital resultó muy notable y el público lo supo agradecer.
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