The Ice House´s Tales

Notas sobre Schubert: La segunda sinfonía

The LGM Golden Quartet
jueves, 28 de junio de 2001
9,6E-05 Franz Schubert (Lichtenthal, 31-I-1897; Viena, 19-XI-1828) compuso su Segunda sinfonía en si bemol mayor (comp. Viena, 10-XII-1814/24-III-1815; estr. Londres, 1877; ed. 1884) para la misma plantilla utilizada por Haydn en sus Sinfonías de París, que son el modelo evidente del primer movimiento, quizás filtrados a través de la espléndida Sinfonía en do menor, Op. 80 (Londres, 18-IV-1814) de Ferdinand Ries, interpretada en Viena poco después de su estreno.Schubert se tomó en su propia sinfonía todo tipo de libertades formales y texturales y no dudó en incluir diversos homenajes a algunos de sus compositores favoritos: la Sinfonía nº 39 de Mozart, la Sinfonía nº 2, el Triple Concierto y la obertura (el único número publicado) del ballet Las criaturas de Prometeo de Beethoven. La Sinfonía en si bemol mayor, destinada a ser interpretada por un grupo de aficionados en el hogar de los Schubert, pasó absolutamente desapercibida en Viena, ciudad en la que contemporáneamente nacían dos obras maestras absolutas de la música orquestal: la Sinfonía en fa mayor de Beethoven y las 24 variaciones sobre la Folía de España de Salieri.La difusión de la obra se produjo desde Londres cuando el proceso de invención de Schubert estaba bastante avanzado lo que no pudo evitar los reproches a la desmañada factura de la obra. Johannes Brahms, arreglista y editor de las sinfonías de Schubert, tenía tal estima por esta composición que en el prólogo a su edición no se inhibe de recabar la atención del lector sobre 'la frivolidad y desenfado con los que Schubert proyectó y escribió sus obras'. Es fácil compartir con Brahms la simpatía por la espontaneidad juvenil y rendirse ante la hermosura de las ideas melódicas o el candoroso brío de no pocos pasajes y es cierta la afirmación de Abraham de que la Sinfonía en si bemol mayor es bastante más que una composición escolar pero no lo es menos que no admite la comparación con la obras de los grandes sinfonistas de la década de 1811, Mehúl, Reicha o Weber y que su estructura y orquestación no alcanza a emular la calidad de la citada obra de Ries o la de la Obertura Namensfeier (Viena, 25-XII-1815) de Beethoven. Nuestra perspectiva, privada de la música de los grandes maestros de la época, nos permite apreciar en su justa medida las virtudes de la sinfonía de Schubert.
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