Reportajes

Esbozo para una historia de las castañuelas (1)

Jaime Tortella

sábado, 18 de septiembre de 1999
A pesar de que la percusión es uno de los más antiguos métodos de emisión de sonidos y, por tanto, está en las raíces primigenias de la música, los estudiosos han dedicado menos atención a este tipo de instrumentos que a otros, como la cuerda, el piano, la madera o incluso el metal. Y, si ello es cierto para la familia de la percusión, en general, con mayor razón se puede afirmar para algunos de sus miembros en particular, cuyos estudios o no existen, o son escasos y, casi nunca, monográficos.En el caso de las castañuelas y de sus congéneres, los crótalos y los címbalos, es patente el vacío historiográfico todavía por cubrir. Ello nos fuerza a conformamos con confiar en una futura atención más pormenorizada y más profunda.No se espere, por tanto, que los párrafos que vienen a continuación vayan a llenar ese vacío, ya que solamente pretenden ofrecer algunos elementos ilustrativos y algunos datos que habrá que desarrollar, fruto exclusivo de la curiosidad personal suscitada a raíz de una incipiente amistad con una intérprete de las castañuelas.IntroducciónLas actuales castañuelas son una derivación, de incierto recorrido, de los antiguos crótalos y címbalos, aunque ambos tipos de. instrumentos de percusión se construyeran con materiales diversos, no necesariamente en madera, como es el caso de las castañuelas de hoy. De hecho, en sus orígenes, existe cierto cruce terminológico entre los tres instrumentos, tratándolos algunos autores como sinónimos.Por consiguiente, con el fin de establecer algunas diferencias que eviten equívocos, daremos unas breves definiciones descriptivas, no de las castañuelas, lo que resultaría innecesario en el marco de este breve estudio, dirigido a un público eminentemente hispano, pero sí de los otros dos instrumentos.Los címbalos son discos o platos (con tamaños cambiantes a lo largo de su historia), cuyo sonido se obtiene por choque o por frotamiento. Y los crótalos son piezas cóncavas, de variadas formas, que se hacen chocar por sus partes huecas.De estas breves descripciones se desprende que las diferencias no son diáfanas y que solamente los materiales y una cierta evolución de uso han ido dibujando más claramente sus fronteras, aunque todavía permanecen zonas de coincidencia.En cuanto a la forma y tamaños actuales de las castañuelas, lo cierto es que no se corresponden con esos precedentes históricos, ya que este instrumento ha adoptado un perfil característico que permite adaptarlas a la palma de la mano, que es donde se produce el choque entre las dos piezas ahuecadas, en forma de concha. En cambio, los crótalos, aunque lo más regular es que se hicieran de madera, como las castañuelas, se construían con formas diversas, siendo, por ejemplo, los más comunes del Egipto Nuevo de configuración alargada, imitando con frecuencia la forma de un antebrazo, con una estilizada mano en el extremo. (Véase un caso en la Figura 1)Por lo que respecta a los címbalos, siempre presentaban la forma de disco o plato y, en general, se hacían de metal, de cerámica, o mediante dos conchas naturales. Al ser dos piezas iguales e independientes cuyos diámetros pueden variar desde el de un plato de vajilla ordinario hasta unos pocos centímetros, se utilizan distintos mecanismos de sujeción, emplazados en la cara convexa, y que sirven, a la vez, para que el instrumentista los pueda accionar. En el caso de los címbalos de tamaño reducido, se disponen sendas pequeñas cintas que se atan a los dedos (pulgar e índice, o pulgar y mayor); y para los de tamaño semejante a un plato, la sujeción suele consistir en unas asas solidarias al instrumento.La etimología del término crótalos hay que buscarla en un derivado latino, crotalum, del vocablo original griego jrótalon (forma fonética aproximada adaptada a los caracteres occidentales). En castellano, este vocablo se vino utilizando como palabra arcaica hasta 1843 en que la Academia lo adopta con el significado de "especie de castañuelas". Muy semejante es la etimología del término címbalo, derivado del vocablo latino cimbalum, proveniente, a su vez, del griego kimbalon. Curiosamente, este término ha pasado, a partir de los inicios de la Edad Moderna, a formar parte, como sufijo, de la denominación de algunos instrumentos de tecla (clave), especialmente los de cuerda pinzada, es decir, de la familia de los clavicémbalos.Por lo que respecta a los crótalos, hay otras palabras en castellano que se relacionan con ella. Por ejemplo, crotalogía, que Juan Fernández de Rojas utilizó en el título de su trabajo Crotalogía o ciencia de las castañuelas (1792). También existe un término zoológico científico que describe a la serpiente de cascabel como crotalus hórridus, que alude a los discos de la cola que, al chocar, emiten un sonido característico (en este caso, más serían címbalos que crótalos). Otra de las palabras que podrían derivar del término crótalo, aunque de uso escasamente común, es el verbo crotorar que significa "emitir su voz la cigüeña". Con esta palabra se expresa la acción que realizan estas aves para producir un sonido, o chasquido, al golpear, una contra otra, las partes alta y baja del pico, mientras echan la cabeza hacía atrás. El golpe que efectúan las cigüeñas al hacer chocar las dos mitades del pico es del todo semejante al que se utiliza con los crótalos. Se trataría, por tanto, de un verbo onomatopéyico cuyo efecto sonoro es del todo similar al de los crótalos.En cuanto las castañuelas, sobre el origen del nombre, las opiniones son diversas. Unas aluden al material del que están hechas, es decir, a la madera con que se solían hacer, la de castaño, aunque, en general, siempre se han buscado maderas más duras, como el nogal o el boj, y también el ébano. Otras interpretaciones, en cambio, se basan más en el color u otras características, como la forma, relacionando el nombre con el perfil o el aspecto de ambas piezas del instrumento, que podrían resultar semejantes a una castaña partida en dos trozos iguales.

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