Reportajes

Esbozo para una historia de las castañuelas (y 2)

Jaime Tortella

miércoles, 29 de septiembre de 1999
Los rastros históricos de las castañuelas son difusos y tenues. Hay referencias documentadas muy lejanas en el tiempo, pero se trata de indicios que carecen de continuidad, tanto temporal como espacial. Todas las referencias se relacionan con el modo de mantener el ritmo musical mediante elementos que se percuten.Las castañuelas en el pasadoEl golpear rítmico de dos piezas de madera, una contra otra, está registrado en el Antiguo Egipto del cuarto milenio antes de nuestra era. Es el antecedente de los clave utilizados hoy en día en las formaciones musicales de ritmos afro-cubanos. (A pesar del nombre, no debe confundirse con la palabra clave, utilizada como abreviatura de clavi-cémbalo, instrumento completamente diverso.)En el caso del Antiguo Egipto, la práctica del choque de palos se relaciona con ciertas danzas propiciatorias de la fertilidad y se deriva de ciertos medios sonoros utilizados para ahuyentar a las plagas de insectos o reptiles que asolaban las cosechas.Durante el tercer milenio egipcio, está documentado el uso de crótalos como instrumento de acompañamiento rítmico. Los crótalos egipcios, cincelados en madera o en marfil, son, sin lugar a dudas, los antecedentes más próximos, o los hermanos de uso, de las castañuelas, tanto de las antiguas como de las modernas. No obstante, a pesar de que, en algunas fases de su historia, podrían haber sido lo mismo, o confundirse con las castañuelas, hoy son instrumentos muy distintos, por más que ambos sean de la familia de la percusión, y ambos incapaces de producir notas variadas dentro de cualquier escala.Más tarde, en el Imperio Medio egipcio, encabalgado entre el tercer y el segundo milenio, se utilizaba un tipo peculiar de castañuelas hechas con discos ensartados en varillas, que se hacían chocar entre sí. Por otro lado, los distintos movimientos migratorios trajeron nuevas formas instrumentales, tales como modelos peculiares de crótalos empleados por los hicsos, llegados a Egipto en esa época.También están documentados algunos ejemplares de crótalos, hechos de cerámica, y utilizados en la zona de la actual Rumanía y de la actual Hungría (la Panonia romana), durante el Neolítico, así como en los periodos de esplendor del palacio de Cnossos, en la Creta minoica, es decir, del periodo de los siglos XVIII, XVII y XVI, antes de nuestra era.Pueblos, zonas y civilizaciones como los de la antigua Mesopotamia (Sumeria, véase Figura 2), o China, Tíbet, Camboya, Birmania, Siam (actual Tailandia), Indonesia, entre otros del Sudeste Asiático, así como gentes más desarraigadas o nómadas, como judíos y árabes, utilizaron a lo largo de sus devenires históricos, instrumentos de percusión de la misma familia: címbalos, platillos, crótalos y castañuelas de muy diferentes formas, siempre como medio de mantenimiento de los ritmos para acompañar melodías ejecutadas con instrumentos, básicamente, de cuerda o de viento.Griegos y romanos adoptaron numerosas costumbres y materiales de otras civilizaciones anteriores, concretamente de la egipcia, de la fenicia y de otras localizadas en zonas más orientales, Asia Menor, la actual península arábiga e, incluso, más lejanas. Algunos de estos materiales incluyen instrumentos musicales, entre los que se cuentan los de percusión y, concretamente, los címbalos.La utilización de los címbalos por parte de los griegos estaba relacionada con el culto a la diosa Cibeles, pero no es ese el único entorno en el que se utilizaban, ya que se empleaban, con frecuencia, en festejos populares con un marcado carácter lascivo o provocador.En la Edad Media, después de ser prohibidos por la Iglesia durante varios siglos, precisamente debido a ese uso como medio de incitación a la sensualidad y a la lujuria, reaparece la utilización de los címbalos con ocasión del regreso de los cruzados de Palestina. Así, a partir del siglo XI, en la Europa Occidental continental, vuelve a construirse este tipo de instrumento. Se trata, en este caso, de piezas circulares planas, en forma de disco, que se hacen chocar una con otra. En las Islas Británicas aparecen documentados címbalos hacía el siglo XIII y, desde ese momento, no parece haber alteraciones significativas hasta pleno periodo barroco (siglos XVI y XVII), momento en el que se incluyen en formaciones verdaderamente orquestales.Desde el barroco tardío, sin llegar a ser frecuente o habitual, sí se empezaron a incluir castañuelas o címbalos en formaciones orquestales amplias, y ello con fines de acompañamiento, para marcar medidas o cadencias.Ya en pleno clasicismo, numerosos instrumentos de origen "exótico", entre los que se cuentan las castañuelas, forman parte, si no frecuente, sí relativamente habitual, de las formaciones instrumentales y los compositores las utilizan como acompañamiento, ornamentación o como disciplina rítmica.En el caso español, durante la segunda mitad del siglo XVIII español, las castañuelas dejan de ser un elemento extraño, aunque permanece, mayoritariamente, restringido a algunos bailes populares. Existen abundantes crónicas que describen el uso de las castañuelas, concretamente en uno de los bailes más populares y controvertidos, el fandango, que tuvo fama de ser una danza lúbrica y, por tanto, fue prohibida o perseguida por la autoridad eclesiástica.El fandango, sin embargo, llegó a oídos de algunos compositores célebres, como el fraile jerónimo Antonio Soler o el recatado Luigi Boccherini, y ambos transcribieron ese ritmo sincopado a sus pentagramas. En el caso de Soler, en una extraordinaria transposición para clavicémbalo, en la tonalidad de re menor y con la indicación de "Moderato espressivo", desarrollado con gran empaque y solemnidad; mientras que Boccherini lo utilizó en el tercer movimiento ("Grave") del quinteto de cuerda Op. 40 nº 2 (más tarde transcrito por él mismo a cuarteto y guitarra), en el que incluyó algunas indicaciones sobre la adición y uso de las castañuelas.Durante el siglo romántico, también se incorporan las castañuelas a algunas composiciones orquestales. Compositores tan diversos como Berlioz o Wagner las utilizaron en una forma modernizada (unidas a un vástago) en algunas de sus obras. Y figuran, también, en los pentagramas de piezas de ambiente hispano, como el Capricho español de Rimski, ya en la fase final del siglo XIX.Hoy en día, no resulta extraño ver címbalos o castañuelas formando parte de las grandes orquesta, si bien en las diferentes versiones actuales del instrumento, muchas veces adaptadas para la conveniencia de unos intérpretes no especializados y que deben poder accionar una amplia gama de elementos de percusión en una misma composición, desde timbales y tambores hasta triángulos, campanas, platillos o, incluso, carracas.Las castañuelas dentro de una clasificación de los instrumentos de percusiónLos instrumentos de percusión se pueden clasificar de muy diferentes maneras según se atienda al tipo de sonido, al material con que se construyen, a la técnica utilizada para hacerlos sonar, a la masa de aire que el instrumento pone en vibración, etc.En el caso de las castañuelas (al igual que en el de los crótalos, de los címbalos, de los platillos, del triángulo y tantos otros), queda patente que el sonido que se emite puede variar relativamente poco (desde el punto de vista de la escala musical) y que su variabilidad depende más de la fuerza con que se hacen percutir las partes de que se componen, así como de la velocidad de repetición o frecuencia del choque, que de un posible recorrido por al escala sonora.De los distintos criterios de clasificación de los instrumentos de percusión, hoy en día se ha optado por dividirlos en dos grandes grupos atendiendo a los materiales de que están compuestos: los que se construyen con materiales naturales o primarios, llamados idiófonos, y los que se constituyen mediante membranas tensadas, conocidos como membranófonos.Las castañuelas pertenecen, típicamente, al grupo de los idiófonos y, dentro de él, a los que se percuten directamente, sin necesidad de otro elemento externo que produzca el ataque para producir el choque y, por tanto, el sonido, como sería el caso del triángulo, las campanas o las marimbas, por ejemplo, que se percuten con macillos o varillas.Salvo en algunos casos, restringidos a regiones o zonas particulares, en las que las castañuelas se presentan en tamaños de hasta 20 centímetros de diámetro, en la mayoría de los casos, el tamaño se adapta al de la mano.Mediante el auxilio de un cordel con el que se sostiene las dos conchas alrededor de un sólo dedo, el pulgar, concretamente, la técnica del tañido de este instrumento permite que sea una multiplicidad de dedos los que accionen el choque, ofreciendo así la posibilidad de una repetición de gran frecuencia en el efecto percutor. No ocurre lo mismo con los actuales crótalos o con los címbalos, par de discos (normalmente metálicos) que, como hemos señalado anteriormente, se adaptan para ser sostenidos entre los dedos pulgar e índice (o mayor), o se sujeta cada uno de los platos con una mano y, por consiguiente, el choque no puede ser tan frecuente como el de las dos conchas de las castañuelas.Las castañuelas se suelen tocar en parejas, emitiendo en tonos distintos. La más aguda recibe el calificativo de hembra, y la más grave, el de macho.Su manejo varía según el entorno. En el caso del cante y baile flamencos, cada castañuela se adapta a cada mano de forma separada. De esta manera, además de ser accionada por el resto de los dedos disponibles de cada mano (salvo el pulgar que actúa de soporte), se puede producir un efecto distinto haciendo chocar las dos castañuelas uniendo con fuerza las palmas de las manos. Si las palmas quedan abiertas, el sonido será más abierto, pero según se mantengan las manos más cerradas en el momento del impacto, se pueden obtener distintos grados de resonancia, al actuar las manos como caja hueca.En cambio, en las orquestas sinfónicas, las castañuelas, en número variable, suelen ir engarzadas a un vástago que se constituye en mango de sujeción para permitir al intérprete accionarlas con una simple agitación del mismo, si bien tal dispositivo le da menos libertad y flexibilidad.En definitiva, las castañuelas actuales se pueden clasificar, por orden jerárquico, como instrumentos de: percusión -> idiófono-> directamente percutido -> de entre-choque -> de maderaAlgunas referencias bibliográficas- ANDRÉS, Ramón: Diccionario de instrumentos musicales, Biblograf, Barcelona, 1995.- BRAGARD, R. y HEN, F.J. de: Instrumentos de música, Ediciones Daimon, Barcelona, 1975.- CERVELLÓ, Jordi: "Los instrumentos musicales", en V.V.A.A.: Instrumentos, Intérpretes y Orquestas, Salvat Ediciones, Barcelona, 1984, (PP. 2-65).- COROMINAS, Joan: Diccionario crítico etimológico, Editorial Gredos, Madrid.- DONINOTON, Robert.: La música y sus instrumentos, Alianza Editorial, Madrid, 1982.- HONOLKA, Kurt, et al.: Historia de la música, Edaf Ediciones, Madrid, 1983.- OPHEF, Matanya: "Luigi Boccherini 's guitar quintets. 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