Alemania

Ainhoa Garmendia se casó con Tuomas Pursio en Leipzig

Daniel Leger

miércoles, 12 de noviembre de 2003
Leipzig, sábado, 1 de noviembre de 2003. Las bodas de Fígaro, ópera bufa en cuatro actos de Wolfgang Amadeus Mozart, con libreto de Lorenzo da Ponte, basada en la trilogía de Beaumarchais (Burgtheater de Viena el 1 de Mayo de 1786). Guy Joosten, director de escena. Johannes Leiacker, escenografía. Karin Seydtle, figurinista. Benny Ball, luminotecnia. Reparto: Susana: Ainhoa Garmendia (s); Condesa: Marika Schönberg (s); Cherubino: Anne Marie Seager (mz); Marcelina: Annelott Damm (s); Barbarina: Anna Rad-Markoswka (s); Fígaro: Tuomas Pursio (bt); Conde: Tommi Hakala (bt); Dr. Bartolo: Rolland Schubert (bj); Antonio: James Moellenhoff (bj); D. Basilio y D. Curzio: Torsten Süring (t). Orquesta y coro de la ópera de Leipzig. Henrik Schaefer, director musical.
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Empecemos por la debutante. A Ainhoa Garmendia, la soprano guipuzcoana que cantaba por vez primera el papel de Susana, se le vio libre de nervios desde el principio. Parece que no los tiene, que los tiene bien domados o que los ensayos la convencieron de que ese es su papel, por la soltura y el desparpajo con que interpretó y cantó nada más subirse el telón. Está casi todo el tiempo en escena y terminó fresca y lozana como una rosa Fue sorprendente su capacidad de recuperación. Se le oía siempre y se le entendía siempre. Su timbre característico tuvo todos los matices necesarios, adaptados a cada necesidad siendo este timbre, regular y parejo tanto en los agudos como en los graves: una sola cantante en toda la tesitura de su voz. Su afinación y su musicalidad fueron sus mayores virtudes y lo que prendió en el público que premió su actuación con los más enfervorizados aplausos. Su “Deh vieni non tardar”, en el acto IV, tiene la dificultad de ser un aria romántica, reposada y tranquila después del ajetreo de toda la ópera danzando sin parar, donde hay que recogerse, sentirse y cantar sereno; pues ahí se recogió, se sintió y cantó con una exquisitez muy difícil de conseguir. El Leipziger Volkszeitung publicó: “Una nueva estrella en la constelación de la Ópera de Leipzig”.La producción venía de Flandes donde se estrenó en Envers el año 1995. Sin una época concreta. En los tres actos primeros todo el decorado está realizado con paredes de cristal transparente, simulando una especie de invernadero, que se van cambiando de sitio, que los cristales unas veces están sucios y otras limpios. Se va jugando con las percepciones ópticas y cada acto tendremos la sensación de que el fondo de la sala se encuentra un poco más lejos. Todo se aclara cuando, en el tercer acto, uno de los personajes, va hasta al fondo, que parece muy lejano y se descubre que es el cuadro allí situado el que va cambiando de tamaño cada acto hasta hacerse minicuadro. En el cuarto acto, se representa el jardín mediante un árbol que supuestamente se ha caído, ha roto el techo de cristal y lo ha dejado a oscuras. Todo esto le da un toque original y humorístico a las clásicas Bodas de Fígaro. En el escenario se respiraba una atmósfera fresca y llena de energía con todos los momentos de humor perfectamente situados. Una opera bufa de verdad.Herink Schaefer es un director de orquesta joven que fue asistente de Abbado, pero le falta definir los tiempos y coordinar el foso con el escenario. Empezó la obertura con mucha energía y luego puso en aprietos a la condesa en el “Porgi amor” debido a la lentitud con que lo llevó. Todo lo contrario que en el terceto Conde-Basilio-Susana y el Condesa-Conde-Susana que los llevó demasiado rápidos. Otra vez volvió a pecar de lentitud en el dúo Susana-Cherubino “Aprite presto” donde se hubiera agradecido un tiempo un poco más rápido que diera la sensación de urgencia y peligro. Esperemos que la experiencia le haga resolver estos problemas. A la orquesta la hizo sonar pero no siempre lo unida que debiera. Estos fallos no consiguieron estropear la función.Del resto de los cantantes diremos, empezando por las damas, que la Condesa de la soprano sueca Marika Schönberg tuvo los problemas dichos al hablar de la orquesta pero se creció en el “Dove sono” donde demostró que tiene una voz grande, bien timbrada y a tener en cuenta a pesar de, o precisamente por, su juventud. Logró disimular su falta de conocimiento del italiano que solo se reflejó en alguna pequeña falta de inteligibilidad en determinados momentos y en la falta de precisión en los gestos y movimientos con la situación. No obstante, bordó su parte en el terceto del segundo acto.El enamoradizo e irreflexivo adolescente llamado Cherubino, que fue la mezzo canadiense Anne-Marie Seager, tuvo algún problema de afinación pero en general estuvo entonada y bien. Es muy difícil hacer un papel travestido y aquí también se notó esa dificultad. Uno de los momentos más importantes fue el “Voi che sapete” en el que no solo estuvo vocalmente bien sino que la interpretación fue apropiada.La soprano alemana Annelott Damm es, por su presencia, la Marcelina que siempre hemos imaginado, tiene una voz grande y, a pesar de su italiano germánico, defendió su papel con mucha corrección. Destacable el dúo con Susana en el primer acto, cuando aún quería casarse con Fígaro sin saber que era su hijo.Barbarina, la hija del jardinero Antonio, fue la soprano polaca Anna Rad-Markoswka. Tuvo un papel que se le quedó pequeño para su bonita voz, solamente le hizo falta un poco más de presencia vocal en los recitativos.El cómplice del Conde en El barbero de Sevilla y su criado favorito en estas Bodas, era Fígaro, el novio. Este papel estuvo a cargo del barítono-bajo finlandés Tuomas Pursio, fue el suyo un trabajo bien hecho al que sólo le faltó transmitir un poquito más en su expresión y colores pero no se le debe restar importancia por eso. Vocalmente estuvo bien sobre todo en las tres arias del personaje, donde se le aplaudió con fuerza.El también finlandés Tommi Hakala fue el Conde malvado que quería ligar con la pobre Susana. Tiene una gran voz con la que sabe expresar las distintas situaciones por las que pasa su personaje desde el brutal cabreo cuando le toman el pelo hasta la melodiosa insistencia de sus asedios galantes. El 29 de Junio de este mismo año fue el ganador del concurso de la BBC Cantantes del mundo en Cardiff y ciertamente que demostró las razones del premio en el aria “Hai già vinta la causa” donde el público aplaudió con fervor.El taimado Don Bartolo fue el bajo alemán Rolland Schubert que con una voz estupenda dio forma al que resultó ser el padre de Fígaro. Como se sabe lo importante en este papel es el aria de “la vendetta” que cantó con la soltura y hondura de un bajo serio aunque a lo largo de toda la obra supo ser el bajo bufo que se necesita. Al contrario de lo que se hace habitualmente con este aria, se veía que hubo un trabajo de fondo escénico porque se apreciaba perfectamente que aún siendo gracioso, el director de escena no se centró en esto sino que busco mucho más profundamente el personaje de Don Bartolo y demostró que éste puede ser tanto o más terrible que el mismísimo conde.Tuvimos un Antonio de lujo en la persona del bajo estadounidense James Moellenhoff. Su voz es tanta que el papel del jardinero borrachín fue un juego de niños para él y un deseo de oírlo más para el aficionado.El maestro de música, llamado don Basilio, fue el tenor berlinés Torsten Süring, que hizo también la parte del notario Don Curcio. Estuvo bien de voz aunque a veces demasiado estereotipado en el personaje bufo y con algún problema con el italiano.El coro de la Opera de Leipzig estuvo en su línea y el poco trabajo que tienen en esta ópera lo hicieron correctamente.El publico al final dio su veredicto: Aplaudió toda la obra con agrado sin escatimar los aplausos al director de escena Guy Joosten en muestra de su contento por el conjunto de la ópera. Pero los bravos fueron para la debutante española Ainhoa Garmendia, para la sueca Marika Schönberg y para el finlandés Tommi Hakala.

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