España - Galicia

Alegrías (vivir o sobrevivir)

Julián Carrillo
viernes, 14 de noviembre de 2003
La Coruña, domingo, 2 de noviembre de 2003. Palacio de la Ópera. Temporada 2003-04: concierto nº 2 del abono. Orquesta Sinfónica de Galicia. Monica Bacelli, mezzosoprano. Alberto Zedda, director. Programa: Sergei Procofiev, ‘Sinfonietta’ op. 11/5 . Maurice Ravel, ‘Schéhérezade’. Luciano Berio, ‘Folk Songs’. M. Ravel, ‘Dafnis y Cloe’ suite nº 2. Aforo, 1800 localidades. Ocupación, 90/95%
8,78E-05 Pues tal vez en eso esté la diferencia: que mientras unos viven su vida, a otros se la viven e, incluso, hay quienes se tienen que conformar con sobrevivir. Tal vez sea esa la causa de la diferente actitud que tiene cada cual ante eso que llaman vida, y de que haya quien le tiene más afición – a la vida, insisto- que otros. Y eso se nota: también en la forma de hacer música, sea componiendo o interpretando. El programa del jueves parecía estar hecho personalmente para –y probablemente por- un vitalista nato. El maestro Alberto Zedda desprende una energía contagiosa que transmite a la orquesta y al auditorio y de la que es difícil, si no imposible, mantenerse a cubierto. Es curioso observar la expresión del público y de los músicos después de cada una de sus intervenciones al frente de la Sinfónica de Galicia y ver cómo hay un brillo especial en mirada de todos los asistentes –bien lo sean por profesión o por afición-, felizmente “contaminados” por el gran músico milanés.El concierto estuvo centrado por la Schérézade de Ravel y las Folk Songs de Luciano Berio, en las que Zedda dictó una auténtica lección magistral de dirección lírica, construyendo firmemente la estructura de cada obra, de cada canción, al tiempo que cuida el mínimo detalle y, literalmente, más que acompañar mima al cantante. Monica Bacelli tiene una preciosa voz, bellamente esmaltada, y canta con un gusto exquisito y una expresividad enormemente musical, pese a que esta voz tan agradable se pierde un poco en el ámbito del Palacio de la Ópera coruñés, quizás algo escasa de potencia o de intensidad sonora.En cualquier caso, si ya había sido una muy grata experiencia oírle cantar en la primera parte la obra de Ravel, fue un gran placer sentir cómo fue desgranando tras el descanso las canciones de Berio, en las que fue de más a más aún, con el broche de oro de una Canción de amor en la que vino a demostrar que eso del amor no sólo es cuestión de penas y sufrimientos, sino que cuando se vive y comparte de lleno puede llegar a inspirar obras llenas de alegría, dando la razón a los más aficionados a eso que arriba llamábamos vida.Ya en la Sinfonietta, Zedda logró una interpretación más acorde con el espíritu alegre y jovial que impregnó a Procofiev al escribirla que con las modificaciones posteriores y lo hizo dando a la obra del ruso un tono ciertamente alegre y un tanto burlón. Pero fue en la 2ª suite de Dafnis y Cloe donde Zedda extrajo toda la gran cantidad de música que atesora la partitura de Ravel y la que guarda en sus atriles la OSG. El empaste y color, gama dinámica y matices expresivos que el director italiano es capaz de poner de manifiesto fueron peldaños los instrumentos con los que Zedda marcó un nuevo hito en la que va siendo bien jalonada ruta vital de la Sinfónica de Galicia.
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