Opinión

Canciones que nos hablan de nuestros sueños

Javier Velasco

miércoles, 4 de julio de 2001
Dentro de la tradición oral europea recae un género cuya denominación es poca conocida en España: La Balada Tradicional. Sin embargo, alguna de las obras que lo componen, sí lo son gracias, en gran medida, a la amplia difusión discográfica de cantantes folk desde los años 60 hasta hoy día: Joan Baez, Judy Collins en los Estados Unidos o Pentangle y Steeleye Span en Gran Bretaña, o más recientemente la Canadiense Loreena McKennitt. Se puede llamar balada cualquier canción narrativa aunque el término etimológicamente es una forma literaria procedente del latín y del italiano ballare, (bailar). Estas canciones cuentan historias y originalmente se interpretaban integradas en danzas populares.Esta difusión contemporánea continúa la tradición oral que ha transmitido de padres a hijos estas pequeñas obras maestras durante siglos. Efectivamente, si bien herederas en gran proporción de mitos, ritos, creencias e historias medievales, su edad de oro se sitúa en la Edad Moderna (siglos XV al XVIII), cuando gran cantidad de cantantes ambulantes, mendigos, titiriteros y ciegos se lanzan a las plazas de los pueblos a difundir entre sus habitantes los cantares heredados de los juglares y trovadores medievales, hechos históricos recién acaecidos, el relato de una guerra o unos amores imposibles.Se conoce poco sobre su historia en la Edad Media, época del nacimiento de padres tan notorios como los Cantares de Gesta, la lírica medieval británica, muy influida por la sur de Europa, y las sencillas canciones de trabajo del pueblo llano, en las que éste vertía una fuerte carga emocional y sus inquietudes cotidianas. Los antiguos Cantares de Gesta - extensas obras de carácter épico que suelen narrar las hazañas de un héroe, debido a su larga duración, poco a poco comenzaron a abreviarse en las interpretaciones callejeras de los juglares. Así, éstos terminaron cantándose sólo las partes más conocidas o más gratas para el público, que acabaron por constituir baladas breves independientes.A su vez, las canciones líricas, amorosas en su inmensa mayoría y las costumbristas, como las de trabajo, danzas, villancicos, etc., fueron adquiriendo poco a poco cierto contenido dramático y narrativo. Más que describirse situaciones estáticas, se narraban historias, lo que ya constituya una de las principales características de las baladas. Por boca de juglares y trovadores - tanto cortesano como populares - estas baladas primitivas toman contacto con infinidad de obras narrativos-musicales de las distintas regiones del continente europeo, incluidos los romances españoles, con lo que establecen un amplio intercambio de influencias literarias y musicales, destacando, sobre todo, las coincidencias argumentales. Con ello el folklore narrativo europeo adquirió una unidad temática. Es curiosísimo como las mismas historias se cantan con ligeras variantes en casi todos los países de Europa.Los ejemplos son numerosísimos: las historias sobre "doncellas guerreras", la muchacha que borda a la orilla del mar y es entabla conversación con los marineros de un barco que pasa, las transformaciones en animales (lobo, foca, cisne...), el marido que regresa de la guerra sin darse a conocer para probar la fidelidad de su esposa (mito de Ulises y Penélope), etc. Este último ejemplo trae a colación la influencia que las historias bíblicas y mitológicas han tenido sobre el folklore europeo (Véase también por ejemplo, el caso de las amazonas en las historias sobre doncellas guerreras).Así configuradas estas baladas pasan, por transmisión oral, hasta la edad moderna, donde son escritas en Broadsides, hojas sueltas que se repartían entre los espectadores británicos con la letra de las canciones y, frecuentemente, con ilustraciones alusivas a su contenido, y recopiladas en obras antológicas. Hoy en día es costumbre en los conciertos didácticos dar las letras al público como apoyo lingüístico durante la actuación. Incluso en la edad media los Broadsides fueron el instrumento que más contribuyó a convertir estas baladas en tradición. Ayudaron a grabar en la mente de las gentes las historias que, a su vez, cantarían a sus hijos generación tras generación.Por todas esta vías llegan hasta nuestros días, donde los medios de comunicación modernos las sumen en la más profunda de las decadencias, ya que la tradición folklórica es suplantada por los objetos de consumo que estos medios ofrecen. Y, cuando sobreviven se convierten, asimismo, en otro medio de comunicación, especialmente en la industria discográfica. Conscientes de este peligro, y ante el riesgo de su desaparición, ya desde el siglo pasado varios investigadores se han dedicado a recopilarlas y a estudiarlas, surgiendo las obras de los profesores Cecil Sharp, Roy Palmer y Francis Child. Mucho se ha discutido sobre la interpretación que se debe realizar de estas canciones.Los más puristas insisten en calcar la tradición tal y como se presenta en sus fuentes, es decir, hacerlo exactamente como lo hace la gente del pueblo en su ámbito. Ello ha llevado a exageraciones tan risibles como innecesarias: algunos interpretes desafinan donde desafina la anciana que les sirve de fuente, intercalan 'morcillas' (expresiones de su propia cosecha) donde ella lo hace y hasta imitan emisiones de voz defectuosas que no lo son por estilo sino simplemente porque no todo el mundo canta bien. En la otra orilla se sitúan quienes opinan que el folklore en su propia esencia es cambiante y lo es tanto por el elemento espacio-temporal como por el propio interprete. Así, un interprete urbano del siglo XXI introducirá sus propias modificaciones tan lícitamente como lo hiciera un pastor o un ciego ambulante del siglo XVIII ó XIX. En esta línea hay voces de tanta autoridad como las del español Ramón Menéndez Pidal.En España hay grupos como Jarratina que llevamos desde 1985 con una discreta pero constante labor de difusión por todo el territorio nacional de los temas más representativos de todos los tipos de baladas de toda Europa --líricas, costumbristas, históricas, novelescas, etc. Nuestro grupo echó mano en un principio de la fórmula de recital-conferencia, en el que a la parte cantada se añadía una minuciosa explicación de cada obra, así como del género en su conjunto, como parte fundamental del espectáculo. Recientemente, la imagen y la música han ido sustituyendo a las palabras llegándose a un concepto global escénico en el que se unen lo teatral y lo musical en pro de lo didáctico. Así resulta un espectáculo realmente ameno y relajado, cuyo éxito es la mejor prueba del acierto en su forma.

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