Ópera y Teatro musical

Kurt Weill: 'Der Zar laesst sich photographieren'

Steven Schwartz

viernes, 1 de mayo de 1998
Sí, otra sobresaliente adición a la heróica serie de Kurt Weill en el sello Capriccio y una de las mayores lagunas del catálogo fonográfico de Weill resuelta. Georg Kaiser, quizás el principal colaborador alemán de Weill (la colaboración con Brecht, a pesar de que produjo resultados magníficos, estuvo siempre presidida por las dificultades de entendimiento entre ambos artistas), proporcionó el libretto, y Weill subtituló la pieza opera buffa. Tal vez, como ocurre en Mozart, esto apenas califica la obra. De hecho, la obra ofrece un nuevo episodio del dilema humanísitico que fue siempre recursivo en el pensamiento del compositor.En el estudio fotográfico de Mme. Angele, se están preparando para realizar fotografías oficiales del Zar. De repente, un grupo terroristas irrumpe en el salón, y sustituye a Mme. Angele y a sus empleados, y colocan un dispositivo mortal dentro de la cámara fotográfica. Obviamente, el plan es asesinar al zar, que llega con su séquito cuando se ya están preparados los terroristas.Desgraciadamente, el zar, vestido ordinariamente, resulta ser un hombre común, joven y coqueto, que pronto despierta simpatías en la falsa Angele. Pidiendo a su séquito que abandone el estudio, él le confiesa que su papel oficial nunca le permite entrar en relación con las personas, y le habla de su soledad. Él aspira a ser un hombre que se pasea por los bulevares con otros hombres, con sus iguales y quizás tener un affair en la más romántica de las ciudades - el París de los carteles de viaje.El zar pide a Angele que muestre en el retrato, no al zar, sino al ser humano. El déspota parece verse a sí mismo como un demócrata convencido, pero ésta podría ser una artimaña de seducción.El zar pide a Angele su amistad. La falsa Angele se consusume preguntándose ¿debe apretar ella el gatillo? Duda demasiado tiempo. El apuesto joven, creyendo que la dama está turbada por tener al zar delante, intenta calmarla sugiriendo festivamente que, primero, él saque a ella una foto. La única manera en que ella puede detenerlo es declarándole su amor apasionado. A estas alturas, los guardias personales del zar entran para decirle que han descubirto un complot y que en el edificio hay personas que tratan de asesinarlo. La verdadera Angele y su personal son liberados, ellos deciden guardar silencio sobre el intento de asesinato para evitar que se les implique. La cámara es reemplazadase reemplaza, y el zar, finalmente es retratado.Bajo los elementos burlescos descansa una seria meditación sobre las relaciones sociales. La libertad total es una ilusión.Todos debemos obedecer algo, dice al zar. Él no puede ser su propio amo porque el zar es sólo una idea. Es decir, nadie lo obedece debido a sus cualidades personales (como es mostrado por el hecho de que él no puede manipular al asesino, no importa cuánto encanto despierte), sino porque su posición social lo hace digno de respeto. Cuando el peligro se hace evidente, él no puede librarse de la actuación de su guardia personal, aunque él hubiera querido permanecer a solas con la falsa Angele. Estas ideas son compartidas por el asesino, que se sume en la confusión. Si la retórica de líder de la liberación es una ilusión, ¿Dónde reside su deber? ¿A su causa? ¿En su atracción a un hombre encantador, y no al monstruo presentado?¿Qué pensó ella? La ópera deja estas preguntas sin contestación.Escrita en 1928, el modismo musical puede sorprender a aquéllos que esperan otro Dreigroschenoper. Primero, la música es continua, en lugar de cortes ennúmeros separados. Segundo, queda más cercana al Weill del Concierto para violín, probablemente debido al hecho de que Kaiser y Weill empezaron su colaboración en este trabajo en 1924. Kaiser tenía problemas para terminar el libretto and sugirió adaptar su obra Der Protagonist. Técnicamente, la obra comparte mucho con Arlecchino de Busoni, y no sólo en el lenguaje sino también en el concepto busoniano de puppet-play, en el que la ópera retorma el comentario social. Weill usa las formas del baile popular, pero no en una voz que nos resulte familiar. No hay en esta obra nada de Schlaeger, Mack the Knife o de las Bilbao-Song, por ejemplo. No obstante, percibimos rasgos del Weill maduro, notablemente, los mecanismos que contribuyen a una distancia irónica en la acción.El coro de hombres actúa en la doble función de carácter (policía, conspiradores, séquito) y como comentarista impersonal. En la producción original, vistían uniformados con sombreros, abrigos, y blancas barbas - una parodia del personal de las embajadas. Los elementos burlescos del complot ayudan también a distanciarse del contenido, como los fox-trots orquestales. El elemento principal es un tango, conocido como el Tango de Angele que emana de una grabación. El propio Weill supervisó la sesión de grabación- después de todo, él pensó en el tango como un elemento teatral en la ópera - y quedó bastante sorprendido, aunque satisfecho, cuando el número tuvo éxito entre el público. Me sorprende a mi también también, en la medida de que no es especialmente melódico, aunque sí muy eficaz para el acompañamiento.La interpretación está entre las mejores de la serie. La ópera tiene una genuina acción dramática como elemento principal. Barry McDaniel está muy bien como zar, encantador y un tanto alocadamente romántico, en lugar de como un cínico seductor. Jan Latham-Koenig sostiene bien las aristas de esta música. El momento del tango llega como un magnífico golpe teatral, y el sonido es aceptable. Sólo tengo quejas de que el CD sólo contiene 46 minutos de música. Hay muchas obras cortas de Weill sin registrar que podrían haber completado el disco. Con todo, celebro esta fina grabación de de una rareza, incluso bienvenida para un entusiasta de Kurt Weill como yo.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.