Chile

La música amansa a las fieras

ClasicayOpera.cl
jueves, 18 de diciembre de 2003
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Providencia, sábado, 13 de diciembre de 2003. Frontis de la Municipalidad de Providencia. Verónica Villarroel, soprano; Gonzalo Tomckowiak, tenor. Orquesta Sinfónica de Chile, Coro Sinfónico de la Universidad de Chile. David del Pino Klinge, director. Obras varias. Entrada gratuíta
0,0001361 La noche del 13 de diciembre se presentó, ante unas 6.000 personas y en un recital gratuito (que contó con el auspicio de la Municipalidad de Providencia), la reconocida soprano chilena Verónica Villarroel, que fue acompañada por la Orquesta Sinfónica de Chile, al mando de su titular, David del Pino Klinge, el Coro Sinfónico de la Universidad de Chile, que dirige Hugo Villarroel, el tenor chileno Gonzalo Tomckowiak y las sopranos Erika y Maribel Villarroel. El repertorio elegido estuvo compuesto por arias, dúos, partes corales, orquestales y fragmentos varios de óperas, zarzuelas y musicales.Todo empezó con algunos minutos de retraso, plagados de problemas por la enorme cantidad de concurrentes que se quedaron sin asiento, incluso habiendo llegado con más de media hora de anticipación a la cita. Buena parte del público, incluso, se quedó fuera del espacio previsto para la amplificación, por lo que los equipos de sonido se hicieron pequeños. Con una perturbadora chiflatina por un lado y al ritmo de un “no se escucha, no se escucha” por el otro, partió la Orquesta Sinfónica con una interpretación de la que poco les podría hablar (porque no la oí) del Preludio de la zarzuela Las bodas de Luis Alonso.Terminada la interpretación, efímeros primeros aplausos dieron paso a “De España vengo”, de El niño judío, de Pablo Luna. Como reza el dicho popular, la imponencia de la “diva” sobre el escenario aquietó a las fieras, que cesaron completamente todo tipo de ruido molesto para escuchar una magnífica interpretación de Verónica Villarrroel, que fue ovacionada por el público.Se sucedieron, así, dos fragmentos más, uno con el coro y un dúo de Verónica con Tomckowiak. La parte oscura de la noche sobrevino entonces, con dos números del musical West Side Story, de Leonard Bernstein. El buen comienzo de la Orquesta se vio opacado completamente cuando el tenor, colgado de la terraza del Palacio Falabella, olvidó absolutamente todas las líneas de una supuesta declaración de amor, a la que Verónica, visiblemente nerviosa, contestó con un balbuceo que era todo menos lo que había que decir.Hasta ese momento, seguramente, nadie que no conociera la obra (más o menos) había notado nada. Sin embargo, faltaba lo mejor, que sobrevino cuando salieron al ruedo las tres hermanas Villarroel, para cantar el famoso “I want to live in America”. Nuevamente, como si de un ataque repentino de amnesia se tratara, las tres olvidaron todas sus líneas, contagiando al coro, que se perdió y dejó de cantar a mitad de la página. La Orquesta logró llegar a tierra firme arrastrando con ella a las solistas (que terminaron su participación cantando solamente “La, la, la, la, la, la...”).Habiendo tocado fondo, la Sinfónica, que conservó la calma en todo momento, comenzó con la reconstrucción, con un fragmento orquestal. Le tocó el turno luego a Tomckowiak, en su única participación solista, con “Pourquois me Reveillez”, de la ópera Werther. Así como he celebrado las últimas participaciones de este tenor en el Teatro Municipal (I Pagliacci, Gianni Schicchi), debo decir que esta no fue su noche, pues ofreció una versión muy fea (por decir lo menos) de la conocida aria.Para esas alturas, todas mis esperanzas estaban puestas en los fragmentos solistas que le quedaban a la Villarroel. Y no me decepcionó.Verónica se cambió en ese momento de vestido, pasando del rojo furioso a una combinación de negro y turquesa que, al parecer, le trajo buena suerte. Empezó la racha con “Oh, Luna Plateada”, de Rusalka, llegando a su peak con el “Pace, Pace”, de La forza del destino, cuando la totalidad del público presente ovacionó a la soprano de pie, por una magnífica interpretación. Casi tan buena como esa fue la versión de “Vissi d´Arte”, de ToscaYa para el final se distendieron los ánimos y tras “Salve regina”, de Mefistófeles, donde el coro se lució, Verónica pudo agradecer al público su apoyo y cerrar la noche con Canción con todos, que fue coreada por toda la concurrencia.La del 13 fue, sin dudas, una noche accidentada. Debo anotar, sin embargo, para el final de esta nota, que el público lo disfrutó mucho y, sobre todo, agradeció la posibilidad de acudir, gratuitamente, a la presentación de uno de los baluartes de la música nacional, de quien muchos habrán oído hablar innumerable cantidad de veces, pero jamás soñado escucharla en vivo.
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