Reportajes

Orquesta Sinfónica de Bilbao: Ochenta años de música urbana

Carmen Rodríguez-Suso

viernes, 9 de enero de 2004
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El proyecto de edición de este libro se inició hace varios años, y fue concebido como un trabajo colectivo de colaboración entre especialistas en diferentes áreas de la historia de la música y de la gestión cultural. Debía ser un trabajo divulgativo de calidad, con información documental suficiente para justificar las valoraciones que esta orquesta veterana merecía, y debía mostrar también las líneas de actuación previstas para el futuro próximo. Con la unión de Musicología y empresa cultural, se proponía presentar la imagen actual de un tipo de conjunto musical adaptado a las nuevas demandas sociales que se le hacen a esta sección de la música urbana.El libro es, además, un elemento importante en la proyección de la nueva imagen terciaria de una ciudad que ha visto desmantelarse su anterior estructura económica industrial. Rinde cuenta de las azarosas circunstancias en que se ha movido esta orquesta paralelamente a los cambios políticos y sociales de su entorno, y señala su carácter pionero, sus éxitos y sus triunfos, y también de sus momentos menos buenos, con el análisis de lo aportado en beneficio de la cultura y de la música, siempre al servicio de todos.La Orquesta Sinfónica de Bilbao se fundó en 1922, con la intención de servir de punto de referencia del sector musical. Agrupaba a músicos que tocaban también en otras entidades, como bandas, conjuntos de cafés, cinematógrafos, y otros lugares de esparcimiento lúdico, y les ofrecía una plataforma para la presentación de sus posibilidades artísticas más sofisticadas. La presencia de una orquesta sinfónica, con sus temporadas regulares, actuó desde entonces como motor de la vida musical local, interviniendo directa o indirectamente en la enseñanza musical, la vida teatral, la organización de las emisiones radiofónicas, las entidades de danza, y la creación compositiva. Sus directores y solistas invitados permitieron a la población disfrutar de la presencia de primeras figuras mundiales a precios muy populares y sin restricciones.Esta aspiración a configurar la música como un sector autosuficiente es un signo de la madurez urbana de Bilbao, como lo es también de otras ciudades que, en esos mismos años 20, fundaron orquestas sinfónicas. Bilbao destaca entre todas ellas por la claridad con que supo entender que una orquesta no es un fenómeno aislado, y que su salud está en relación con la forma en que puede anudar un contrato implícito entre sus promotores, su sistema educativo, sus músicos, sus seguidores, sus medios de comunicación, y sus "proveedores de contenidos", como diríamos hoy por los compositores. Por algo Bilbao era entonces una ciudad empresarial por excelencia, es decir, una ciudad en la que había gente emprendedora y con gusto por la acción y los desafíos del porvenir.Se añaden a esto las colaboraciones de esta orquesta con artistas plásticos, por otro lado, y con poetas y literatos que pintaron para sus programas o escribieron para las obras que se habían de interpretar. La Sinfónica de Bilbao ha sido, pues, una entidad clave en el desarrollo no sólo de la cultura musical, sino de la vida cultural del país. También ha sido un elemento decisivo en la configuración externa de una imagen del País Vasco como lugar en el que la música se ha cultivado de manera excelente.En el libro se muestra cómo la formación de esta orquesta obedecía a un plan que era lo más avanzado hasta entonces en la organización de una industria cultural de la música en todo el Estado. Sus promotores tenían intención de que sirviera de punto de referencia de la vida cultural local, para lo que confluían, entonces, varios factores:—La existencia en Bilbao de una burguesía culta e ilustrada, rica y ambiciosa, que quería que en "su" ciudad se pudiera disponer de los mejores medios artísticos para conseguir experiencias estéticas de elevada calidad,—La decisión de contar con los medios de la propia ciudad, dejando de depender de compañías ambulantes y agentes externos para disponer de música en vivo, y manifestando así la propia autonomía en la organización de la vida cultural,—Un consenso social sobre la idea de que la música sinfónica podía servir también para elevar la cultura de las clases populares y dignificar sus formas de vida,—Un director carismático, de carácter emprendedor y enérgico, y formado en París —una ciudad donde la música sinfónica gozaba de alta estima, y hasta se permitía generar un excedente de músicos de primera línea como él,—Un número elevado de músicos profesionales que actuaban de modo puntual en diferentes teatros y locales de Bilbao, y que vieron en la idea de una orquesta sinfónica la posibilidad de cohesionar su gremio, regularizar sus ingresos, y alcanzar niveles más elevados en sus prestaciones profesionales,—Un cariño de la población, en general, hacia esos músicos que les acompañaban en los momentos más significados de su vida, tanto en público como en privado: manifestaciones políticas, fiestas locales, teatro, bailes, cafés, reuniones familiares, etc.Las conexiones de esta agrupación con el mundo administrativo, con la educación, con las empresas de ocio y con "el mundillo" artístico, la colocaron desde el momento de su fundación en una encrucijada en la que se reunían todas las fuerzas vivas de su entorno. Su papel pionero continuó a lo largo de la etapa en que la orquesta fue municipalizada, tras la Guerra Civil. Posteriormente, la orquesta vivió años difíciles, sobre todo en la etapa final del franquismo, cuando este papel emprendedor y renovador desapareció, ahogado por otros problemas más acuciantes y por la falta de técnicos que pudieran orientar correctamente sus objetivos. Cuando las instituciones municipal y provincial asumieron un papel dirigente, hubo que hacer un gran esfuerzo para recuperar el tiempo perdido, y volver a ocupar una posición significativa en el panorama de la promoción y difusión cultural. Así, se replanteó el organigrama, se reformó la plantilla, y se logró una sede estable, con locales adecuados para la envergadura de un conjunto musical de sus dimensiones y su patrimonio acumulado.Los autores destacan desde el principio el carácter ciudadano de este tipo de entidad musical. De este modo, reivindican el lugar central que las orquestas sinfónicas han ocupado acompañando los momentos de ocio de las poblaciones urbanas. También resaltan el hecho de que el nacimiento de las orquestas está ligado al desarrollo demográfico, al auge en los niveles de vida, y a la búsqueda de unos horizontes estéticos que sólo se dan, juntos, en los grandes conglomerados de población. Efectivamente, son las fuerzas de esas concentraciones humanas las que han creado, dentro y fuera de nuestro país, ese formidable instrumento musical que es una orquesta sinfónica. Su posterior mantenimiento y las nuevas políticas de difusión que los contextos actuales imponen a estos grandes conjuntos instrumentales no pueden olvidar estos orígenes, de los que derivan la complejidad técnica de sus prestaciones, su gran tamaño, y la envergadura de su trabajo.Para la elaboración del libro se ha contado con la colaboración de varios especialistas, todos externos a la propia entidad, con la intención de que sus valoraciones fueran completamente objetivas. Se han realizado entrevistas también a antiguos músicos jubilados de la entidad, así como a personas que intervinieron en su gestión en tiempos pasados. Esto ha permitido incluir interesantes anécdotas y datos que no constan en las fuentes escritas conservadas. Este trabajo de historia oral se completa con una novedosa aportación fotográfica, en muchos casos inédita, que se ha integrado en el texto como fuente documental de la misma calidad que las partes escritas. El diseño del libro, debido a la empresa Ikeder, ha sido realizado con gran minuciosidad, de manera que la presentación visual del libro favoreciera la comprensión de los contenidos y permitiera disponer, al mismo tiempo, de un objeto bello y hermoso por sí mismo.Especial interés merece la presentación de un análisis estadístico de las programaciones de la orquesta. Con esto, la OSB aporta a los medios musicales y culturales del país un instrumento que permite conocer "el tono" de la marcha general de la música sinfónica y de los conciertos clásicos en nuestro país. Esto se ha realizado a partir de la tabla completa de sus conciertos, desde 1922 hasta hoy, que se presenta en el segundo volumen del libro. Ninguna otra orquesta de esta Comunidad Autónoma ni del Estado, y muy pocas en el resto del mundo, disponen de un trabajo de este tipo, donde se reseñan en forma gráfica "las músicas" que se han tocado, con mención de las fechas, los lugares, los dedicatarios, y las ocasiones.Este estudio estadístico ha permitido diseccionar los más de 2.500 programas montados por la orquesta en esos 80 años, con las 2.483 obras diferentes que se han tocado. Esta cifra, en una orquesta veterana, es muy difícil de alcanzar, y demuestra la voluntad de servicio al progreso musical que se marcó desde los orígenes esta entidad. Efectivamente, la rotación de sus programas ha buscado siempre favorecer la presentación de las últimas novedades, ya que la media es de casi una obra nueva por concierto.En este estudio estadístico se pueden comprobar otras cifras, como la media de 110 piezas tocadas por año, los estilos favoritos del público año por año, el cambio del gusto musical desde las obras descriptivas de los primeros años hacia lo que se denomina "música absoluta" en la actualidad, el interés progresivamente desarrollado por obras más largas, los estrenos, y el apoyo a la creación de obras de autores vascos.Otro factor que se puede observar en este análisis estadístico es el papel estructurador que han jugado en las ocho décadas entre 1922 y 2003 los diferentes sistemas de fidelización del público que la orquesta ha utilizado. El sistema de abono, que asegura un público constante aunque lleva como contrapeso la proyección de una imagen de la orquesta como "club" restringido, da a las temporadas anuales un papel central, pero la orquesta nunca se limitó a él, y mantuvo también otros públicos, en una política que hoy se revela la más adecuada para multiplicar su presencia social.Es también interesante observar los diferentes protagonismos que la orquesta ha mantenido, cuando actuaba sola, y las diferentes formas de cesión de ese protagonismo que ha adoptado, cuando compartía el cartel con solistas, coros, y otros artistas. De hecho, se observa claramente cómo la política de colaboraciones y la brillantez del espectáculo sinfónico depende de factores externos tales como la coyuntura, las colaboraciones locales (coros, sobre todo) y, naturalmente, los presupuestos anuales.En cuanto al repertorio interpretado por la BOS, las tablas de sus programaciones reflejan claramente las líneas de evolución de los gustos musicales del siglo XX, demostrando que el mundo sinfónico, a pesar de su aparente hieratismo, es muy receptivo a los cambios.

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