España - Madrid

¡Imponente tarea!

Juan Krakenberger
jueves, 12 de febrero de 2004
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Madrid, viernes, 6 de febrero de 2004. Auditorio Nacional, Sala de Cámara. Ensemble Zefiro. 'Octeto para vientos en mi bemol mayor' op 103 de Vicente Martín y Soler. 'Serenata en si bemol mayor' K 361 'Gran Partita' de Wolfgang Amadeus Mozart. XII Liceo de Cámara. Ciclo 'Viena, Punto de Encuentro'. Asistencia: 98%
0,0001464 Este concierto, dentro del ciclo 'Viena, Punto de Encuentro' merece destacarse por haber sido diferente, tanto en presentación como en contenido, y resultó por lo tanto del máximo interés. ¿Cuando tenemos la ocasión de oír a trece excelentes músicos -doce de vientos y un contrabajo- hacer música de cámara, sin director, incluyendo en el programa una de las obras más emblemáticas de Mozart, esa Gran Partita?El Ensemble Zefiro consta de dos oboes, dos clarinetes, dos corni di bassetto, 4 trompas (por cierto, naturales, sin válvulas) dos fagotes, y un contrabajo. Alfredo Bernardini, el primer oboe, da las entradas y alguna indicación cuando hay alguna fermata, con su cabeza, y cuando le toca, Lorenzo Coppola, el primer clarinete, hace lo propio. Y el resto, la cohesión, la afinación, el fraseo, es fruto de un trabajo de amor y dedicación. Y, lo más importante, se trata de instrumentos de época, que suenan menos fuerte que los modernos, pero de los cuales se les puede sacar una sonoridad maravillosa que a mí, personalmente, me emociona mucho.El Octeto op 103 de Vicente Martin y Soler es un 'divertimento' basado en temas de la ópera Una Cosa Rara de 1795, que tuvo, en su día, enorme éxito. Más éxito que las óperas del propio Mozart. Escuchando este breve Octeto nos damos cuenta inmediatamente que el material musical es sencillo, simple, sin complicaciones, y llegamos a la conclusión que en esa época tampoco no había nada escrito sobre gustos: no ha cambiado nada en estos tres siglos, y el gusto del gran público sigue siendo tan malo como siempre. Porque de estos 4 movimientos, 'Allegro', 'Andante sostenuto', 'Allegro' y 'Cotillon y Trío' no destaca ninguna melodía genial, o algo que llame la atención. Se trata de música de muy fácil asimilación, y si -con la ayuda de Da Ponte- la acción del libreto tenía su atractivo, ya estaba: un 'Musical' al gusto de entonces. Menos mal que todo no duró mucho más que un cuarto de hora.Ante los aplausos, los músicos italianos pusieron inmediatamente en escena una pequeña demostración de como se amenizaban los 'salones' de la gente adinerada de la época: tras unas palabras de Bernardini explicando como esos grupos de viento suplían entonces el equipo de alta fidelidad de nuestros días, entonando las melodías más populares para deleite de sus patronos, y sin poder terminar su exposición (en excelente castellano, por cierto) ya comenzaron a entonar un conocido tema de Mozart, alrededor del cual se tejieron variaciones. Cinco músicos se apartaron y subieron a los pequeños balcones que rodean el órgano de la sala, y desde allí le hicieron la competencia al grupo apostado sobre el escenario. Una improvisada mise en scéne, muy de acuerdo con la época de la música y de sus costumbres: deleitar al respetable. Todas las versiones muy correctas, de sonido agradable y limpio.Lo importante del concierto fue, desde luego, la interpretación de la Gran Partita K-361/370a de Mozart, para mí una de las obras instrumentales más geniales del austríaco. Se trata en efecto de una obra monumental, de siete movimientos, incluyendo dos 'menuetos' con sendos tríos dobles, un tema con variaciones (6° movto.) y en el tercer lugar, un Adagio, como hay pocos en toda la literatura clásica, sin una forma definida, pero con sonoridades sobre un obstinado bajo ( dádá-darádá ) que acompaña algunas excursiones vistosas solistas de diferentes instrumentos que se alternan. "Puro sonido", como diría Alfred Einstein en su libro sobre Mozart.Los dos pares de trompas naturales, que en algún momento deben cambiar el aro de la nota base, y que tienen asignados pausas para que puedan sacar la humedad acumulada de sus instrumentos -¡hasta eso había que prever en la época!- con lo cual estaban plenamente ocupados, aún cuando no tocaban, eran diferentes: un par algo más pequeño que el otro, para las diferentes tesituras que tenían asignados. ¡Qué precioso sonido, algo ronco, que producen estas trompas naturales!En esta obra todos los instrumentos tienen pasajes solistas -el 'Trío 1' del primer Menuetto está escrito para dos clarinetes y dos corni di basetto y suena glorioso- y hubo una demostración de seriedad y buen quehacer digno de envidia por parte de todos y cada uno. Pocas veces he gozado tanto de una sonoridad sin par, de una riqueza tan impactante: Mozart era realmente un genio, inventando esta música que en aquella época pasaba por popular, pero que no lo es ni mucho menos.Después de 45 minutos de gloriosa música, esto se terminó con ese 'Finale Rondó (Molto Allegro)' que suena a fin de fiesta, bullicioso y extrovertido. El público estaba encantado. Habíamos pasado un buen rato, oímos música de primerísima calidad tocada impecablemente por estos trece músicos italianos que se lucieron y nos proporcionaron estos momentos de auténtico placer. Muchos bravos y aplausos, y los correspondientes saludos de los trece integrantes de Zefiro, buen nombre para un conjunto de vientos.Nos regalaron otro arreglo contemporáneo de un tema de la ópera Don Giovanni de Mozart, como despedida.Idea feliz del Liceo de Cámara de incluir este programa en su ciclo sobre Viena. Si esto fue como todo empezó hace 300 años, no nos debemos sorprender sobre la evolución más tarde. Emular a Mozart, o tratar de superarlo: ¡imponente tarea!
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